Departamento

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Departamento

Mensaje por James Lockwood el Miér Abr 17, 2013 11:09 pm

- Departamento Lockwood -

Spoiler:
Fachada


Piscina


Puerta de entrada


Hall de entrada


Pasillo


Plano


Cocina


Comedor


Living room


Estudio


Habitacion de James


Baño de James


Habitacion de huespedes
(De Asdis)


Baño de huespedes


Cuenta tambien con un pequeño balcón, al que se accede desde una puerta de vidrio en el living room, desde el cual se puede apreciar la ciudad.
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James Lockwood
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Re: Departamento

Mensaje por James Lockwood el Miér Abr 17, 2013 11:20 pm

Para su buena fortuna, a esa hora no había tanto tránsito como en la mañana. No hacia el lado en el que iban al menos. En cambio hacia el otro lado, los autos se encontraban embotellados y parecía que se quedaria allí por un buen rato. Esos se dirigían al centro de la ciudad, y el departamento de James quedaba en las afueras, donde las rentas eran mucho más economicas.

A pesar de eso, podía decirse que era un barrio agradable, aunque nada comparado con lo que estaba acostumbrado. El cambio de paisaje era notable, incluso allí. A medida que se acercaban, los edificios de la ciudad comenzaron a hacerse menos frecuentes, notandose algunas casas bajas y algo mas humildes, entre unos pocos edificios. Uno de esos era el que él -y ahora Asdis- habitaban. Nada lujoso a simple vista, pero era aceptable, y hasta tenía una piscina. Pero sobre todo, era lo maximo que podía pagar.

- Aquí es. - Anunció la llegada, y una vez que ella también se bajó, aparcó la motocicleta cerca de un poste de luz, pasandole la cadena para asegurarse de que no se la robaran. De cualquier forma, el encargado de seguridad siempre se encargaba de vigilarsela, solo por si acaso. - Buenas noches, Rick. - Le saludó una vez que habían atravesado la puerta de entrada. Rick -o Richard- era un sujeto de mediana estatura, con quizás 50 años, no estaba seguro pues jamás se lo había preguntado, pero su blanco cabello no le hacía parecer mas joven que eso. Desde que se había mudado allí, había sido realmente comprensivo con la situación economica de James, perdonandole más de una vez los retrasos a sus pagos de la renta.

-Ah, James, recibiste correo por la tarde. - Le informó, y fue detras de su escritorio, donde había guardado el sobre. Al entregarselo, no pudo evitar fijar su mirada en la dama que lo acompañaba, y sonrió a la par que negaba con la cabeza. James sabía a la perfección lo que Rick estaba pensando: "Te vi salir del departamento con una mujer por la mañana, y ya andas con otra. Tú no paras nunca, ¿Cierto?" Por supuesto que James le devolvió aquella sonrisa. No, él no paraba. Acostarse con cuanta mujer se encontrara era uno de los vicios que había adquirido tambien.

Una vez que le hubo agradecido por entregarle el sobre, se despidió del hombre y miró por sobre su hombro a Asdis, como indicándole que ya seguirían camino. Se adentraron en el ascensor y subieron hasta el cuarto piso, donde se encontraba el apartamento numero 20. - Hogar, dulce hogar ~ - Comentó luego de abrir la puerta, habiendolo dicho más para sí mismo que para ella, dado que no había estado ahí desde la mañana. Había tenido un día agotador.

Como si fuera mas importante que cualquier otra cosa, abrió el sobre con cierta esperanza, misma que no se esfumó al ver los varios billetes que este contenía dentro. Era su paga, y era más de lo que hubiera esperado. Sus ojos casi que brillaron de la emoción. Por fin podría saldar todas sus deudas. Esta vez no la apostaría; no podía arriesgarse a perder mas dinero.

Como estaba desacostumbrado a tener horarios de trabajo y aún más, a recibir ordenes de alguien, James no tenía un trabajo fijo, aunque se llamaba a si mismo escritor. Sobrevivía de realizar pequeños trabajos para revistas locales, escribiendo uno que otro artículo periodistico de interés general, nada demasiado elaborado. No tenía realmente inspiración, ni mucho menos algo que se la brindara, por lo que no aspiraba a nada más que eso, siempre y cuando le trajera dinero.

-¿Te gustaría que te diera un tour? - Le preguntó ya con otro humor, uno mas alegre quizás, debido al sobre que había recibido. El departamento no era muy grande, pero se tomó la molestia de mostrarle todas las habitaciones, haciendole una aclaración una vez que llegaron a su estudio. - Lo siento, pero cierro esta habitación con llave y no puedes entrar. - Finalmente, le enseñó su habitación y la propia, las cuales estaban separadas unicamente por un estrecho pasillo, y las puertas de ambas estaban enfrentadas. - Espero que tu habitación sea de tu agrado; sientete libre de revisarla por completo y hacer de ella lo que te plazca. Es tuya despues de todo. -

Se apoyó en el marco de la puerta. - Te gusta el sushi ¿verdad? - Asumió, dado que a los gatos les gusta el pescado. - Ordenaré sushi, y tu y yo cenaremos juntos ¿Qué te parece? Creo que merezco al menos que me concedas una cena ¿O no? - Dijo, como si no quisiera darle chances de rechazar su oferta. - Además, tengo muchas ganas de conocer más a la mujer con la compartiré mi departamento. -
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Re: Departamento

Mensaje por Asdis el Miér Abr 17, 2013 11:36 pm

Ni bien descendiera de la moto tras aquel trayecto que realmente le dejó ansiosa de salir más a menudo por la adrenalina de la que fue testigo, la felina joven se estiró un poco cual acto propio de su raza; siguiendo luego, los pasos de su amo con un porte algo elegante para ella. Elevó la mirada al cielo con algo de duda "Oh... está casi llena" miró la espalda de su amo sonriendo con ligereza al tiempo que entrecerraba sus orbes con un dejo muy leve de fastidio "Ahora puedo darle más razones a mi actitud". No se separó tanto de él, pero mantuvo su distancia en conjunto con su ego felino que bien era acentuado por el dato que ella ya había captado. Ni bien atravesaran el umbral, la presencia de un hombre mayor llamó su mirada en completa curiosidad.

La charla, las miradas; lo dejó todo de lado mientras observaba la iluminación del medianamente amplio y liso recibidor, el color le llamaba la atención gatuna que trataba de controlar. Se apegó más a su amo, dando un dejo de lástima que realmente no expresaba lo que sentía; miró al anciano poco antes de que el alto joven siguiera el camino, dedicándole una sonrisa al mismo "Buenas noches" fue lo que llegó a regalarle poco antes de seguir a James a través del corredor y hacia el cuarto piso, donde una puerta numerada con un veinte, fue la que les permitió el paso.

Era un agradable lugar; cálido, hogareño, de tonalidades bastante amenas y mullido... especialmente mullido, aquello despertó su interés. Se mantuvo muy callada, demasiado, ante las observaciones que él diera respecto a todo el lugar; el cuarto cerrado con llave le llamó la atención más que nada ¿Por qué debía ser tan curiosa? Dirigió su mirada hacia ambas habitaciones, prefiriendo honestamente la de él por la carencia de ese color frío como lo era el verde, pero aún así intrigada por la peculiar alfombra que asemejaba grama, misma a la cual no le pensó dos veces para darle una caricia. Tras escuchar las palabras de él, de no ser porque estaba alerta, hubiese dado un brinco de alegría como el que actualmente daba ella misma en su mente; mirando pez crudo en todo su esplendor; entero, fileteado, troceado y luego enrollado en laminas de alga con arroz. La boca se le hizo agua sin más.

Se levantó y le dedicó una mirada de soslayo, llegando a sonreír nuevamente con la ligereza de burla que demostrara antes, únicamente por la frase que incluía la palabra conceder. Se acercó lentamente hasta él, guardando su distancia cual gata educada, elevando uno a uno sus pies para quitar sus zapatos; deteniéndose un momento para retirar las medias negras inclinándose un poco, tomando seguidamente su pose anterior.

- Tiene usted razón. Al menos he de concederle un poco de mi presencia, ¿No es así, querido amo? -indagó acercándose hasta él de tal forma de acorralarle sutilmente contra el marco al recostarse un poco de él, tan solo para luego salir y caminar por el pasillo con los pies y piernas desnudos hasta una tercera parte del muslo por el camisón blanco tejido que llevaba.

Llegó hasta lo que sería la sala de estar y se acomodó en uno de los sofás, guardando de elevar sus pies en el mismo. Miró hacia atrás, a lo que sería el pasillo, esperando de ver la figura del castaño llegar hasta allá; a lo que le miró expectante para ver qué sucedería a continuación, no sabía aún qué reacciones tomar con respecto del joven para que no se acercara mucho a lo que confería su ambiente personal, pero de una cosa si estaba segura; ni bien se acercara demasiado, le clavaría sus garras.

- Si me permites, una de las elecciones que vayas a pedir, agradecería que fuera tempura -comentó desde su posición, que de no ser porque carecía de ella, seguramente sugeriría que su cola se moviera al menos en la punta- ¿No soy la primera en venir para acá, o me equivoco? -indagó siguiéndole con sus rosados orbes en alusión a la mirada que recibiera del anciano hombre, minutos atrás- ¿Por qué no me cuentas de algunos de aquellos números rosados que tienes a la mano, Lockwood? -inquirió sin darse de rodeos, tan solo por ver cómo calmaba la situación de alguna forma.

Se colocó entonces de pie, acercándose a la mesa del comedor, pasando un par de dedos sobre ella y reposándolos allí, aguardando por la atención de aquel joven. Así como quizá, alguna respuesta para sus intrusas indagaciones.

- ¿Tendrás algo de tomar? Tengo mucho que no siento humedad en mis labios -atinó desviando un poco la mirada, conociendo esa actitud; se estaba pasando de la raya en aquellos días, las noches de estaban volviendo cada vez menos soportables.
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Re: Departamento

Mensaje por James Lockwood el Miér Abr 17, 2013 11:39 pm

La siguio de regreso a la sala, a la vez que respondía a su propuesta. - Tempura, claro, lo que tu quieras. - Sacó su celular del bolsillo de su jean, y buscó el número del delivery de Sushi, perdido entre tantos otros pertenecientes a mujeres con las que se había acostado. Era como encontrar una aguja en un pajar.

Desde la situación que se había dado en la habitación, no podía evitar la sonrisa de victoria que se dibujaba en su rostro. Había ganado ¿Cierto? Ella se le había insinuado sutilmente con aquella actitud, no había duda de eso. El acercarse a él de esa manera no era realmente necesario si lo unico que hubiera pretendido hacer fuera que se apartara de la puerta.

No le sorprendía. Quizás tenía menos suerte cuando de juegos de azar se trataba, pero no con las mujeres. A la larga, él siempre ganaba. Es que se le hacía tan facil... Bastaba unicamente con ser encantador y adularlas, o convertirse en todo aquello que su presa hubiera anhelado durante toda su vida, para que se lo creyeran y terminaran acostadas con él, terminando posteriormente con el corazón roto en desilusión. No era como si le importaran los sentimientos, despues de todo.

Su inesperada pregunta lo hizo detenerse antes de apretar el boton verde de su celular, que iniciaría la llamada. La miró con cierta curiosidad, entrecerrando levemente la mirada como si buscara comprender la intención detrás de esa pregunta. Quizás aún no había ganado del todo. -No tengo idea de a qué te refieres. - Fingió su mejor sonrisa; una que pretendía ser sincera y hasta inocente. - Para serte honesto, no soy de esos hombres que acostumbran a salir con mujeres todo el tiempo... Soy mas bien del tipo tímido. - Pretendió encogerse de hombros levemente, queriendo dar esa imagen que pintaba. - Puedo disimularlo, pero incluso simplemente estar cerca tuyo me pone algo nervioso. - Ah, debería ganarse un oscar por su actuación.

-Ahora, si me disculpas. - Pasó a utilizar el telefono, haciendo un pedido variado de sushi, sin tener que medirse ya que tenía dinero de sobra para una comida como esa. Mientras hablaba con el joven detrás del telefono, no perdía de vista a la inquieta gata, que una vez más se había puesto de pie y acercado a la mesa. - Claro, enseguida te traeré algo. - Le respondió al tiempo que apagaba su celular y volvía a guardarlo.

Se dirigió al refrigerador y sacó de allí un ya abierto vino tinto, sirviendolo en dos copas de vidrio. No había mucho más que ofrecerle; debía hacer las compras del mes aún. Otras opciones podrían haber sido agua, o bebidas alcoholicas más fuertes, pero ninguna de esas parecía aceptable por ahora. No quería que pensara que pretendía emborracharla, y el agua del grifo no se veía bien. Además, a pesar de que no era tan costoso como los que solía consumir en su pais de origen, ciertamente era un buen vino.

Entregándole su copa, alzó la propia ligeramente en el aire. -Brindemos. - Propuso. - Por... el destino. - Y sin esperar su aprobación, juntó apenas su copa con la de ella, dejando que el sonido del choque resonara por el repentino silencio que se había generado en la sala mientras bebía parte del contenido de su copa. - Creo que es mi turno de hacer las preguntas ahora. - Dejó la copa sobre la mesa.

- ¿Cómo es que una linda gatita termina en un lugar tan impropio de ella, como esa fabrica abandonada? - Inquirió con verdadera curiosidad, saliendose quizás un poco de aquel personaje que le presentaba. A pesar de que había dicho ser tímido, y sentirse nervioso con la cercanía, era él quien luego de aquel brindis se había acercado más y más a ella, posando una mano sobre la mesa, encerrándola a medias contra la misma. Soltó una pequeña risa. - A poco debes estar agradecida conmigo... por haberte sacado de allí. - En algunas ocasiones, no podía simplemente refrenar su personalidad altanera y orgullosa, creyéndose el dueño del mundo. - Quien sabe las horribles cosas que podrían haberte obligado a hacer... - La mano sobre la que no se apoyaba en la mesa rozó "casualmente" el muslo semi desnudo de la joven.

- Pero no te preocupes, no es como si fuera a pedirte algo a cambio ni nada por el estilo. - Dejó de lado lo supestamente accidental del primer roce, pasando sutilmente la yema de sus dedos por la cara interna de su muslo, apenas por encima de la rodilla, pero ascendiendo muy lentamente. - Solo quizás... - Rompió aún más la distancia. - pasar un buen rato juntos. - Terminó de decir, con tono sugerente, mientras su mano había alcanzado la tela que cubría la parte mas alta de sus muslos, sin intención alguna de detenerse allí.


Última edición por James Lockwood el Jue Mar 03, 2016 2:03 am, editado 1 vez
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Re: Departamento

Mensaje por Asdis el Miér Abr 17, 2013 11:41 pm

Inocente. Ella rió por lo bajo, chasqueando ligeramente su lengua al verle desaparecer por la cocina ¿realmente creía que ella era así de ilusa? Sonrió con mayor deleite, no era mala idea después de todo. Aguardó su regreso tratando de admirar la habitación; realmente le agradaban esas tonalidades tan cálidas, muy a pesar de que el ambiente se tornaba demasiado íntimo para su gusto, ya que odiaba que se inmiscuyeran en su vida. No tardó pues en volver con una copa que a leguas pudo apreciar de olor dulce, más no esperaba haberse errado tanto en cuanto a la naturaleza de la misma. Vino; uno de los licores más antiguos del planeta.

Al notar aquel tipo de bebida se alertó internamente, aunque no lo mostró en cara; no esperaba perder la consciencia tan pronto. Aceptó el brebaje con la zurda sin quitar la mirada del tinto líquido que bailaba ligeramente en su prisión de cristal; vino el brindis, y la gata no dudó en entrecerrar con ligereza la mirada para beber solo un sorbo, pasando a no apartar la mirada de lo que se presentaría como un ¿Acosador?

Desde el momento en que él le rozara, no dudo en mirarle con otros ojos, casi sintió que sus bellos se erizaban en pos de defensa; hasta se previno de expresar una amenaza en siseo con aquello. No se movió, no era tan tonta como para cortarle el juego de esa manera, pero ciertamente tuvo que pensarlo un poco mucho para su gusto, una manera limpia de pasar a tomar el dominio del rol. Estudio sus movimientos, que no tenían mucho que estudiar mientras dejaba la copa en la mesa y se apoyaba sutilmente con ambas manos al borde. Sonrió con algo de picardía ante sus propuestas, antes de elevarse de forma ágil, rápida y silente, casi en movimientos de seda propios de su raza, para quedar sentada sobre la mesa y luego cruzar la pierna que él tocara, sobre la contraria; impartiendo algo de lejanía entre ambos.

- La bajeza de la humanidad carece de límites, por lo que se me permite apreciar -sentenció apoyando una mano en la mesa poco más atrás de su espalda, mientras tomaba la copa con la mano libre permitiéndose un sorbo del licor; dejando la misma nuevamente reposar sobre la mesa tras unos segundos y pasando a entrecerrar sus rosáceos orbes hacia él con un dejo de sonrisa en una de sus comisuras- ¿Agradecerte? -dejó de apoyarse sobre la mesa para inclinarse hacia él y posar ligeramente sus muñecas a la altura de su cuello- No creo que amerite agradecimiento terminar medianamente en libertad -musitó, con un tono suave y aterciopelado, insinuante en toda regla a pesar del contexto de sus palabras; mas usó el hecho solo para centrar su atención en la parte superior de ella.

Un gato es capaz de pasar por cualquier lugar por donde entre su cabeza. Se las arreglo para liberarse por el lado donde la mano de él no se apoyaba en la mesa y se dirigió hacia la sala nuevamente, sentándose con delicadeza en uno de los sillones. Sabía que estaba jugando con fuego, más aún sabía que no estaba controlando del todo bien la influencia lunar que tanto la descontrolaba; por segundos creyó que le mejor solución sería quedar inconsciente, pero estando con aquel hombre, era preferible que no... Debía buscar las maneras de marcar las pautas de su terreno.

- No tiene relevancia el conocer mis orígenes, no para alguien de su... -se jactó de darle una rápida ojeada de pies a cabeza, casi con desdén altanero "calaña"- estatus. Sería meramente decorativo y poco llamativo para usted, si me permite las reservas de tales datos -comentó dejándose relajar un poco en el sofá, nuevamente cruzando sus piernas como leve medida de precaución.

La joven buscó mirar entonces el techo, algo aburrida de tener que aguardar tanto para la llegada del pedido. No pudo evitar alertarse al notar cierta cercanía de su acompañante, pero no todo estaba mal previsto para entonces; un sonido algo aturdidor para ella se escuchó llegar desde un aparato pequeño apostado en la puerta de entrada, a lo que supuso ella que debía de ser una especie de timbre o llamado que en cierta forma la despertó... ¡Comida! Aguardó paciente e impaciente, observando los movimientos del joven; quería aquello por dos razones importantes: se moría de hambre, y era la excusa perfecta para tenerle alejado un buen rato. Luego de esperar un rato se oyeron golpes en la puerta; desde su posición pudo apreciar a un muchacho joven, con una chaqueta gruesa que supuso era para el frio nocturno que debía de hacer a esas horas. Asdis se colocó en pie para acercarse hasta la mesa, olvidando por completo el hecho de que previamente le incomodara la cercanía de él, mas guardando sus distancias.

- ¿Puedo ayudarle en algo? -se ofreció, no pudiendo alejar su mirada de las bolsas que ahora se encontraban dentro del departamento.
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Re: Departamento

Mensaje por James Lockwood el Miér Abr 17, 2013 11:42 pm

Se había hecho ligeramente hacia adelante, con intenciones de besarla, como un mero acto introductorio a lo que seguiría en la habitación, pero lo tomó por sorpresa aquel tan astuto y grácil movimiento por el cual lo eludió, ingeniándoselas para pasar por el hueco entre su cuerpo y la mesa. No pudo evitar sonreír, y apoyó ambas manos sobre la mesa, mirándola por encima de su hombro.

- Oh, no veo motivo por el cual debieras desmerecer tus orígenes de esa forma... - Se volteó, y se acercó al sofá por detrás, apoyando sus brazos sobre el respaldo del mismo, a un lado de ella, y se inclinó levemente hacia adelante para quedar a su altura. - ¿Por qué no dejas que sea yo quien decida qué es llamativo o no para mi? - Se arrimó un tanto más hasta su oreja, como si pretendiera decir algo más, pero justo en ese momento el timbre sonó.

Luego de haber respondido el intercomunicador, abrió con un botón la puerta de abajo y el repartidor subió, entregándole unas bolsas posterior a recibir el dinero de parte de James. Notó enseguida la cercanía de la gata, limitándose a verla de reojo mientras revolvía las bolsas comprobando que estuviese todo lo que había ordenado. Aún podría alcanzar al repartidor si algo faltaba; no se permitía perder ni un centavo.

- ¿Con comida? ¿De verdad? - Soltó una pequeña risa antes de voltearse. - ¿Esa es la forma de conquistarte? - Se burló de ella, por la actitud tan predispuesta que mostraba a ayudarlo con tal de comer. - Yo me encargaré de esto, tú puedes preparar la mesa si quieres. - Señaló la pequeña mesa que se encontraba entre los sofás. - Comeremos allí, para darle el toque oriental que merece la comida. Solo procura tomar dos almohadones y disponerlos uno a cada punta en el suelo. - Le pidió de buena gana, sin pretender sonar imperativo.

Colocó cada pieza ordenadamente sobre una tabla de madera y encendió una vela previamente utilizada en otras cenas con otras mujeres, como si no tuviese dinero para usar una nueva en cada visita femenina. Llevó todo a la pequeña mesa, incluyendo las copas que habían utilizado para el brindis y una jarra de agua por si ella gustaba de tomar algo más que vino.

Como si ambos estuviesen realmente hambrientos, el silencio reinó por unos minutos mientras comían. Lo unico que se oía era la lenta música de blues que James había puesto, como si aún quisiese generar un ambiente íntimo entre ambos a pesar de la clara negativa de la gata. No se rendía tan facilmente.

- ¿Ahora sí estás dispuesta a saciar mi curiosidad? - Preguntó, como si el hecho de haber comido debiera cambiar algo en la actitud de ella. De cualquier forma, antes de dejarla responder, continuó: - ¿Qué te parece si soy yo quien te cuento algo de mis orígenes? - Propuso, aunque claro no pretendía ser lo suficientemente explícito al respecto. Había varias cosas respecto de su vida que no planeaba decirle. Tenía una imagen que debía mantener.

-Veamos... Nací en los Estados Unidos y viví allí toda mi vida, siendo el hijo único de una familia con un excelente porvenir. - De acuerdo, eso era cierto, pero le había hecho falta aclarar que prácticamente se había exiliado a sí mismo y no recibía ni un solo centavo de parte de sus padres, lo cual lo dejaba en la quiebra dado que no tenía empleo fijo. Tenía demasiado orgullo como para admitirle eso.

Normalmente, hubiera inventado cientos de mentiras para impresionar a la mujer que tuviera enfrente, sin importar cuan descabellado fuera lo que dijera. Había sido desde un domador de leones, hasta un agente secreto del gobierno. Incluso una vez una muy estúpida mujer le había creido que era un alienígena que había escogido a la mujer más bella de toda la tierra para procrear su especie.

Pero claro, este era un caso especial. Con esas mujeres no importaba lo que dijera, no volvería a llamarlas o verlas jamás. Asdis, por el otro lado, conviviría con él por un largo tiempo al menos, y no podía decir mentiras tan evidentes que descubriría con el correr de los días. No le permitiría recriminarle uno de sus mayores defectos, el cual era mentir. Debía ser cuidadoso.

- Pero sabes... luego de una vida llena de lujos, tuve deseos de saber cómo era ganarse la vida con esfuerzo, y es por eso que me alejé de mi hogar y decidí valerme por mi cuenta. - Era una mentira, claro, pero ¿Cómo iría ella a comprobarlo? Bajó la mirada, como si estuviese sintiendo sus propias palabras. - Vivir una vida como cualquier otro joven de mi edad, conseguir un empleo, hacer amigos y quizás... - Alzó la mirada hasta ella. - conocer una bella mujer, enamorarme y formar una familia. - Sus propias palabras le causaron nauseas. Despues de todo, aquello ultimo eran todos los sueños que se le habían roto en el pasado. Ya no deseaba nada de eso realmente.

- Es una lástima que dicha dama no me deje acercarme lo suficiente. - Comentó con cierta diversión pícara en su voz, y tomó un sorbo de vino. - Aunque ¿Sabes? Me resulta curioso como dices que ahora eres "medianamente libre" cuando en ningún momento te he puesto una correa o enjaulado en un rincón. Creo que tú y yo sabemos que podrías huir si quisieras, se supone que posees una agilidad superior a la mia. - Entrecerró la mirada, como si fuese una duda propia de él, y no de el personaje que se dignaba a montar. - ¿Por qué quedarte entonces? Si ser libre es lo que tanto deseas ¿Por qué no huir en cuanto pusiste un pie fuera de la fabrica abandonada? -
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Re: Departamento

Mensaje por Asdis el Mar Abr 23, 2013 9:36 pm

Hizo como él le dijera; realmente tenía hambre, y la habitación estaba impregnada en ese sutil aroma que la estaba volviendo completamente loca, hacía tanto que no comía pescado que ya hasta olvidaba cuanto lo adoraba. Colocó los almohadones y se quedó sentadita a aguardar la llegada de él con cierta impaciencia; su alerta felina se elevó al verle acercarse, casi pudo sentir sus orejitas orientadas hacia él cuando le sirviera. Comenzó a comer ni bien él se sentara con ella. Los sabores se mezclaban en su paladar de forma sublime y ella no pudo ocultar aquello en su rostro, que se denotaba complacido a más no poder; fue cuando escuchó su voz que la actitud de ella se volvió nuevamente distante, aunque curiosa por su ¿Disposición? Le miró atenta, parecía ser una conversación agradable.

Pero todo cambió cuando la nación del fuego atacó (?). Tuvo que contener la risa con un gran esfuerzo de su parte "¿Ganarse la vida, tener mujer y una familia? ¡Sí, claro!" ese hombre solo era un casanova más, tantos habían sido los de su alcurnia que conociera, y todos eran iguales, nenes mimados que solo buscaban mostrar su dinero a diestra y siniestra con cualquier cantidad de excusas materiales. Cambió la mirada cuando le preguntó acerca del porqué de su estadía ¿Es que no era obvio? Quizá era el nivel de moral que tenía el que le impedía verlo de otra manera; pudo reírse para sus adentros "¿Moral? Si tu eres una ladrona, por todos los cielos". Alcanzó el agua para beber un buen trago y luego colocó sus codos sobre la mesa, enlazando sus dedos y su barbilla en ellos, con una sonrisa divertida.

- ¿Entonces el niñito mimado carece de moral? -indagó apoyando ahora su mejilla en la mano izquierda- El contrato dice que estoy bajo tu cuidado por haberme comprado, tuya para alimentarme, tuya para cubrir mis necesidades; tú, responsabilidad -hurgó un tanto la comida tomando otro roll y llevándolo a sus labios, masticando y tragando- ¿Cómo crees que una gata que sabe lo que es ganarse la comida de la forma más cruel, no apreciaría cuando la vida le da alguien para cubrir con todo el costo? Si, una aprovechada e interesada quizá, pero más que todo es por el acto de gastar dinero por mi; no me gusta que se malgaste y derroche dinero como hacen aquellos de tu misma cuna -comentó ya con la mirada desviada, en un punto de la habitación, sin interés en seguir hablando.

Suspiró. Recodar los golpes que le dio la vida no era realmente lo que a ella le llamaba más la atención; era duro, tonto, era el pasado. Se mordió el labio inferior, si seguía con esa melancolía terminaría pidiendo más alcohol del que debía. Comió un poco más ahogando los recuerdos.

- Seamos realistas, de mi no conseguirás lo que seguramente otras tantas mujeres te dieron -se encogió de hombros- trata de desmentirlo, pero no soy ciega; por el contrario, soy bastante perceptiva -acotó pasando a tomar la copa de vino y beber un buen trago- debo callarme la boca -susurró para sí, sintiendo un suave calor recorrer su pecho hasta el estómago- gracias por la comida.

Se colocó en pie y pasó a sentarse en el sofá dejándose desplomar en el mismo con cansancio. Era de noche, normalmente estaría más activa, pero se había acostumbrado a los horarios gracias al asqueroso lugar de cual provenía: donde la noche debías descansarla encerrado para no encontrarte muerto a media mañana. Se cubrió los ojos con un brazo, dejando que el alcohol surtiera algo de efecto en sí misma; se despejó la mirada escrutando el techo.

- Debieron haberte traicionado fuertemente para ser un simple casanova, o solamente nacer lo bastante caprichoso como para creer que todo gira en torno a ti -esta vez su tono era distinto, no era altanero o seductor, mucho menos tajante o ajeno; era un pensamiento sincero, calmo y quizá pensado... después de todo, ambos habían sido traicionados por la vida.
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Re: Departamento

Mensaje por James Lockwood el Jue Mayo 16, 2013 8:33 pm

Elevó una ceja, incrédulo ante tanta honestidad de su parte al responder la pregunta, y sonrió de lado. - Oh, ¿Es decir que solo me estás utilizando para tu conveniencia? ¿Soy solo un techo y comida para ti? Que crueldad de tu parte ~ - Fingió ofenderse, sin borrar esa sonrisa socarrona de su rostro. En verdad no le importaba cuales fueran los motivos de ella para quedarse, o si solo lo hacía por aprovecharse. Despues de todo, él la utilizaría a ella, ¿cierto? Era una especide ojo por ojo inconciente de parte de la felina.

No pudo evitar soltar una pequeña risa ante su advertencia. Si supiera ella cuantas mujeres le habían dicho antes cosas como "Nunca conseguirás que me acueste contigo" o "Jamás sentiría algo por un hombre como tú" y luego acababan en su cama pidiendole más, o se volvían realmente insoportables exigiéndole afecto que él no podía darles. Nada le hacía creer que con esa felina sería diferente, pero no dijo nada y dejó pasar el comentario.

Una vez que ambos estuvieron satisfechos, tomó los platos y las pocas piezas de sushi que quedaban, guardando estas en el refrigerador y dejando los platos en el lavabo, remangándose la camisa y colocando detergente en la esponja para comenzar a lavarlos, suspirando resignado. Podría decirse que se habia acostumbrado a esa rutina de comer y lavar si no queria que la suciedad se acumulara en la casa.

No podía evitar preguntarse lo que pensarían sus "amigos" allá en Beverly Hills si se enteraban que él, James Francis Lockwood, lavaba todos los días los platos, o limpiaba la casa. Allá tenía una sirvienta para cada cosa, y jamás se habia ocupado de las tareas del hogar. De seguro se burlarían de él, pero... No importaba eso ¿cierto? Ya suficiente se habían burlado de él al esconderle las cosas. Dudaba que ninguno de ellos supiera que su novia lo engañaba.

Negó con la cabeza, alejando esos recuerdos. Todo eso pertenecía a su pasado, aquel que se había jurado olvidar. Él no era el mismo de antes, había cambiado, se había obligado a cambiar. Era una persona completamente diferente ahora, tanto que si volviera a Beverly Hills, cualquiera creería que se trataba de alguien increíblemente parecido a él, pero que no era él. Pero no tenía intenciones de regresar. ¿Para qué regresar a un lugar donde todos conocían la desgracia que había vivido? No... Jamás regresaría. Se quedaría en Kikens City, donde nadie sabía de su pasado y podía mentir todo lo que quisiera. Allí, él era quien rompía los corazones de las mujeres, y no al reves.

"Debieron haberte traicionado fuertemente para ser un simple casanova, o solamente nacer lo bastante caprichoso como para creer que todo gira en torno a ti"

Sintió esas palabras cual punzada en su pecho, y dejó el plato ruidosamente dentro del lavabo, apoyando ambas manos en el borde de la mesada. ¿Acaso esa gata sabía leer mentes? Era como si acabara de arrancar esa conclusión directo desde lo más profundo de sus pensamientos y ahora lo usara en su contra. No se lo permitiría, jamás admitiría eso, y mucho menos a ella quien viviría en el departamento con él por un tiempo.

- Te crees la gran cosa ¿Cierto? - Se acercó a ella, utilizando un tono ya no seductor o cortés, sino más bien altanero, que quizás tenía un dejo de agresividad. - Lamento que tu deducción sea incorrecta, mascota, pero nadie me ha traicionado. Ya te lo he dicho ¿cierto? Provengo de una familia adinerada, y efectivamente he nacido en cuna de oro. Llámame caprichoso, pero todo aquello que quiero, lo consigo, y eso incluye llevarte a mi cama. - Elevó una comisura de sus labios, en una media sonrisa confiada. - Oh, si, es cierto. No quiero una esposa ni una familia feliz, solo quiero meterla en cuanta mujer vea. - Confesó, de manera vulgar, deshaciendose de esa forma de la farsa de niño bueno que había intentado montar. - Y tu no serás la excepción. - Sentenció.

- Olvídate del trato que te dí hasta ahora; tu no eres mi semejante, eres una mascota y por ende actuarás como tal, acatando lo que yo te diga a partir de ahora. - Entrecerró la mirada. - Mañana temprano te quiero lista para salir. Iremos a comprarte ropa decente, no quiero que andes cerca mio con esa estúpida remera con la cara de un gato. Honestamente, madura. - Solto, despectivo. - Y si no te despiertas, te despertaré con un baldazo de agua fría. A los gatos les gusta el agua ¿Cierto? - Preguntó sarcástico. - Termina de lavar tu. - Le arrojó al rostro el trapo con el que estaba secando los platos, y pasó por un lado del sofá para volver a su habitación, vistiéndose rápidamente para dormir.

"Maldita... mascota." Fue el pensamiento que mas firmemente se presentaba en su mente antes de quedarse dormido y, a la mañana siguiente, fue la alarma de su celular lo que lo despertó. Tan rapido como su pereza se lo permitió, se dió una ducha y se vistió, sin siquiera molestarse en desayunar, pues solía saltearse comidas con tal de que los víveres le duraran más. Ya estaba listo, extrañamente a horario, y esa mascota aún no se aparecía por ahí. ¿En verdad tendría que despertarla con un baldazo de agua?


Última edición por James Lockwood el Jue Mar 03, 2016 2:06 am, editado 1 vez
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Re: Departamento

Mensaje por Asdis el Jue Mayo 16, 2013 10:35 pm

Bingo. Le miró mientras le dirigía la palabra; su mirada era fría por mucho, incluso sus pupilas podían apreciase tanto más delgadas que redondeadas. Todo lo que le dijo a primera no era ninguna sorpresa para ella, incluso el que se le notara así de alterado, lo delataba en su grave herida; "¿Traición? ¿Por una mujer? Eso no es traición", pensó. Pero ni bien comenzara a tratarla a las patadas, le tembló el parpado inferior de uno de sus ojos mientras inconscientemente mostraba sus colmillitos normales. Atajó el paño antes de que la rozara siquiera y arrugó el puño en la tela mientras él se iba; sin pensarlo dos veces rompió la tela con suma facilidad y arrojó el trapo lejos de si, encaminándose hacia la cocina, mas no para cumplir los mandados de su "amo".

Abrió la nevera a la primera, registrando vagamente y tomando una botella verdosa; la abrió con desespero, lanzando el corcho lejos para empinarse la botella sin más. Se puso a buscar descontrolada por todos los anaqueles que le pasaban por la nariz: abría, halaba, sacaba lo que encontraba dentro; hasta que lo halló. En la oscuridad de una alacena que rozaba el suelo, hacia el fondo, vio un par de botellas y las revisó una a una en grado alcohólico.

- 40.. 45.. 60 -tomó aquella última y la bebió sin siquiera revisar lo que era, sus mejillas estaban rojas ahora, y su mirada nublada. Soltó la botella vacía, cual se quebró sin más con el suelo, cortándole levemente las blancas y desnudas piernas. Una sonrisa maliciosa se jactó- ¿Tal es tu rabia que eres capaz de darme el poder por tanto tiempo? Ese grado alcohólico no se saldrá pronto de tu cuerpo -la nueva personalidad miró el lugar y elevó una ceja- yo, no arreglare eso -comentó despectiva mientras miraba sus ropas- y tu irás de compras conmigo... -comentó con una sonrisa algo macabra en su rostro.

Fue al cuarto y tomó las medias negras que su acompañante retirara, encaminándose por el pasillo hacia la sala. Se acercó a la ventana, colocándose al borde de la baranda y se lanzó. Fue cayendo de balcón en balcón hasta llegar al suelo, donde se colocó en pie con gracia; caminó en pos de alejarse del lugar, siendo precisa en lo que buscaba. Llegó a un boulevard con parsimonia, notándose al momento vigilada por varios ojos ajenos, especialmente por el de hombres que posiblemente la veían como una cualquiera. Oteó los rostros y cuerpos, acercándose hacia una mujer rubia que de lejos le sacó de quicio; se acercó con una sonrisa, usando su encanto nato al mirarla.

- Hola, lindura.

- Lárgate. No soy compañera de mujeres.

- ¿Oh? Pero yo no soy quien te quiere a la cama, mi amo si -la mujer le miró extrañada- Lockwood. Buenmozo, adinerado y realmente bueno en lo suyo -comentó rodeándola hasta alcanzar su oreja, retirando sus rubios rulos- te hará retorcerte de placer hasta que ya no puedas más, y aún entonces seguirá -la mujer pareció verse seducida, pues sonrió en complicidad.

- ¿Me llevarás con él? -Asdis ensanchó la sonrisa.

- Pero, claro. Estoy para servir -llevó a la mujer hacia una esquina y la acorraló contra la pared con una puntilla de cocina- Suelta toda la ropa, minina -la rubia le miró aterrada y furiosa- ¿Tartamudeé a caso?

Ahora caminaba con paso decisivo, un vestido negro que dejaba ver gran parte de su piel cubriendo lo necesario y una sonrisa altanera en labios "Perro viejo no aprende trucos nuevos" también podía aplicarse a las mañas, y la más grande de esta gatita: eran las joyas. Sonrió para sí frente a los anaqueles de una joyería. La noche se hizo larga o quizá muy corta para su pequeña treta y labor, estuvo toda la noche recorriendo toda clase de tiendas y tomando toda clase de productos que o bien le parecían llamativos o bien le sentaban demasiado bien a su figura. A la mañana siguiente despertó con un tremendo dolor de cabeza, parándose vagamente, para encontrar su cuarto lleno de toda clase de ropas: desde conjuntos de ropa interior (algunos muy atrevidos si se podía acotar) hasta joyas y zapatos de toda case; incluso un oso de peluche a su lado, con una nota.

- Gracias por dejarme divertir, tome suficiente agua para lavarte un poco. Xoxo Asdis... -leyó en voz alta y miró la nota extrañada para luego observar su cuarto, poniéndose de pie con dificultad- me dan unos antojos extraños cuando bebo -ni se miró la ropa, salió del cuarto con dirección a la cocina, bastante golpeada por la resaca; pasó olímpicamente por alto a su "amo" y tomó la jarra de agua para servirse un enorme vaso de agua. Se fue hacia la sala y luego camino a su cuarto, donde se desplomó en el pequeño sofá de cara a su cama- nos días -susurró vagamente a la nada. La ropa que llevaba puesta, hubiese sido mejor la cambiara antes, pero no tenía cabeza para ello.
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Mensaje por James Lockwood el Lun Jun 03, 2013 12:22 am

Remangó levemente un brazo de su camisa, echándole un vistazo al reloj plateado que envolvía su mano. La punta de su zapato golpeaba insistentemente el piso, marcando un ritmo constante, impaciente. Los segundos pasaban, y con cada vuelta completa de las agujas, su paciencia iba disminuyendo poco a poco, dándole paso al mal humor. Ya había esperado lo suficiente.

Pero justo en el momento que dió un paso hacia la habitación de ella, se vió obligado a detenerse en seco ante una figura que pasó frente a él en un ida y vuelta demasiado rápido como para que su cerebro pudiera procesar la información que sus ojos captaban y atinar a decirle algo. Solo la miró pasar frente a él totalmente... ¿embobado? y probablemente si alguien le pusiera un espejo en frente en aquel momento, estaría con la boca ligaramente abierta.

¿Cómo no estarlo?

Aquella "ropa" -si es que podía considerarse así- que traía puesta no dejaba nada a la imaginación, y por el contrario, la transparencia de la tela le había enseñado cada curva de su cuerpo a la perfección, mientras por debajo de la misma, se exhibían sus largas y torneadas piernas, cuya piel repentinamente ansió saborear y hasta mordisquear levemente. ¿Acaso aún seguía dormido?

Se pellizcó el brazo una vez que ella hubiera regresado a su habitación, y cerró un ojo en señal de dolor. No era un sueño, ella efectivamente había pasado por delante de él usando un babydoll. ¿Qué tanto intentaba hacer? ¿Seducirlo? Se quedó pensativo un segundo. Si así fuera, no hubiera simplemente pasado por delante de él y luego irse como si nada. Más bien le había parecido que aún estaba semi dormida.

Entrecerró la mirada, con sospecha. Todo eso podía ser una trampa, un mero señuelo para que la siguiera hasta su habitación y quién sabe lo que querría hacerle allí… nada sexual, eso era seguro. La chica había dejado su poco interés muy en claro la noche anterior. Optó por seguirle el juego, si es que de un juego se tratara, y caminó hasta la habitación, deteniéndose en el marco de la puerta al echar un vistazo al interior.

- ¿Qué demoinios es esto…? – Preguntó en voz baja, para sí mismo. Vestidos, zapatos, joyas y toda clase de ropa estaban dispersos entre el suelo y la cama. Ropa que él jamás había comprado y que –por sobretodo- distaba absolutamente del tipo de ropa que hubiera podido comprarle de haber ido a la tienda como habían acordado. Como mucho, podrían haber ido a una tienda de segunda mano.

Se acercó a la cama, observando todo aquello mas de cerca, y tomó uno de los vestidos con sumo cuidado, acariciando suavemente la tela con su dedo pulgar, como si estuviera examinándola. Era de buena calidad, de muy buena calidad. Y había joyas allí también; joyas de oro real y hasta algunos tenían diamantes que a simple vista se notaba no eran imitación.

Buscó a la felina con la mirada, encontrándola tirada en el sofá, y quedándosela viendo con cierta curiosidad. ¿De donde habría sacado todo eso? Quería preguntárselo, pero… Dejó las cosas en la cama, y se acercó a ella. ¿Estaba conciente siquiera? Una vez más no pudo evitar que su mirada lujuriosa vagara por su cuerpo semi desnudo. ¿Quién hubiera dicho que debajo de esa blusa con la cara de un gato se encontraba la figura de toda una mujer?

Se inclinó levemente, apoyando una de sus manos en el posabrazos del pequeño sofá, acercando la otra lentamente hasta la pierna desnuda de la dama, como si no pudiese contener aquel deseo de querer tocarla. Sin embargo, justo cuando estuvo a punto de rozarla siquiera, captó por el rabillo de su ojo un pequeño oso de felpa en la mesita junto a la cama, y se acercó a tomarlo y con él la nota que traía.

“Gracias por dejarme divertir, tome suficiente agua para lavarte un poco. Xoxo Asdis...”

La leyó más de una vez, buscando comprender. Lo que mas lo desorbitaba era el “Asdis”. … ¿Era una nota para ella misma? O quizás… ¿Una especie de souvenir? Tantos regalos, y el “Gracias por dejarme divertir”… Lo primero que se le había venido a la mente era que su mascota era una especie de prostituta, y que aquel oso de felpa era una especie de regalo para aquel que se hubiera acostado con ella y regalado todas esas cosas. ¿Era demasiado rebuscado pensar eso?

-Hey.- Le llamó, aún desde al lado de la mesa. - ¿Qué significa todo esto? – Preguntó, mientras dejaba el oso de felpa. – Mejor dicho ¿Eres una prostituta? – Se volvió para ver la cama y todo lo que yacía en ella. - ¿Trajiste un sujeto aquí? ¿Él te regaló todo esto? – No obtuvo respuesta de ningún tipo, pero no había forma de que se hubiera quedado dormida tan rápido. Hacía cinco segundos había estado caminando hacia la cocina. Se acercó a ella, y tomó su mentón entre sus dedos índice y pulgar, levantándole el rostro. - ¿Estás escuchándome? Exijo una explicación de todo esto ahora. - Ordenó serio, acercando su rostro al de ella para ver si reaccionaba.


Última edición por James Lockwood el Jue Mar 03, 2016 2:07 am, editado 1 vez
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Re: Departamento

Mensaje por Asdis el Mar Jun 18, 2013 9:01 pm

Sentada como estaba en el mueble, oteaba cada prenda que alcanzaba a ver: blusas de distintos colores y telas, faldas cortas, vestidos ceñidos, pantalones que se ajustaban a sus piernas, zapatillas, zapatos de tacón, prendas interiores de lo más llamativas –arrugó la nariz por esa elección de su parte ya que no creía necesitarlas– demasiadas joyas para siquiera empezar a ordenar; por suerte para ella el desorden le molestaba muy poco, de lo contrario estaría de muy malhumor. Y hablando de malhumor... justo llevaba el vaso a sus labios tras aquel pensamiento cuando entró ese hombre con aires de dueño a su habitación; ella tragó el agua de mala gana. "Perfecto, lo que me faltaba" pensó para sí mientras dejaba el vaso vacío sobre el sofá a su lado, dejándose recostar en la pared cansada a más no poder.

- ¿No podías solo irte y ya? -murmuró antes de bostezar y empezar a caer dormida- No... quiero tener nada que ver... contigo -concluyó cerrando sus ojos para dormitar levemente. No supo nada de sí hasta que él le levantara el rostro por el mentón, permitiendo que arrugara levemente el rostro en su ensueño; retiró la mano de él con la propia en un muy vago movimiento y se colocó en pie ligeramente tambaleante, se dirigió hacia la cama para gatear por ella acurrucándose en un ovillo- Yo no le debo explicaciones a nadie, y menos a un pedante que se dice ser mi amo -susurró- solo quizá... a la policía, a las tiendas de donde todo esto fue robado... -elevó la cabeza un segundo- por cierto, deberías esconder mejor los licores -comentó sin siquiera ser preguntada- no es bueno que dejes el licor cerca de mi... -señaló las prendas regadas por el suelo- eso es lo que sucede a cambio.

Se volvió a recostar y quedó dormida casi instantáneamente. Pasaban horas, tras horas, tras horas, pero Asdis no daba señales de vida de ningún tipo, había quedado rendida gracias a la resaca; una cosa era beber poco a poco una botella en una noche, y otra muy diferente era beber con aquella rapidez toda la botella. La gatita daba vueltas en sueños, sintiendo un malestar que jamás había experimentado antes: temblaba, sentía como el frío sudor empapaba su frente, su barriga sentía un retorcijón que le quemaba la boca el estómago.

- James... -susurró para sí al descubrirse despierta y ver todo borroso- J-James... -tiritó acercándose al borde de la cama mientras se mordía el labio para no llamarle; el orgullo le calaba la piel con arraigo. Rodó hacia el suelo, cayendo de espaldas sobre una cama de joyas que la lastimaron en el acto, permitiendo un alarido ahogado de su parte; se logró apoyar de la cama, pero le era imposible colocarse en pie. Le dio otro retorcijón que escoció su interior con mayor ímpetu, procurando un grito de dolor y angustia que no pudo refrenar por más que quiso; se mantuvo de rodillas junto a la cama temblando a más no poder.

Definitivamente no había sido buena idea alcoholizarse de esa manera tan abrupta; llevaba, no semanas, sino meses comiendo de una manera poco adecuada y saludable, lo que hacía que repercutiera en su estómago quien literalmente se comería a sí mismo ya que los ácidos gástricos no tendrían cómo movilizarse, terminando por carcomer las paredes de aquel órgano. La temperatura además era elevada ¿qué surge de una mala alimentación? Malas defensas y ciertamente andar a altas horas de la noche con poca prenda por allí no era la mejor de las ideas; Asdis comenzaba a maldecirse, era la primera vez que sufría de alguna enfermedad o descompensación y era obvio por su rostro que la idea de verse débil no le simpatizaba en absoluto. Escuchó entonces unos pasos hacia la habitación de ella, ¿quién más podía ser sino el único ser viviente en ese apartamento aparte de sí misma?

- ¡L-lárgate! -exclamó tiritando y temblando, prendida en fiebre; se aferraba férreamente a la cama mientras jadeaba, el calor hacía que se aguaran sus ojos- N-no necesito tu ayuda, no... necesito la ayuda de alguien tan poco humano... -masculló por lo bajo enterrando su rostro en la cama e hizo el intento de colocarse en pie, pero sus piernas no podían consigo, aún sí, logró encararle: tenía el rostro perlado en sudor y estaba roja a causa de la temperatura –muy a pesar del dejo de sufrimiento en sus ojos–, fruncía el ceño levemente mirándole entre jadeos casi a punto de desplomarse a causa de la fuerza de gravedad- ¡Eres la persona más horrible y detestable con la que me he cruzado, no necesito tu piedad o simpatía! -tambaleó levemente suavizando la expresión de su rostro casi en súplica- James...

Esa frase no pudo concluirla a gusto, la fiebre tan elevada le hizo perder el conocimiento en el acto; cayó desplomada en el suelo completamente inconsciente sin poder terminar de pedirle ayuda...
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Re: Departamento

Mensaje por James Lockwood el Jue Jun 20, 2013 5:37 pm

A veces no comprendía el descaro de esa gata. Él le ofrecía techo, una cama propia, comida ¿Y aún así se atrevía a decir que no le debía ningun tipo de explicación luego de aparecerse completamente borracha y con un enorme botín de joyas y ropa? Y luego se atrevía a llamarlo pedante... Sin embargo, no le respondió, y solo la siguió con la mirada, viendo como se acostaba en la cama y le confesaba que todo eso era robado. Genial, pensó con sarcasmo para sí mismo. Tenía demasiados problemas como para tener que lidiar con la policía tambien.
Suspiró, y salió de la habitación al verla caer rendida en la cama. Luego la regañaría apropiadamente; por ahora, la dejaría descansar. Bien sabía él lo complicado que era lidiar con una borrachera. Mientras tanto, aprovechó para regresar a la cocina y arreglar el desmadre que la rubia se había atrevido a hacer. En verdad ¿Cómo no lo había notado antes? Era como si hubiera dado vuelta su cocina en cinco segundos, todo por encontrar algo de licor.
No se tardó mucho en limpiar, levantando con cuidado los vidrios de la botella de licor rota -no sin antes lamentarse por aquella pérdida- y terminó de lavar los platos y ordenar las alacenas antes de que el reloj diera las doce del mediodía. No se pasaría el dia esperando a que ella despertara, y por el contrario decidió salir a arreglar algunos asuntos que tenía pendientes, fumar uno que otro cigarrillo  -pues la abstinencia comenzaba a consumirlo por dentro- y quizas conquistar alguna mujer en el camino de regreso a casa, cuando ya comenzaba a hacerse de noche.
Le sorprendió no ver a la chica, por lo que se dirigió a su habitación solo para comprobar que seguía dormida. Se apoyó contra el marco de la puerta, observándola desde allí. ¿Acaso planeaba dormir mucho más? Entrecerró la mirada; las mujeres definitivamente no sabían beber. No podía decir que no le gustaba emborracharlas un poco para que aceptaran ir a su cama con mayor facilidad, pero cuando llegaban a tal estado de ebriedad y caian dormidas en su cama, era una noche perdida.
Regresó a la cocina para comer el poco sushi que había quedado, y luego se sentó en el sofá con su laptop, dispuesto a terminar unos artículos que debía enviar el fin de semana. No supo exactamente cuanto tiempo pasó allí sentado, pero cuando quiso darse cuenta, ya había pasado de la medianoche. Cerró su computadora, dispuesto a ir a dormirse, pero al pasar por la puerta de la habitación de Asdis, se detuvo en seco, creyendo haber escuchado algo. ¿Acaso lo había llamado? Miró hacia la puerta cerrada, y ya no escuchó nada. Negó con la cabeza. Ella jamás lo llamaria.
Continuó su camino por aquel pasillo, cuando escuchó un grito desgarrador, abriendo rápidamente la puerta sin detenerse a pensarlo, siendo recibido enseguida con un "¡Lárgate!" de su parte. Frunció el ceño. -Tranquilízate ¿Quieres? Solo quería saber si estabas bi- ... - Pero lo interrumpió antes de que pudiera terminar,y su comentario solo lo hizo enfurecer. Soltó una risa sarcástica y alzó una ceja. - ¿De verdad te crees indicada para decir que soy poco humano? Eres una mascota despues de todo.  - Se cruzó de brazos y levantó el rostro, bajando la mirada para verla, con cierto tono altanero. - Si me lo pides por favor y dejas de lado tu orgullo, puede que me apiade de tí y te ayude. -
Podía notar en sus ojos el sufrimiento que intentaba disimular, y quizás era algo cruel de su parte tratarla de esa manera tan fría sabiendo eso, pero ella misma se lo buscaba. A pesar de que él había corrido enseguida a socorrerla, se atrevía a despreciarlo de esa forma. Apretó sus puños con rabia; su ultimo comentario había sido la gota que rebalsó el vaso. - Bien... arréglatelas tu sola. - Sentenció molesto, y sin dedicarle otra mirada giró dispuesto a salir de aquella habitación.
Al menos hasta que la escuchó mencionar su nombre casi en un susurro, atinando a volverse a verla justo en el momento que comenzaba a desplomarse, avalanzándose hasta ella y logrando sostenerla al ultimo segundo, evitando que su cabeza golpeara el suelo, siendo sus propias rodillas las que recibieron el impacto contra el suelo por haber caido tan abruptamente. No fue hasta entonces que notó la causa de su sufrimiento.
Incluso a traves de la delicada y transparente tela que cubría parte de su cuerpo podía sentir el calor que este emanaba. Llevó su mano hasta la frente de la chica, solo para comprobar su suposición. Volaba de fiebre. La cargó en brazos con sumo cuidado, y la depositó en la cama, ausentándose solo un segundo para buscar un termometro y tomarle la temperatura. - 39 grados, esto no es bueno. - Habló para si mismo mirando el artefacto, y luego volvió la mirada hasta su mascota. - ¿Por qué tienes que ser tan problematica? - Le preguntó, aunque era obvio que no podía oirlo. - ¿Qué sucedió con el "No necesito tu ayuda, huh? - Bufó y desvió el rostro. - Debería dejar que la fiebre te consuma. - La miró de reojo, sin poder evitar notar el sufrimiento que incluso inconsciente expresaba, y se maldijo a sí mismo antes de ir por algo para bajarle la fiebre.
Los siguientes minutos los pasó junto a la cama, mojando un paño en agua a temperatura ambiente y colocándoselo en la frente una y otra vez, pero la fiebre no parecía bajarle. Sería adecuado que se diera un baño, pero no podía simplemente bañarla él; estaba seguro de que se molestaría por eso. - Oye, ¿Aún estas dormida? Necesitarías darte un baño. - Posó una mano en su hombro para llamar su atención, pero no obtuvo respuesta. No podía esperar a que se despertara, su fiebre era realmente alta y no dejaba de sudar. 
Tomó unas tijeras y cortó la tela transparente del babydoll, dejándola unicamente en ropa interior, para luego sentarse junto a ella en la cama y pasar su brazo por su espalda, obligándola a sentarse, y acunarla entre sus brazos. Utilizó entonces un paño seco para secar su sudor, comenzando por su cuello, pasándolo cuidadosamente por allí, siguiendo por su clavicula y su pecho, pero manteniéndose al margen de la zona que era cubierta por el brasier, continuando luego por su abdomen y su espalda. No se atrevió a descender hasta la zona de sus piernas, pues sentía que cruzaba una raya.
Suficiente se estaba conteniendo en aquel momento; el tener una mujer desnuda y completamente indefensa a su merced, y que aún así se hubiese limitado a tocarla con el unico fin de curarla...era merecedor de un premio. Bien podría haberla manoseado tanto como quisiera en esa situación. Aunque a decir verdad, le sorprendía que esa idea siquiera se le hubiera cruzado por la cabeza. Mas bien, toda esa escena tenía un dejo de nostalgia para él. ¿Por qué sería...?
Colocó unos paños húmedos en sus axilas y en su nuca, mientras la mantenía contra él quedando la cabeza de ella reposada en su pecho. Había notado como su tiritar comenzaba a disminuir, y la expresión de su rostro se había relajado un poco. Comenzaba a mejorar. Él, por su parte, aún renegaba consigo mismo, refunfuñando entre dientes por aceptar a cuidar de ella, incluso cuando le habia dicho explícitamente que no queria su ayuda. - ¿Ya te sientes mejor? - Preguntó en voz baja, pero no obtuvo respuesta aún.
Se alejó solo un poco, y liberó una de sus manos para posarla en su frente, chequeando su temperatura. Sin embargo, una vez que comprobó que había disminuido considerablemente, no alejó su mano, y por el contrario la mantuvo en su rostro, deslizándola suavemente por su mejilla, guardando unos mechones de su cabello húmedo por el sudor detrás de su oreja, y volviendo una vez mas a su mejilla, acariciándola lentamente con el dorso de su mano, mientras no dejaba de observar su rostro, en una especie de trance. Había algo de todo eso... algo que se le hacía extrañamente familiar, pero que no conseguía descifrar que era. Como si una parte de sí mismo le estuviera diciendo que era conveniente no recordarlo.
"No te preocupes, ya me siento mejor." Una voz sonó en su cabeza, que provenía de aquellos recuerdos que más había decidido olvidar. "Gracias por cuidar siempre de mi..." La joven de cabello castaño que acunaba de la misma forma en sus recuerdos había estirado su mano hasta su rostro, brindándole una caricia suave. "...Mi dulce y tierno James" Y diciendo eso, le había sonreido, con aquella sonrisa tan perfecta de la que se había enamorado perdidamente.
Sintió un enorme vacío en su pecho, y su corazón se retorció dolorosamente al recordar aquello, al recordarla a ella... Inmediatamente buscó alejarse de la gata, asqueado consigo mismo por cuidarla de esa forma, por tratarla como se juró jamás volver a tratar a una mujer. La depositó en la cama, y cubrió su cuerpo con una sábana, huyendo de esa habitación, y apoyandose contra la puerta a respirar con mayor libertad, como si de repente el aire se hubiese viciado para él allí dentro.
Necesitaba salir, despejarse... y así lo hizo. Le sorprendió que ya había comenzado a amanecer. ¿Cuanto tiempo había permanecido cuidandola? Negó con la cabeza, insultándose a sí mismo. De cualquier forma, y como si quisiera terminar con la labor que había iniciado, se dirigió a comprar algunos alimentos y medicina para facilitar su recuperación. Tenía la cabeza tan abrumada que ni siquiera notó que acababa de gastar todo el dinero con el que se suponía debía saldar algunas de sus deudas. De cualquier forma, no podía permitirse que Asdis descubriera que se encontraba en bancarrota.
Regresó a la casa, y volvió a chequear su estado. La fiebre no había vuelto a subir; la peor parte ya había pasado. No fue hasta que se sentó en el sofá que habia acercado a la cama cuando notó su cansancio. No había dormido en toda la noche, despues de todo, pero no era como si pudiese relajarse aún. Ella aún no se despertaba, y eso no le agradaba del todo. Sin embargo, mientras esperaba, sus ojos se rindieron a permanecer abiertos, cayendo ligeramente dormido, aunque su conciencia permanecía alerta ante cualquier ruido.


Última edición por James Lockwood el Jue Mar 03, 2016 2:08 am, editado 1 vez
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Re: Departamento

Mensaje por Asdis el Lun Jun 24, 2013 11:41 pm

Habían pasado horas seguramente. La consciencia de Asdis seguía perdida y sin aparentes ganas de retornar a su cuerpo por lo que se podía apreciar en el mismo que había sido tratado por aquel hombre. Por alguna razón, ella tenía la vaga sensación de recordar muchas de las cosas que él le hiciera mientras se hallaba bajo su cuidado; apretó la sábana con una de sus manos mientras se dedicaba a admirar el cielo raso de la habitación con la mirada cansada. Llevaba ya varios minutos con la mirada en él al tiempo en que pensaba calmadamente en lo que había pasado, mas no quería moverse ni un ápice por no despertar a su amo; dejó que su cabeza callera de lado suavemente para mirarle reposar pesadamente al borde de la cama. La había ayudado. A pesar de lo mal que se trataran mutuamente, la había ayudado.
 
- ¿Por qué? -inquirió para sí mientras alargaba una mano hacia él y acariciaba un par de mechones que cubrían su rostro, procurando no tocar nada más allá de las hebras- ¿Por qué preocuparte por ayudarme? -dejó caer su mano y elevó el rostro cerrando sus ojos- Las personas de tu casta, solo se ocupan por sí mismas, dejando a otros como yo a merced de los peligros en la calle... salvando sus pellejos el tiempo que tengan las fuerzas suficientes para hacerlo -sonrió con leve amargura y se arrimó levemente hacia la orilla opuesta de la cama, sentándose con cuidado, apoyando ambas manos al borde mientras le daba la espalda a él- gracias -susurró poco antes de localizar una blusa holgada con la mirada y acercarse a colocársela.
 
Comenzó por recoger todas las prendas de ropa y agruparlas en dos montones: ropa íntima, ropa para vestir. Agrupó desordenadamente los zapatos en otro montón, los accesorios en otro y las joyas en uno más; comenzó a colgar algunas de las prendas más sencillas de ropa, doblando otras que no estaba muy a gusto en quedarse y depositándolas en el sofá. El mismo procedimiento hizo con los otros montones, quedándose con menos de la mitad de todo lo que había robado; se puso a pensarlo un rato pues debía hacer algo con todo aquello, no iba a devolverlo, pues daría pistas para culparla, tomando en cuenta que su ADN podía encontrarse adherido a aquellas prendas. Se dirigió a la cocina buscando algo donde poder guardar lo que daría a otros y encontró un par de bolsas; se regresó a la habitación y miró a su amo desde el lindel, observándole dormir (o al menos eso creía ella que hacía). Se dio la vuelta y tomó el cubrecama del cuarto de él, dirigiéndose hacia el castaño para cubrirle con aquello mientras seguía su labor de dejar el cuarto ordenado.
 
Después de guardar en varias bolsas, que marcó con direcciones específicas, el "botín" de su noche, se fue a sentar en la cama junto a su amo. Planeaba enviar las ropas a casas hogar, como había hecho tantas veces antes.
 
- Lo siento -susurró sabiendo que se podría arrepentir de ello- No puedo evitar sentir repulsión por los de clase alta, y tu, realmente, no podía simplemente quedarme allí sentada a tragarme tus mentiras... -sonrió para sí con amargura- tengo hambre -susurró tratando de contener las ganas de acariciarle. Se veía tan poco peligroso dormido, que en parte sacaba a luz sus instintos felinos de buscar mimos- A estas alturas dudo estés dormido -comentó a modo de broma; desvió la mirada- y si... ehm, te debo una... No me agradan los "favores" si necesitas algo avísame, es una deuda de la que me quiero deshacer cuanto antes -acotó con cierta repulsión al decirlo, pues se atenía a lo que él quisiera, pero fuese lo que fuese, era menor que el hecho de que le salvara la vida.
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Re: Departamento

Mensaje por James Lockwood el Jue Jul 11, 2013 2:13 pm

Comenzaba a quedarse dormido cuando la voz de Asdis lo trajo de nuevo. ¿O era solo un sueño? No podía abrir los ojos, era como si el cansancio de no haber dormido en toda la noche sumado a su dolor de cabeza no se lo permitieran. Todo su cuerpo estaba completamente rendido al agotamiento. O quizás, simplemente no quería verla aún; no luego de que toda la escena de los cuidados y la enfermedad hubiera despertado en él esos recuerdos dolorosos. Se limitó a escucharla, sonriendo internamente ante sus palabras.

Porque tenía razón ¿Cierto? Quienes vienen de una familia como la suya, de una vida lujosa como la que él tuvo, crecen para ser realmente egoístas y caprichosos, preocupándose únicamente por si mismos. Ahí era probablemente donde él había tomado la decisión incorrecta. Jamás había sido de esa forma, él en verdad se hubiera llevado el premio a la humildad en el pasado. Si solo se hubiera preocupado por sí mismo, sus sentimientos no hubieran sido pisoteados de esa manera.

No supo en qué momento de sus palabras se quedó dormido, y ya no hubo nada alli que lo despertara. Ni siquiera los sonidos que la felina hiciera acomodando y ordenando toda la ropa que había tirado en la habitación. Algunas horas pasaron hasta que poco a poco comenzó a escuchar sonidos de bolsas, despertando lentamente, abriendo los ojos solo cuando ella terminó de ofrecerse a realizar el favor que le debía. - Vaya, quién diría que te entregarías así de fácil. - Comentó tranquilo, pero con un tono que ciertamente era de diversión.

- Es una propuesta muy interesante, si me permites decirlo. - Frotó sus ojos y se puso de pie con vagancia, estirándose de modo que alguno de sus huesos sonaron. Aún no estaba completamente descansado, sin mencionar que la posición en la que había dormido no era lo que se dice comoda, pero si había algo que recuperaba enseguida, era su soberbia. - Solo para que me quede claro... - La miró de reojo. - Si justo ahora te digo que necesito una buena chupada ¿Te arrodillarás frente a mí y lo harás sin rechistar? -Sonrió con regocijo, pero luego se puso algo serio. - Aunque pensándolo bien, no querría que tus afilados colmillos felinos causaran un accidente. - Incluso cuando solo lo imaginó, pudo sentir el dolor en su entrepierna. - Mejor te tendré a la espera, y usaré la carta "favor que me debes" cuando más la necesite. -

Se acercó a las bolsas que ella había separado y se agachó para observar el contenido. - Veo que ya te sientes mejor; al menos lo suficiente para pasarte la tarde ordenando todo esto. - No pudo evitar notar las direcciones, reconociendo sobre todo algunos de los nombres de las casas hogar. - ¿Vas a donarlo? ¿De verdad? - Volteó para verla, arqueando una ceja incrédulo. - ¿Eres algo así como Robin Hood versión gatuna? - Rió de su propio chiste. - Sí sabes que eso es un cuento ¿Verdad? Hoy en día no importa con que motivo sea, si robas te llevarán presa. Incluso yo mismo podría denunciarte. - La amenazó.

Al menos esperaba que la chica fuese lo suficientemente habil y astuta como para robar sin dejar rastros y que no dieran con su apartamento. - Ven, te compré comida. - Salió de la habitación y fue hasta las bolsas que había traido. - No se me da bien la cocina, así que suelo comprar comida fabricada. - Lo cual era un gasto mayor para él. - Así que si te molesta, cocina tú. -Sacó de la bolsa un paquete transparente de plastico en el cual se podía observar un pollo entero y una porcion de papas fritas. - Sírvete lo que quieras, debes comer si no quieres que te vuelva a dar fiebre. -

Puso la mesa, y cuando él mismo estaba dispuesto a probar bocado, su celular sonó, viéndose en la pantalla que se trataba de un numero desconocido. - Disculpame un momento. - Los modales no los había perdido, despues de todo. Se puso de pie a la vez que atendía, y en cuanto escuchó la voz de quien le hablaba del otro lado,  todo el color se le fue del rostro, poniéndose pálido y alejándose rápidamente al pasillo, hablando en voz baja. -Si, sé que aún les debo dinero pero... - La voz al otro lado del telefono lo interrumpió, y se detuvo a escucharlo. - Si tan solo me dieran una semana más, podría... - Interrumpido una vez más, no tuvo oportunidad de hablar otra vez, que le cortaron.

Su corazón se aceleró levemente, y reposó su espalda contra la pared para tranquilizarse. No podía permitir que Asdis lo viera alterado. Pero ¿Cómo no alterarse? Prácticamente acababan de darle un ultimatum: Le cortarían un dedo por cada dia que demorase en pagarles, a partir de ese momento. Cualquiera pensaría que era una exageración, y que solo lo hacían para apurarlo, pero con esa gente era mejor no confiarse. ¿Que haría? Había gastado el poco dinero que le quedaba en comprar la comida y los medicamentos para Asdis, y aún faltaba una semana para que su siguiente pago llegara.

Lo mejor sería que fuera a verlos; al menos en persona podía garantizarse el dar algo de lástima y comprar un poco más de tiempo. No había otra alternativa. Volvió donde Asdis, y se sentó frente a ella en la mesa. - Escucha, saldré por un rato ¿Si? - Intentaba controlarse mientras hablaba, pero podía notarse el nerviosismo en su voz y cierto temblequeo en sus manos. - No escapaste mientras dormía ¿Puedo confiar en que no te escaparás ahora?  - Preguntó, y había algo de súplica en su voz.


Última edición por James Lockwood el Jue Mar 03, 2016 2:10 am, editado 1 vez
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Re: Departamento

Mensaje por Asdis el Dom Jul 28, 2013 11:30 pm

La mueca de asco que obvia se marcaba en sus facciones, no era por menos; ya antes de ofrecer semejante, estaba bastante consciente de lo que aquello significaba en posesión de un hombre como lo era James: con una mente tan pervertida, la pregunta sería ¿Qué no le haría hacer? Le observó mientras se movilizaba por la habitación, aún con la mueca de desagrado en su cara, bastante latente; hasta que él mencionara lo de la donación, al menos estaba familiarizado con algunos nombres de esos lugares, lo cual le parecía medianamente bueno, pero el hecho de que planeara delatarle le crispaba la piel con malgenio. ¿Quién se creía él para ponerse a amenazarla con hacer cosas como delatarla? Más aún cuando él era su completa responsable y dueño, por lo cual, él debía responder por las acciones de ella.

Todo lo que pudo decir relativo al enfado que comenzaba a agarrar por medio de sus palabras, se esfumó en el acto con la repentina mención de la comida y el retorcijón que le dio al estómago. Su rostro se iluminó esperanzado con la idea de verse por fin alimentada de alguna manera; "Al menos recuerdas que soy un ser viviente que requiere comida" pensó mientras seguía al niño rico hasta la sala/comedor, donde se veían un par de bolsas.

- Yo lo caliento -susurró levemente mientras se llevaba las bolsas a la cocina sin esperar respuesta alguna, lista para soltar sus "garritas" aunque físicamente careciera de ellas.

Las colocó en el tope de la mesada de la cocina y lo registró un segundo, para luego disponerse a prender el horno. Tarareaba una canción de gatitos que era más bien alegrosa para lo loca y algo seca que era ella, cosa que delataba por mucho su alma felino-infantil; sonrió para sí antes de meter la comida al horno y pasó a mirarse la ropa: solo una camisa. Suspiró elevando la mirada mientras se recostaba del mesón con calma para pensar con tranquilidad; no, no era mala persona, no realmente o al menos eso era lo que le hacía pensar las recientes acciones de él ¿Podía fiarse? Lo mejor era que no bajara la guardia.

No pasó mucho cuando se dio cuenta que ya era suficiente para la comida y la retiró del horno, pasándola a unos platos que colocó a la mesa luego de ver que él tenía listo el resto. Y se sentó dispuesta a comer un buen bocado, cuando a él lo llamaron por teléfono; detuvo el bocado y bajó el cubierto para mirarlo. Él se alejó y ella le siguió con la mirada aún más contrariada, aunque, como toda curiosa, procuró agudizar el oído con la conversación que ahora se llevaría a cabo. Ese tono que se escuchaba de parte de su amo, hacía pensar que la charla realmente no era algo del todo agradable para escuchar; se preocupó un tanto antes de regresar la mirada al plato, con una gran falta de apetito.

- Salga o no, siempre volveré. Este es mi hogar ahora -susurró mirándole fijamente tras haberle observado sentarse frente a ella con aquella interrogante, como si quisiera dejarlo grabado en roca; algo estaba sucediendo claramente.

Tras un rato, le vio salir por la puerta y se quedó un segundo allí, paralizada, sin hacer nada, hasta que escuchó el ascensor cerrándose. Se colocó en pie de un golpe y se asomó al balcón, para mirar cuando saliera de las residencias; ni bien hacerlo, corrió al cuarto por una muda y salió corriendo en pos de su presa, lista para seguirla fuera a donde fuera. Esa llamada no le daba buena espina, sumado el hecho de que era en extremo curiosa y que no le parecía correcto que se ocultaran cosas, más aún cuando deberían vivir juntos por un largo tiempo; aquella situación para ella ameritaba una persecución.
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Re: Departamento

Mensaje por James Lockwood el Dom Sep 29, 2013 5:49 pm

Sin estar dispuesto a permanecer un segundo más en el departamento como para corroborar que Asdis no saldría de allí ni mucho menos lo seguiría, tomó sus llaves, se aseguró de que su celular estuviera en el bolsillo de su jean y salió rapidamente por la puerta. ¿Por qué habría de seguirlo, de cualquier forma? No era como si se preocupara por él despues de todo, y no tenía tiempo que perder realmente. Cuanto más rapido intentara solucionar las cosas, mejor. Si no conseguía aplazar el tiempo para entregar el dinero, habría nueve dedos en sus manos el día de mañana. Y carecer de un dedo no es exactamente un imán para las mujeres.

Bajó por las escaleras los cuatro pisos que separaban su departamento de la calle, a toda velocidad, salteádose escalones hasta llegar a su motocicleta. Se colocó el casco, se montó en la misma y llevó su mano al bolsillo de su chaqueta, luego al otro y por ultimo revisó todos los bolsillos de su jean. No estaban. Había olvidado las llaves de la moto. Se quitó el casco y lo arrojó al suelo mientras vociferaba unos cuantos insultos para sí mismo.

En lugar de volver a subir al departamento, corrió. Y lo hizo tan rapido como pudo, claro debiendo detenerse varias veces a respirar profundo, recuperando el aire, pues sus pulmones de fumador le impedían correr largas distancias sin sentirse fatigado. Aun así él mismo se sorprendió de lo mucho que estaba corriendo. Probablemente era la adrenalina, o quizá el miedo lo que lo hacía seguir corriendo a pesar de la falta de aire. Llegaría al lugar; no importaba cuanto debiera correr, pero llegaría

Poco sabía él que algunos de los hombres que trabajaban para su extorcionador estaban espiándolo desde una camioneta estacionada frente su edificio, y esperaron su salida con el fin de irrumpir en su departamento y tomar de allí cualquier cosa de valor. Sin embargo, encontraron algo mucho más interesante que tomar. Pocos segundos despues de que James empezara a correr, una jovencita rubia de cabellos cortos salió también del departamento, y empezó a seguirlo con cautela de no ser descubierta. Tan concentrada estaba, que no se percató de la presencia de los dos hombres detrás de ella hasta que intentaron secuestrarla, logrando inmovilizarla no sin antes forcejear, durmiendola con un golpe seco en la cabeza.

James se detuvo frente a una vieja escuela abandonada, cuyo exterior estaba completamente en ruinas; la pintura estaba desgastada, algunos ladrillos a la vista y rotos, pero sobretodo, estaba cubierta de una increible suciedad. Hasta creía que la fabrica abandonada de la que había sacado a Asdis estaba en mejores condiciones que ese lugar. Allí era donde su extorcionador lo esperaba. Una vez que hubiera recuperado el aliento, respiró profundo, llenando su pecho de aire y enderezandose, como si de esa forma se sintiese más grande, peligroso y seguro de sí mismo, aunque por dentro estuviera aterrado.

Para su desgracia, no era la primera vez que lo citaban en aquel lugar, y por ende sabía a la perfección dónde se encontraba la oficina del director o mejor dicho, lo que ahora era la oficina de "O me pagas o te mato". Parados junto a la puerta, custodiándola, habían dos sujetos vestidos de traje negro y sintió sus miradas clavarse en él al momento en que dobló la esquina y caminó aquel pasillo hasta la puerta. No hubo necesidad de que le preguntaran el nombre, y ni se tomaron la molestia de detenerlo; solo se hicieron un lado y lo dejaron pasar al despacho.

-Vaya, vaya, vaya. Miren quién se dignó a aparecer. - Dijo una voz misteriosa, cuya cara no podía ver pues la escondía dándole la espalda sentado en una silla giratoria. Aunque claro, no era como si necesitara verlo. Sabía a la perfección quién era. - Vengo a saldar deudas. - Dijo con la voz más seria y calma que pudo; demostrarle a esas personas el miedo era lo peor que podía hacerse. - ¿Trajiste el dinero entonces? - Preguntó el hombre, a la vez que giraba la silla de detrás del escritorio. Quien le hablaba era un hombre de aproximadamente 40 años, con el pelo ya gris y un tanto excedido de peso, vestido de traje y fumando un habano que a simple vista se veía costoso.

 -Bueno, no exactam- ... - El sujeto lo interrumpió golpeando su mano contra la mesa. - ¿Crees que esto es un juego, Lockwood? ¿Crees que estoy jugando? - Como si entendieran el mensaje, los dos sujetos de la entrada ingresaron a la oficina y lo sostuvieron, uno por cada brazo, sin permitirle moverse. - Espera ¿Qué vas a hacerme?! - Preguntó algo alterado y, si debía ser honesto consigo mismo, aterrado. El corpulento hombre se levantó de su silla con algo de esfuerzo, y tomó una navaja que reposaba sobre su escritorio. - No me gusta que me tomen por idiota, Lockwood. - Se acercaba lentamente a él, golpeando el lado no filoso de su navaja contra la palma de su mano. - No dudaría ni un segundo en asesinarte, o... - Apoyó la parte filosa contra la mejilla del pelinegro, que intentó alejar el rostro hasta que uno de los hombres se lo sostuvo. - Creo que para tí, sería mucho mejor cortarte ese rostro de niño bonito que tienes, y desfigurarlo hasta que ya no quede nada atractivo en tí. - Luego de decir eso, deslizó rapidamente la navaja por su mejilla, realizandole un corte más bien superficial, pero que aún así lo hizo quejarse de dolor.

- ¡Tengo unas joyas! - Soltó rapidamente, antes de que se atreviera a realizarle otro corte más grave. - ¿Unas joyas? - Preguntó, ligeramente interesado. James asintió repetidas veces. - Vine para decirles que planeo venderlos y con ese diner- ... - Fue interrumpido una vez más por el hombre, que chasqueó la lengua repetidas veces. - Irás a tu departamento, buscarás las joyas y las traeras enseguida. ¿Oiste? Hazlo o de lo contrario - El telefono celular que yacía sobre el escritorio comenzó a sonar, y fue directo a buscarlo. - Si, aquí Giovanni. - Respondió, y a medida que la voz del otro lado le hablaba, sonrió y miró a James directamente a los ojos. - Está bien, traiganla aqui adentro. Parece que la situación se ha vuelto aún más interesante. - Volvió a apoyar el celular. - Mis subordinados han encontrado a una de tus tantas damas; quizás ese sea un incentivo aún más grande para que busques esas joyas rápido. - Comentó con diversión.

James rió levemente. - Creí que me conocías, Giovanni, ninguna mujer es más importante para mí que el dinero. - El hombre sonrió aún más. - Oh pero, tengo la ligera sospecha de que esta dama es diferente. - Hizo una seña hacia afuera, y uno de sus hombres entró con una mujer desmayada al hombro, como si de un mero saco de papas se tratara. La cara confiada de James se transformó ante la visión de Asdis, y bajó la cabeza, maldiciéndola internamente. - Así que tienes dinero para adquirir una de estas mascotitas, pero no para pagarme ¿eh? - El sujeto que cargaba a Asdis la dejó sentada en la silla giratoria, y Giovanni se acercó a ella. - Es una buena adquisición, debo admitir. - Tomó el rostro de la rubia, para examinarlo con mayor atencion. - Con un rostro tan bonito, sería una lástima que alguien le echara ácido para desfigurarla. -

El pelinegro apretó los dientes y se removió para safarse del agarre, como si estuviera dispuesto de avalanzarse encima de Giovanni y golpearlo, pero fue inutil. Aunque, en cierto punto agradeció que lo fuera, pues golpearlo hubiera implicado una muerte segura en cuestion de segundos, tanto para Asdis como para él. - Tráeme esas joyas en menos de una hora, Lockwood. - Giovanni hizo una seña para que los sujetos sacaran a James de allí. - Si no lo haces, tanto tú como ella pagarán las consecuencias. - Fue lo ultimo que lo escuchó decir, antes de ser arrastrado fuera de la escuela.

Una vez más, y con todo lo que sus pulmones se lo permitieron, corrió hasta su departamento como si no hubiera mañana, y colocó todas las joyas en una bolsa a regañadientes. Estaba seguro de que esas joyas que había robado Asdis valían mucho más de lo que él le debía a Giovanni; por eso quería venderlas y quedarse con la diferencia. Maldijo para sus adentros y tomó las llaves de su motocicleta para volver a toda velocidad a aquella escuela abandonada, y le lanzó la bolsa a Giovanni de manera despectiva, quien la atajó en el aire. - 45 minutos... eso estuvo cerca. - Mientras el extorcionador y sus secuaces le echaban un vistazo a las joyas, James miró hacia todos lados en busca de la felina. - ¿Donde está ella? - Preguntó con cierta molestia. - Despertaría en cualquier momento, así que la amarramos y la encerramos en un salón de clases para que no molestara. - Giovanni sonrió a las joyas. - Esto no es tuyo, ¿cierto? Estas joyas fueron reportadas como robadas esta mañana, pero... Tú no las robaste ¿Me equivoco? - James permaneció en silencio. - ¿Las robó ella? -

El panzón volvió a guardar todo en la bolsa, con satisfacción expresada en su rostro. - Muy bien, Lockwood. Tu deuda ha sido saldada. Puedes irte. - Dijo, y volvió a sentarse pesádamente en su silla. -Espera ¿Qué hay de Asdis? -Preguntó, a pesar de que los dos sujetos de antes volvían a tomarlo por los hombros. - No creías que iba a devolverte a una joven tan valiosa ¿cierto? Podría utilizarla para mi propio beneficio. El trato era que no la lastimaría, no que te la devolvería. - y rió, de una manera que a James solo le generó repugnancia.

Sin importar cuanto maldijera y pataleara para que lo soltaran o le devolvieran a la felina, fue arrastrado fuera del lugar, y recibió un golpe directo al estómago en el momento que quiso volver a entrar, terminando tirado en el suelo doblándose de dolor, viendo las puertas cerrarse frente a él. Dió un golpe con su puño en el suelo, a pura rabia. ¿Qué podía hacer él solo contra esos sujetos, que más que seguro estaban armados? Acabaría muerto en un segundo pero... no podía dejarla ahí dentro. Era su mascota, despues de todo. Y le había costado dinero. Definitivamente no perdería dinero.

Se puso en pie y buscó alrededor de la escuela otra entrada que no fuese esa, encontrándo una escalera de emergencia que guiaba a una ventana grande que, para su buena fortuna, estaba lo suficientemente rota como para poder pasar a través de ella. Estaba dentro, y no había señales de que hubiera nadie allí, en el segundo piso. Con precaución de no ser visto ni oido, revisó cada salón, pero no encontró nada. Efectivamente, ni siquiera se habían molestado en subir. Asdis debía estar abajo.

Con la misma cautela, o quizás incluso más, revisó el primer piso, escondiéndose de tanto en tanto cuando escuchaba los pasos de los secuaces de Giovanni custodiando los pasillos. Chequeó cada salón, hasta que la encontró en uno por fin, atada de pies y manos a una silla, sin poder moverse, y con una bolsa en la cabeza que le impedía ver.

- Primero te enfermas, luego te secuestran ¿Qué eres? ¿La damisela en apuros de una serie de acción? - Se quejó en voz baja, pero su suficiente para que ella lo escuchara, mientras desataba con esfuerzo los nudos que aprisionaban sus manos. - Tú quitate los otros, yo vigilaré la puerta. - Dijo una vez que pudo desatarla, y se quedó en la puerta viendo hacia todos lados, con los sentidos agudizados por la adrenalina de ser descubiertos. Una vez que ella estuvo lista, se dispusieron para abandonar aquel lugar. - Lo más seguro es que estén demasiado tranquilos fijándose cuando dinero pueden obtener con esas joyas, así que no hay de qué preocu-

Antes de que pudiera terminar su frase confiada, un disparo pegó justo junto a él en la pared, tanto que casi había sentido el viento que había arrastrado. Y sin pensarlo un segundo, tomó la mano de Asdis y echó a correr, escuchando cómo más disparos eran lanzados hacia ellos, agradeciendo realmente el diseño de aquella escuela, llena de columnas y pasillos. Corrieron hasta encontrar con un pequeño armario de servicio, que no medía más de lo suficiente para que dos personas estuvieran allí dentro, además de todos los articulos de limpieza como escobas y trapos que había allí dentro.

No los habían visto entrar ahí, de eso estaba seguro. Tenían algo de tiempo antes de decidir que hacer, pero por ahora, respiró agitadamente, provocandole dolor el aire frío pasándole por su garganta. - Eso... estuvo cerca. - Comentó en voz baja, aún con la respiración agitada. Sus cuerpos estaban realmente cerca el uno del otro, solo con un pie de distancia aproximadamente, unicamente porque esas eran las dimensiones de aquel pequeño armario. James rió levemente, y la miró con la escasa luz que llegaba desde el otro lado de la puerta. - Si no estuvieramos en esta situación, me aprovecharía de ti en este armario, créeme. - Bromeó, como si quisiera quitarle la tensión al momento.

Pero luego de eso, permaneció en silencio unos segundos y la miró con seriedad. - Te toca a tí salvarnos a ambos ahora. Eres una ladrona ¿cierto? De seguro no es la primera vez que te ves acorralada de esta manera; se te tiene que ocurrir algún plan para que ambos salgamos de aquí, no pasará mucho tiempo hasta que nos encuentren aquí dentro. - Comentó en voz baja, pegándo su oido a la puerta para ver qué podía oir del otro lado. - ¿Y bien? - Preguntó, mirándola de reojo, poniendo toda su confianza, e incluso su propia vida en sus manos.


Última edición por James Lockwood el Jue Mar 03, 2016 2:14 am, editado 1 vez
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Re: Departamento

Mensaje por Asdis el Miér Oct 23, 2013 11:14 am

Siguió a James con suma facilidad, suerte que había tomado las llaves de sus prendas para que no usara la motocicleta para poder perseguirle con tranquilidad. Se las arregló para no verse en su vista periférica, pero poco se imaginaba ella que se vería envuelta en una pequeña revuelta; sin previo aviso un hombre tosco la tomó de brazo con fuerza, deteniéndola en el acto. Sus orbes se perfilaron, rasgando su pupila de forma gatuna, al tiempo de asesinar con la mirada; la gata se zafó con la misma facilidad en que la seda resbala contra el vidrio, siseando inconscientemente al hombre.

- No te atrevas a ponerme las manos encima -amenazó siseante al tiempo que se erizaba su piel y mostraba sus colmillitos; uno de ellos elevó una ceja, el otro sonrió malicioso.

- Una mascota ¿Eh? Vaya tío tan pervertido -pronunció el segundo con un acento distinto.

El otro se abalanzó sobre ella, recibiendo un puñetazo en la boca; el otro en medio del despiste la tomó por la cintura, haciendo que ella pataleara antes de pegarle un codazo impulsado en la cabeza que carecía de cabello. El segundo trato de acercar un paño con formol a su rostro, en el tiempo que el otro se retorcía, logrando una mordida de parte de Asdis; el hombre se mordió la lengua para no gritar, y el otro le golpeó la cabeza con una botella de licor, logrando solo así que la gata se desmayara. Ambos respiraron agitados antes de tomarla e introducirla en la camioneta para no atraer miradas sospechosas, el calvo tomó el celular entonces e hizo una llamada aun en camino al colegio, hacia su inmediato superior.

- Si, aquí Giovanni -respondió una voz electrónica en el altavoz del celular.

- Jefe, hemos descubierto que el escuálido periodista tenía una chica tras sus huellas, y, esto le interesará más: es una mascota, una gata. Estamos a una cuadra de llegar.

- Está bien, tráiganla aquí adentro. Parece que la situación se ha vuelto aún más interesante -el hombre colgó. Asdis se encontraba completamente desmayada en la parte de atrás el camión, la bajaron sin más y se dirigieron a donde se encontraban los reunidos sin miramientos, siendo el único que traía pelos sobre la cabeza, el que cargara a la chica en el hombro.

- Hmm... No tiene malos gustos -dijo el calvo pasando su mirada por el cuerpo de la rubia que apenas era cubierto por una camisa suave con tejido de tartán y unos shorts de jean- da ganas de someterla.

Entraron a la habitación.

Alrededor había muchos objetos, inmóviles ¿Un aula? No era capaz de verlo, pero podía sentirlo, así como las ataduras que la tenían presa. Se deshizo de las ataduras con facilidad y miró en todas direcciones ¿James estaba involucrado en deudas con mafiosos? Era todo lo que podía deducir gracias al comentario de aquel hombre que viera antes. Sonrió con ironía y negó pensando en su "amo", ciertamente no sabía con la clase de mujer que se había involucrado; entonces escuchó un par de quedos pasos y se ató nuevamente para descubrir a su amo, entrando solo para reprenderla, ella sonrió divertida un segundo, pero luego se percató de lo mal que estaba el que él hubiese regresado a por ella, pero no pudo decir nada; tuvieron que ocultarse muy pronto.

- ¿Solo porque valgo dinero? ¿De verdad? ¿No valoras tú vida ni un poco? -inquirió incrédula luego de escapar con él y antes de encerarse juntos en un armario. Los rosados orbes de ella lo escrutaron buen rato, cavilando las posibilidades- Debiste irte y lo sabes -susurró seca, pero sonrió levemente, inclinándose sobre él; tomó su camisa con una mano para acercarlo a ella mientras la otra sujetaba su mentón- Solo te salvaré el pellejo por el gesto de arriesgarte innecesariamente por una ladrona -el licor, en poca cantidad podía afectarla mucho, después de todo su metabolismo era tan rápido como el de los gatos; aunque solo un par de gotas se colaron por sus labios gracias al botellazo, había sido suficiente para despertar a esa ladrona- te veré a la noche -susurró plantándole un beso que profundizó prontamente; y deshaciéndolo con la misma rapidez para lamerse los labios saboreando gustosa el gesto.

Sin previo aviso salió del armario, caminando elegante en dirección a los hombres que había al final del pasillo: Giovanni, a punto de ejecutar a sus secuaces, elevó la mirada hacia la gata, seguida de cerca por James.

- ¿De verdad? ¿Cómo pueden ser tan inútiles tus gorilas? -inquirió despectiva, directamente al jefe- El señor héroe pretendía que me fugara con él -comentó riendo con desprecio antes de dedicarle una mirada pedante a James- ¿No es tierno? -Giovanni sonrió con malicia y la miró, antes de hacer un gesto para que elevaran las armas hacia el joven. Asdis apoyó su peso en la diestra, mirando al mafioso con una mano en su mejilla y el codo de la misma en su otra mano- Que poco divertido eres Giovanni -ella sonrió con picardía tras notar varias miradas sobre ella- deberías más bien apuntar a mí, creo que soy más peligrosa que todos los presentes aquí -el hombre frunció el ceño al tiempo que los otros vacilaran y la apuntaran- ¿Me quieres a mí, cierto? -hizo un ademán con la cabeza hacia su amo- regrésalo sin herida alguna, sano y con vida a su casa, y me quedaré.

- Eres una ladrona ¿Cómo creer en una mentirosa?

- ¿Me ves ocultando mis fechorías? -sonrió- no me conoces -mostró entonces un cuchillo y lo arrojó contra la pared: en el puño se hallaban gravadas las iniciales de su dueño, Giovanni- pude haberte matado al momento de acercarme -comentó mirándolo a los ojos.

- Llévense a Lockwood a su apartamento -sentenció- Ya no quiero verte, chico -dos de los hombres tomaron al joven mientras las otras personas se alejaban.

Dentro de uno de los bolsillos de su amo se encontraba una nota:

"Llega a casa y llama al siguiente número: +813 xxxx-5982. Pide hablar con Hamiyo, dale la ubicación de Giovanni; dile textualmente que Tsuki quiere cobrar la deuda de sangre. xoxo Asdis"
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Re: Departamento

Mensaje por James Lockwood el Lun Dic 23, 2013 2:46 am

Por supuesto que debería haberse escapado ¿Quién se arriesgaría por una ladrona que lo más seguro era que terminara robándole lo poco que tenía? No era de fiar, pero ¿Siquiera lo era él? Además de que no podía darse el lujo de regresar a comprar otra mascota. La necesitaba, al menos por un tiempo. - No me arriesgué por tí especí- ... - Quiso explicarle, más no tuvo tiempo de terminar su oración. Los labios de la felina sellaron los propios, en un beso que no tardó en profundizarse pero terminó más pronto de lo que hubiera deseado, observándola marcharse apresuradamente.

Reposó su espalda contra la pared un segundo, con una sonrisa triunfal en sus labios. No había mujer que se resistiera a sus encantos, definitivamente. Si bien la gata se había hecho la desinteresada en un principio, no tardó en caer en sus redes, al igual que todas. Y lo peor de todo, aunque quizás se debiera unicamente a la adrenalina que la situación que estaban viviendo le generaba, era que se había quedado con ganas de más.

Con unos pocos segundos de diferencia, salió del armario, siguiendo sus pasos hasta toparse con Giovanni y sus hombres, paralizándose en cuanto vió las armas apuntándolo. "El señor héroe pretendía que me fugara con él" La escuchó decir, al tiempo que sus miradas se cruzaron buscándose; la de él con confusión y enfado, y la de ella con desprecio. "¿No es tierno?" Apretó sus puños. Le había tomado el pelo; lo estaba entregando. - Eres una... - Iba a insultarla, pero retrocedió un paso al sentirse a escasos segundos de ser atravesado por una bala.

Y tan pronto como su corazón había trepado hasta su garganta por el susto, bajó de golpe ante las nuevas palabras de ella, quien pedía que lo liberaran sano y salvo. Ahora sí que no comprendía nada de nada. ¿De qué lado estaba ella? Los dos hombres pronto lo tomaron por los hombros, arrastrándolo fuera del lugar, y él permaneció sin reacción por unos segundos. - Hey, espera ¿¡En verdad vas a quedarte aquí!? - Preguntó, pero ella siquiera le dirigió una mirada, y pronto fue arrojado -una vez más- fuera de esa escuela abandonada.

Se quedó mirando la puerta unos instantes, antes de golpear el suelo a puño cerrado. - Maldita sea. - ¿Cómo era que siempre acababa perdiéndolo todo? Se levantó del suelo y sacudió su ropa, para tomar del bolsillo de su jean las llaves de la motocicleta, emprendiendo el camino de regreso hasta su casa lentamente, tomando el camino más largo, como si tuviera pocas intenciones de llegar.

Aún así, lo hizo, y una vez que subió a su departamento, se dejó caer pesadamente en el sofá, maldiciendo repetidamente para sus adentros. ¿Qué haría ahora? Miró hacia el techo. Se le antojaba un cigarro... Sabía a la perfección que no tenía, pero llevó una mano al bolsillo de su chaqueta, como si esperara un milagro. Pero encontró algo completamente diferente. - ¿Qué es esto? - Habló para sí, al tiempo que sacaba de allí dentro un papel doblado en cuatro, abriéndolo para ver qué decía.

"Llega a casa y llama al siguiente número: +813 xxxx-5982. Pide hablar con Hamiyo, dale la ubicación de Giovanni; dile textualmente que Tsuki quiere cobrar la deuda de sangre. xoxo Asdis"

Sonrió para sí. Esa gata era mucho más astuta de lo que parecía. Sacó su celular del bolsillo lateral de su jean y marcó el numero de la nota, esperando mientras el tono sonaba. Y cuando atendieron, nadie habló. - ¿Hola? - Habló, para asegurarse de que en verdad habían contestado. Escuchaba una respiración, más la persona del otro lado del telefono no se molestó en responderle. - ¿Se encuentra Hamiyo? - Preguntó, y por fin una voz rasposa le respondió. - ¿Quién lo busca? - Bueno, si es que eso se puede llamar "hablar", pensó, y volvió a hablar. - Tsuki quiere cobrar la deuda de sangre. - Repitió lo que decía la nota textualmente, y aunque no pudiese ver al sujeto del otro lado, algo le dijo que había sonreido. - ¿Donde? - Preguntó, y James le pasó la dirección de la escuela, para encontrarse luego con el tono respondiéndole. Había colgado.

Suspiró. Si hablar con ese hombre por telefono lo había tensado, ni quería imaginar lo que sería en persona. ¿Estaría bien quedarse sentado a esperar que regresara?  Negó con la cabeza. Por supuesto que no. Se había resignado a haberla perdido hace unos minutos, y no lo dejaría a la suerte ahora que tenía la oportunidad de recuperarla. Tomó sus llaves una vez más, y volvió hacia el lugar, quedándose en la calle de enfrente vigilando la puerta, como si esperara ver llegar a aquel hombre que se hacía llamar Hamiyo.


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Re: Departamento

Mensaje por Asdis el Dom Jul 13, 2014 12:09 am

Asdis siguió al hombre de regreso a donde antes la tuviesen amarrada, pasando a sentarse de malas intenciones y con pocos ánimos sobre el escritorio de aquel salón. Viendo con desgano hacia una de las ventanas, profirió un suspiro que llamó la atención del hombre que le clavaba la mirada con sumo interés.

- ¿Aburrida ya? -los felinos ojos de ella se posaron en él con cierto repudio penetrante, que podría jurarse de asesinar a quien tuviese las ganas de observarla; aquello disgustó el rostro de Giovanni quien se le acercó para tomarla del cuello- A mí no me mires así, maldita -la gata siseó y arañó el rostro del regordete sin previo aviso, siendo liberada en el acto, permitiéndole dar un salto para mantener sus distancias.

- No te esperes menos, los gatos no son para ser domados -volvió a asesinarle con la mirada y se cruzó de brazos- Para robar es para lo que me necesitas, ¿no? Trabajo sola, si quieres que haga tu trabajo sucio, más te vale que me des lo que se me antoje o tendremos problemas. Ya me deshice del idiota de mi amo, nada me cuesta deshacerme de ti -sonrió con malicia- ¿o es que crees que puedes mantenerme atada así no más? -el hombre la miró con cierto odio; ella tenía razón: o la tenía o no la tenía, y lo mejor de tenerla, era que los hurtos jamás serían encontrados y él no podría ser señalado; aunque... saltar de mafioso a ratero no era de las mejores opciones, debía ganarse el interés de la gata.

- ¿Qué propones para ello minina? -ella le mantuvo la mirada un rato, antes de disponerse a cuadrar sus demandas, una a una.
– un rato después –

- Ah... Tsuki -susurró una voz suave tras haber aspirado el aire de la zona.

Frente a aquel abandonado edificio, bajo la sombra de algunos árboles, una figura ataviada de ropajes típicos japoneses de hace unas cuantas eras, observaba con diversión la arquitectura rudimentaria. Su cabello blanco, se apreciaba con claridad, casi no distinguiéndose de su piel, orbes rojizos y contextura física pequeña en facciones; una joven, muy hermosa. Si, peculiar, pero hermosa a su modo, evocaba la apariencia simple de un ratón de laboratorio, todo condensado en una preciosa señorita que no elevaría la edad de Asdis en apariencia, pero si en seriedad.

- ¿Cuántos? ¿Dónde? Y ¿Cómo? -susurró antes de agacharse y permitir que un ratón blanquecino saliera de su manga y corriera hacia el edificio. Segundos más tarde la chica miraba la entrada, cual se abría de par en par y, a una velocidad fuera de lo normal, se adentró dentro del territorio enemigo con una sola cosa en mente: matar a todos aquellos enemigos de su querida Tsuki.

- Entonces... ¿Te atienes a mis demandas?

- ¡¿Estás demente malnacida?! -la gata gruñó y le miró impertinente, así como molesta.

- ¿Cómo me llamaste? -se detuvo y agudizó su oído superior al humano, pudiendo captar lo imperceptible de aquellas matanzas, ensanchando una sonrisa algo maquiavélica en cuanto el olor a sangre llegara a sus fosas nasales; cosa que procuro algo de miedo en la mirada del tipo- Llegó la hora... -sus palabras fueron cortadas por el abrir seco de la puerta.

La pequeña figura de la blanquecina chica de atavíos japoneses se encontraba de pie, con una expresión nada inmutable ante las caras en shock que se atrevían a posar sus ojos en ella. Cada uno de los objetos que la componía y de sus mismos cabellos, se hallaba en el lugar que era: tal y como alguien imaginaría a una chica que fuese a ver un festival japonés tradicional, con la única diferencia de que toda, de pies a cabeza, se encontraba bañada en sangre que goteaba espesamente por sus brazos descubiertos gracias al hecho de arremangarse las mangas del yukata, hasta el cuchillo que posaba en su diestra.

Asdis se acercó con sigilo hacia Giovanni por la espalda, hablando con la mayor de las sutilezas.

- Nos vemos en la otra vida, maldito.

En pocos segundos, las dos jóvenes salían por la puerta principal, habiéndose encargado la más baja de todo el trabajo, solo para prenderse del brazo de la felina cual niña a su madre. Asdis iba con una sonrisa calma en sus labios, desvió la mirada hacia la chiquilla y se detuvo para limpiarle el rostro con sus manos.

- ¿Fue muy difícil?

- Me dio la dirección en el acto -sonríe la rubia.

- Bien... Yo debo volver, ¿Regresarás ya? -la joven por vez primera expresa sentimiento en su cara; uno de reproche.

- Quiero quedarme con Tsuki.

- Per- -la expresión de la joven albina cambió, demostrando en ese instante, quién de las dos era la dominante, pasando a tomar el mentón de la minina.

- Me quedaré con MI gata, hasta que me dé la gana ¿De acuerdo? -indagó firme.

- H-hai... Ojou-sama... -susurró Asdis, mas, antes de que algo más sucediera, ambas movieron sus orejitas y dirigieron sus miradas hacia la posición exacta de James. Asdis se irguió y Hamiyo se aferró nuevamente a su brazo- ¿Has vuelto por mí? -rie divertida- ¿Tenías miedo que me escapara? -desvía la mirada hacia la chica- Ella es Hamiyo, una muy vieja conocida mía; se quedará en casa con nosotros unos días -la joven aún ensangrentada dirigió sus orbes al joven.

- No hay discusión en el asunto.
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Re: Departamento

Mensaje por James Lockwood el Dom Nov 30, 2014 9:20 pm

Los minutos pasaban y nada sucedía. ¿Donde estaba el tal Hamiyo? Quien sabe qué le estarían haciendo a esa felina allí dentro. Aunque a decir verdad, más bien estaba intrigado. ¿Se trataba de un asesino serial? Debía estar lo suficientemente entrenado para poder derrotar a los miembros de una mafia. ¿Debería haberle comentado aquel detalle para que se viniera más preparado? Suspiró.

Se alertó al momento en que vio a una muy hermosa joven de cabello blanco dispuesta a entrar al edificio abandonado. ¿Se habría escapado de su casa y buscaba un lugar donde pasar la noche? Si buscaba acercarse, podría ser demasiado tarde, pero para advertirle desde esa distancia, debía gritar, y eso podría alertar aun peor a los secuaces de Giovanni. No podía hacer nada por ella.

Escuchó revuelo una vez que estuvo dentro, sin saber si era por la pequeña que acababa de entrar, si se había perdido la entrada de Hamiyo o qué rayos estaba sucediendo, pero pudo enterarse de ello al ver salir de allí a dos figuras femeninas, distinguiendo a una como Asdis, y a la otra... Se quedó perplejo ante la visión de aquella pequeña joven cubierta de sangre.

Iba a responder la pregunta de la felina, cuando presentó a su acompañante. ¿¡Hamiyo?! ¿Esa pequeña joven era quien había acabado con todos? Se había quedado perplejo, tanto que tardó unos segundos en procesar lo que siguió. - ¿Que "se quedará en casa con nosotros"? ¿No crees que deberías pregun-? - Iba a reprochar, pues no había sido una pregunta, sino una afirmación, pero la pequeña niña blanquecina lo interrumpió. - No hay discusión en el asunto. - Sentenció, y él no pudo más que fruncir el entrecejo, más no reprochó. Definitivamente no quería enemistarse con una dama, y mucho menos la dama que acababa de acabar con un numeroso grupo de mafiosos.

- Bien. - Suspiró. - Pero no podemos volver los tres en mi moto, no entr- - Y la joven volvió a interrumpirlo. - Si podemos. - Acto seguido, se transformó en un pequeño ratoncito blanco y trepó por la pierna de Asdis, hasta su mano, para que la tomara.  James parpadeó. - De acuerdo, tu ganas. - Se resignó, y le dió un casco a la felina en lo que agarraba el suyo y se lo colocaba. Esperó que ella se montara detrás de él y partieron rumbo al edificio.

Al llegar, se dejó caer en el sofá con pesadez, cansado de todo el correteo de aquel día. - Hagan lo que quieran. - Les dijo, sin preocuparse por ellas, en lo que prendía el televisor. Sin embargo, el destino no quería que se olvidara de lo sucedido aún, ya que en el canal de noticias que estaba puesto se leía el titulo: "Encuentran a un peligroso grupo de mafiosos muertos". Subió el volumen, mientras una reportera hablaba desde la puerta del lugar del que acababan de salir hacía apenas unos 20 minutos.

- La noticia se dio a conocer por una vecina del lugar que llamó a la policía diciendo que había oido gritos y algunos disparos dentro de la vieja escuela abandonada. Cuando la policía llegó al lugar, se sorprendió al encontrar una gran cantidad de hombres tirados en el suelo, sin vida. Pero la mayor sorpresa fue encontrar muerto en otra habitación al lider de un gran grupo de mafiosos que se hacía llamar Giovanni, a quien la policía venía buscando hace ya unos meses. - La periodista continuó brindando información, hasta que mencionó algo que hizo que a James empalideciera. - Aún no se sabe bien quién asesinó a este lider mafioso, pero hay una gran noticia: Las joyas que fueron robadas el día de ayer fueron encontradas en el mismo lugar, por lo que se asume fueron ellos los causantes del robo. Las joyas serán ahora devueltas a su correspondiente negocio. - James puso el televisor en silencio.

- Las joyas... nos olvidamos de las joyas... - Dijo más bien para sí, sin poder creerselo. Todos sus problemas financieros podrían haberse resuelto con eso, las joyas valían una fortuna y Asdis no había dejado rastro alguno, era el crimen perfecto. Apagó el televisor y suspiró, mirando de reojo a Asdis. - Podrías haber agarrado al menos un diamante, ¿no? O un Rubí. - Se quejó, y luego miró a la ratoncita, que había vuelto a su apariencia humana... y aún su ropa chorreaba sangre. - Y tú deberías darte un baño. - Le dijo, y volvio a ver a la felina. - Enséñale donde está la ducha, dudo quiera seguir con sangre de tanto sujeto encima, mientras veré que comeremos. -

Una vez que ambas se retiraron del lugar, se puso de pie y abrió el refrigerador, solo para recordar que era pobre y que no había allí mas que una botella de vino medio vacía, una caja de jugo y condimentos. Suspiró, una vez más. Su vida si que era triste. Alzó la vista al ver regresar a Asdis. - ¿Cuanto come tu amiga? Porque no hay comida, ni dinero. Bueno, es o comprar comida o cigarros, y puedo estar sin comer por unos días, pero no sin fumar. - Dijo, debiendo ciertamente ordenar sus prioridades, pero aquella era su peor adicción.

- Por cierto. - Cerró el refrigerador y volvio a mirarla. - Seré un cretino en muchas cosas, pero al menos tengo modales. - Sonrió levemente para sí. - Gracias por la ayuda, me has quitado un peso de encima. - Se apoyó contra la mesada de la cocina. - Hacía mucho venía postergando esa deuda, al menos ahora tengo una menos. - Soltó, dando a entender que no era la unica. - Sin embargo - Su sonrisa se tornó más picara y se empujó levemente de la mesa, para acercarse a ella. - Hay otra que quiero saldar - Tomó su mano y la atrajo hacia él. - y tambien puedes ayudarme. - La tomó esta vez por la cintura con ambas manos y fue por sus labios, capturándolos en un beso lento y suave pero no por eso poco profundo, dejando que su lengua acariciara la suya, mientras la apegaba a él. - Eso es por el beso que me robaste en la escuela. - Mordió su labio inferior. - Aunque - Se acerca a su oido. - Ojala te debiera más que eso. - Susurró.


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Re: Departamento

Mensaje por Asdis el Dom Nov 30, 2014 11:22 pm

Se dirigió seguida de Hamiyo hacia el baño. Abrió la ducha y comenzó a jugar con las manillas mientras conseguía que el agua no saliera tan caliente; la albina por su parte, cerró la puerta y abrazó a la felina por su cadera mientras una de sus manos se escurría hacia la entrepierna ajena.

- Ah~ Sabía que reconocía el rico olor de tus fluidos, gatita~ -susurro con una sonrisilla divertida mientras con un simple roce en la parte trasera de sus rodillas, hacía que la gata gimiera suavemente mientras caía al suelo arrodillada, siendo así capaz de atacar su oreja- ¿Te ha excitado el peligro en el que estabas...? Tal vez la manera en cómo te doblego, hm~ -muerde su oreja- O quizá ya planeabas meterme al baño antes~

- H-Hamiyo...

- ¿Hm? -frunció el ceño en reproche- ¿No gemirás para mí? ¿Con qué poder te crees, Asdi-? ¡Ah! -la minina logró voltearle y tirarle al suelo, tomándole de sus manos mientras su lengua jugueteaba sobre el cuello blanquecino de la joven en las partes donde no hubiese sangre, haciéndole jadear de placer- M-mala gata~

- Mira quién habla -se quejó con una sonrisa pícara para luego colocarse de pie y dirigirse hacia la puerta.

- ¿Estás tomada? -la gata ríe y le mira desde la puerta; Hamiyo achina la mirada y sonríe- No, estás mezclada ¿Es luna llena cierto? Anda a la cocina y bebe algo, es una orden.

- Como ordenes~ -ríe divertida realizando una zalema elaborada.

Camino a la cocina, justo ya en la puerta de la misma, se encontró con James, y su cara de abatido pero sonriendo a su propio pesar mientras le explicaba la situación, tras cerrar el refrigerador. Ella en cambio lo abrió, pues sabía que restaba una botella de vino allí y la tomo con una mano solo para terminar de oír sus explicaciones. Pasando ahora a ver cómo se le acercaba y capturaba sus labios sin que ella pudiera ejercer queja alguna; le alejó con una mano y sonrió pícaramente.

- ¿Qué parte de “no me tendrás rogando por más” no comprendes? -inquirió con una mirada de algo de desprecio para luego agarrarle del cuello para que la mirara, presionando la botella contra su quijada- Tu, no me tocarás; sin importar si te permití vivir... -sí, mentía, en realidad a ella le importaba él... Un poco al menos.

- Heh -ambos volvieron el rostro hacia el marco de la entrada a la cocina, donde una desnuda Hamiyo yacía apoyada del marco, con una toalla sobre sus cabellos, para evitar mojar el suelo y alfombra. En su rostro, una sonrisa pícara se dibujaba, mientras la mirada de ella viajaba de uno al otro; Asdis lo soltó sonrojada- Oh, vamos, Asdis; si así me tratabas a mí cuando nos conocimos y... -señala la botella- Aún no obedeces mi orden -sonríe con completa malicia- Toma hasta que no seas Asdis -sentenció a pesar de lo confuso de la situación para un tercio de la ecuación, al cual atisbo a mirar la ratoncita- Puedo oler tu leve excitación ¿Te interesaría unírtenos? -le mira maliciosa- Tengo años sin ver el cuerpo de Asdis, y ya es hora de un “reencuentro” ¿No crees que tengo la razón~? -ríe divertida mientras la gata termina la botella sin haberse detenido- Los espero en el cuarto de ella; tráelo para jugar, gatita~ -susurra aquella antes de desaparecerse.

Poco tardó la gata en cambiar, pues la luna ya ayudaba bastante; su mano dejó caer la botella al suelo y sonrió para sí, mirando a James de forma seductora, acercándose a él tan solo para rodear su cuello, saltar rodeando su cadera con ambas piernas, rozando a propósito la entrepierna de él antes de lamer su cuello desde la clavícula hacia su oreja y el arco de la misma.

- Ya escuchaste a mi ojou-sama~ -susurra aterciopeladamente contra su oreja antes de succionar su lóbulo- Vamos a jugar~ -murmuró logrando bajarse grácilmente de él, para tomarle del pantalón y arrastrarle a la habitación de ella, donde Hamiyo actualmente se encontraba masturbándose con su diestra mientras jadeaba suavemente. Asdis llevó a James hasta la cama y le empujó para que cayera en ella.

- K-kya~ -jadeó aquella llevando la mano a sus labios antes de acomodarse en el sofá y mirar a la gata- Desvístete minina -ordenó sonriendo con satisfacción antes de mirar al pelinegro- Deberías ir haciendo, ¿O prefieres no jugar? Es tu elección después de todo, no te puedo obligar~ -inquirió señalando nuevamente a Asdis, para que él la viera, con un movimiento de sus labios. La susodicha se había inclinado de espaldas a él, justo frente suyo, para retirarse la prenda inferior en ese instante (tras haberse retirado la camisa) descubriendo de forma sutil su vagina sin pudor alguno en aquel movimiento.
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Re: Departamento

Mensaje por James Lockwood el Mar Dic 02, 2014 12:01 am

Frunció el ceño ante el rechazo de la felina, sentándole sus palabras cual patada, y estuvo a punto de responderle cuando escuchó a la joven blanquecina soltar una suave risa desde la puerta, obligando a ambos a voltear el rostro para verla, sin inmutarse él en lo absoluto al verla desnuda. Estaba totalmente acostumbrado a ver mujeres desnudas, después de todo. Pronto se desató entre ellas una conversación de la que él no formó parte, ni mucho menos se molestaron en hacerlo entender. Lo unico que quedaba claro allí, es que la ratoncita tenía completo dominio sobre la felina, lo cual debió admitir le sentó irónico y hasta divertido.

- ¿"Unirtenos"? ¿En qué? - Preguntó, sin captar en un principio, pues hasta donde él  tenía entendido, ellas solo eran amigas. Hamiyo continuó hablando hasta retirarse, y James volvió el rostro hasta Asdis. - Deberías comentarle que no te interesa acostarte conm- - Frunció el ceño al verla beberse todo el vino. - ¡Ese es el vino para impresionar a las mujeres que...! - No pudo terminar su queja, que sintió los brazos de la felina rodeando su cuello, seguido de sus piernas, viéndose obligado a soltar un jadeo al momento en que rozó su entrepierna y lamió su cuello, todo en un acto tan fugaz que lo dejó con ganas.

Como si se encontrase en un leve estado de transe, mantenía su mirada fija en sus ojos rosáceos, que lo veían de forma seductora, diferente a cómo lo mirara antes, mientras era guiado a la habitación y arrojado en la cama, sentándose al borde de la misma. En la habitación, la ratoncita yacía dándose placer a sí misma, hasta que se dirigiera a él. -  Deberías ir haciendo, ¿O prefieres no jugar? Es tu elección después de todo, no te puedo obligar~ -

¿Jugar? Se preguntó a sí mismo, en lo que veía con la boca hecha agua cómo Asdis se desvestía frente a él. Sí quería jugar, pero... La felina se volteó, caminando hacia él de forma lenta, seductora, mientras su mirada no abandonaba los ojos heterocromáticos del pelinegro, haciendolo arder. Pasó a sentarse sobre él, apegando su entrepierna completamente desnuda a su erección, que prácticamente gritaba por ser despojado de sus ropajes e introducirse dentro de ella.

Sus manos fueron a parar a los glúteos de la felina, aferrándolas firmemente para presionarla más contra sí. Sí quería "jugar" con ellas, pero... Guiado por el calor de la situación, comenzó a besar la suave piel de su cuello. ...había algo en aquella situación... La joven de cabello blanco se puso de pie, acercándose a la felina por la espalda, pasando sus brazos por delante de ella, tomando sus pechos entre sus manos y apretándolos mientras besaba el otro lado de su cuello. ...que se sentía incorrecto.

Ambos lamían y besaban el cuello de la felina, mientras algunos suaves gemidos y ronroneos se escapaban de su boca, y él por su parte la movía contra su pelvis, sintiendo cómo su erección crecía con el roce. Sin embargo, su mente se había ido a un lugar diferente. Recordó las palabras que Asdis le había brindado luego de aquel beso. "Tú no me tocarás" le había dicho, para luego de unos minutos subirse sobre él y besar su cuello. Su actitud en aquel momento era totalmente diferente a cómo se comportaba con él habitualmente, incluso su forma de mirar había cambiado. Estaba confundido ¿Acaso era una maldita bipolar o qué era lo que pretendía con él?

Fue entonces que las palabras de Hamiyo regresaron a él: "Toma hasta que no seas Asdis". ¿...Hasta que no fuera ella? No podía comprender aquello del todo, pero solo había llegado a la conclusión de que, cuando bebía, de alguna forma ella se perdía a sí misma. Sea quien fuera que estaba sobre él ahora, no era la minina que conocía. - Ah, parece que aún no está convencido del todo. - Canturreó la ratoncita, mientras tomaba la mano de la felina y la llevaba hasta la zona abultada del pantalón del joven pelinegro. - A ver qué puedes hacer para ayudarlo, gatita ~ - El pelinegro jadeó ante aquel contacto más directo, y se vió obligado a separarse de su cuello, encontrándose con aquellos ojos una vez más.

Niega con la cabeza. - No quisiera interrumpir su reencuentro. - Mintió, como de costumbre, en lo que tomaba a la felina por los hombros y la obligaba a ponerse de pie, alejándola de él. Miró a Hamiyo. - Dijiste que hace mucho que no se veían ¿Cierto? Te la dejaré para que la disfrutes completa. - Sonrió y se puso de pie, en lo que la ratoncita lo miraba con curiosidad. - Espero no te arrepientas luego. - James negó y la peliblanca se lanzó sobre "Asdis" y ambas terminaron sobre la cama, siendo esto lo último que el pelinegro vio de la escena mientras cerraba la puerta.

Suspiró, pudiendo escuchar aún los gemidos en la otra habitación. Debía salir de allí o se volvería loco. Para su buena fortuna, sabía perfectamente hacia donde dirigirse en esos momentos. Salió por la puerta y subió las escaleras hasta un piso superior, donde tocó una de las puertas, esperando que estuviese en casa. - ¿James? - Preguntó perpleja la joven que abrió la puerta. De cabello castaño oscuro y unos hermosos ojos verdes ocultos detrás de unos lentes de marco grueso, la joven lo miró con curiosidad. - ¿Qué necesitas? - Preguntó, con una sonrisa.

James entró al departamento sin preguntar, cerrando la puerta detrás de él en lo que la hacía retroceder, pasando a rodear su cintura con sus brazos y capturar sus labios con deseo. La joven gimió suavemente al sentir su erección contra su vientre, separándose de sus labios y mirando hacia abajo con diversión. - ¿Acaso te rechazó alguna chica que llevaste a tu casa y te dejó con las ganas? - bromeó, pero James negó. - Estaba solo en casa pensando en tí. - Mintió, llevando sus labios a su cuello, besándolo. Ella rió. - Si, claro... - Dijo sarcástica, dejándose hacer por él. Jamás había podido negarse. De más está decir que ambos terminaron en la cama, aprovechándose James de los sentimientos que ella tenía hacia él para tirársela, mientras su mente seguía en la escena de la que acababa de salir.

La joven a la que James estaba usando para descargarse se llamaba Stephanie Jones, y era lo más cercano que él tenía a una amiga, claro que no la consideraba como tal. Hacía ya varios años que vivía en aquel edificio, y lo había recibido muy amablemente cuando él apenas se mudaba, viéndose enredada en sus mentiras y terminando pronto en su cama. Con el pasar del tiempo, se terminó enamorando de él, con la única diferencia que ella sabía ya hace mucho tiempo que él mentía a toda mujer con la que estaba. Lo había descubierto de mala forma, claro, no era como si él pudiera mantener tanta mentira viviendo en el mismo edificio con ella. Sin embargo, ella jamás le cerró la puerta.  Su amor por él era demasiado fuerte como para odiarlo solo por eso, y quizás, hasta mantenía en cierta forma la esperanza de alguna vez poder cambiarlo, haciendo que se enamore de ella. Mientras tanto, disfrutaba sabiendo que, a su manera y de alguna forma, ella era especial para él, pues iba a verla de forma inesperada cuando no tenía a quien recurrir.

James, de cualquier forma, no pretendía nada con ella. No porque no quisiera, sino porque simplemente ya no tenía amor para dar. Varias veces pensó en la posibilidad de enamorarse de ella, pues luego de tanto maltrato de su parte, de tanto desprecio a sus sentimientos, acostándose con otras frente a su nariz, ella le permanecía fiel, pero... no podía hacer otra cosa que pensarlo. Era una joven muy dulce, tranquila y amigable, pero no surgía nada dentro de él cuando estaba con ella.

Luego de que hubieran terminado el acto, Stephanie se recostó de lado para verlo, admirando a su amado. - ¿Me dirás que sucedió? - Preguntó suave, estirando su mano para acariciar las hebras de su frente. - No sucedió nada. - La miró de reojo. - ¿Tienes cigarros? - Ella asintió. No fumaba, pero tenía siempre un paquete por si él se dignaba a aparecerse. Los sacó de su cajón y le dió uno, que pronto encendió como si su vida dependiera de ello, aspirando el toxico humo. - Por eso eres mi favorita. - Dijo, y ella rodó los ojos, pasando a recostarse de su pecho, aspirando su aroma. Adoraba esos efímeros instantes con él.

Tras terminar su cigarro, miró el reloj que yacía en la cómoda. - Ya debería irme a dormir. - Dijo, y ella elevó el rostro. - Puedes quedarte a dormir aquí. - Él negó. - Debo regresar. - Insistió, y la tomó del brazo para indicarle que debía levantarse. - Por cierto - La mira de reojo. - ¿Crees que puedas pagarme por mis servicios? - Bromeó, como si acudir a ella y llevársela a la cama fuese un servicio que le brindara. Ella, con su buen humor, rió. - ¿Necesitas dinero? - Él asintió. - Solo un poco, te lo devolveré. - Mintió, y ella buscó su billetera. - Si, claro. -

La joven le dio una modesta cantidad de dinero, pues detestaba saber que él pasaba hambre, y luego de otro corto intercambio de palabras, se encaminaron a la puerta. - Quédate con los cigarros. - Le dijo ella, y el sonrió. - Gracias. - Toma su mano y le besa el dorso. - Es siempre un placer, Steph ~ - Ella le sonrió con cariño. - Cuando quieras. -

Al regresar a la casa, algunas horas después, se asomó al dormitorio de Asdis, y observó a las dos jovenes dormidas, para luego cerrar la puerta e ir a acostarse a su cama, dejándose caer pesadamente. Debía apresurarse a contarle a Asdis el motivo por el cual la había comprado y para qué la necesitaba, y poder comenzar los preparativos para la llegada de sus padres. Lo haría al despertar, decidió, y con esos pensamientos rondando su cabeza, se quedó dormido.


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Re: Departamento

Mensaje por Asdis el Dom Feb 15, 2015 8:44 pm

Después de la laboriosa pero fugaz faena de reencuentro, Hamiyo se quedó mirando a Asdis dormir plácidamente en su cama. La luna llena ya no sería llena pasada esa noche, por lo que la gatita volvería a ser la peleona, algo antipática pero dulce joven, que al fin y al cabo, terminaba por preocuparse por lo que concernía a su vida; y esto lo sabía la ratoncita. Era así, cada vez al mes, como si le viniera la regla (aunque extrañamente era poco el tiempo de duración de la misma en la felina, y casi imperceptible el sangrado), y siempre era igual, Asdis, no recordaba muy a diferencia de su contraparte.

La albina se levantó con calma y poso una bata de seda blanca sobre sus hombros, caminando fuera de la habitación para dirigirse hacia la sala. Debía irse al día siguiente; la felina no recordaría mucho respecto a lo que dijera para hacer que se quedara, y era mejor así, no causaba problemas en los hogares de ella, no era su estilo. Encendió un cigarrillo; succionó... expulsó, cual respiro. Elevó la mirada al cielo estrellado mientras se las apañaba para sentarse en el balcón, sintiendo la suave brisa rodar por su piel.

Duró allí un buen rato, quizá demasiadas horas, disfrutando del momento, hasta que el sol estuviese por llegar a su apogeo. Se vistió con sus complicadas ropas y se sentó en la sala, esperando ver a quien estaba por levantarse; lo cual no requirió de mucho tiempo.

- Buenos días, James Lockwood -saludó la bajita mujer justo tras colocarse de pie- Espero hayas disfrutado tu compañía anoche y, así mismo, sepas disculpar mi... ¿Exageración? -sonrió tras notar que él no comprendía mucho, parecía aún dormido- Asdis... es una gata con muchos problemas, y no dudo tu tengas más. Solo te quiero dar un par de consejos con respecto a esa chica -le miró seriamente- No le permitas llegar al punto de necesitar alcohol para "enfrentarte". Es una gata muy sensible y delicada, aunque no lo parezca, y todo lo que lleva a cabo para luego olvidarlo, solo hará que la verdadera ella se pierda un poco más. Anoche quería ver que tanto te importaba, y al menos sé, que en un momento antes de rechazarla, te diste cuenta que no era quien creías -se acercó con parsimonia a la entrada del apartamento- No me vayas a mencionar, no recordará mucho de mí; espera a que me mencione y si acaso dile que tuve que volver a encarar unos problemas. Ella entenderá -sonríe con la mano en el pomo de la puerta ya entreabierta, mirándolo a los ojos- Yo que tú evitaría sacarla a ver a cualquiera en luna llena; suceden cosas como las que presenciaste ayer si tan solo una gota de alcohol llega a sus labios, e incluso sin ella. Llámame si se vuelven a meter en líos y -lo miró con un aura algo amenazadora que se notaba no era para jugar- Como me entere que la minina está lastimada al punto de sangrar... Te liquido muchachito.

Se volvió y salió del apartamento cerrando la puerta con un "Nos vemos luego".

Pasó bastante tiempo después para que Asdis se colocara en pie con un terrible dolor de cabeza, que apenas y le alcanzó para leer una nota en la mesita de noche y tomar un paquete. Se colocó la bata blanca que encontró sobre su cama casi a ciegas y salió de la habitación completamente despeinada, con dirección a la cocina a tomar un poco de agua. Tras llegar, notó que James estaba despierto; sonrió a penas antes de un bostezo.

- Buenos días, James -musitó mientras cubría su boca en medio del bostezo, buscando agarrar agua para beber. Tras un rápido vaso, que la espabilara- Hamiyo dejo una nota para mi pidiendo te diera esto -le estira lo que parecía ser un sobre, con algo de vergüenza reflejada en sus mejillas mientras fruncía el ceño desviando la mirada- Dijo que quería ayudar con mis gastos -le entregó lo que parecía un pesado sobre con billetes de alta denominación y una nota que expresaba:

Dentro está la cantidad equivalente a una de 24 cuotas que te daré mensualmente para un total de un millón de dólares para los cuidados y atenciones que requiera la minina. Ya te lo advertí, una sola gota de sangre que ruede fuera de su cuerpo, por imprudencia tuya, y eres hombre muerto. XOXO Hamiyo. PD: No le digas a ella cuánto te estoy dando.

- Iré a darme una ducha ¿Podemos almorzar fuera, hoy? -inquirió mientras se apresuraba a marchar, para no seguir mostrando su rostro avergonzado.
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Re: Departamento

Mensaje por James Lockwood el Mar Feb 24, 2015 1:17 am

La luz solar que se coló por su ventana lo obligó a abrir los ojos, a regañadientes. Había olvidado cerrar las persianas, y una vez que se despertaba era practicamente imposible volviese a pegar un ojo. De cualquier forma, ya no vivía solo, y si no confiaba en la felina, mucho menos confiaba en la ratoncita que se había quedado a dormir aquella noche. No era una mala idea levantarse para ver que estaban haciendo.

Refregandose los ojos, y apareciéndose con la misma ropa con la que había estado el día anterior -pues siquiera se había cambiado antes de echarse a dormir- salió de su habitación, encontrando enseguida a la roedora. - Buenos días. - Fue lo unico que atinó a decir antes de que la albina comenzara a hablar sin parar, dandole más información que la que el pobre joven semi dormido pudiera asimilar. La veia alejarse hacia la puerta, sin comprender demasiado, y antes de que pudiera preguntarle nada, ya se había ido, dejandolo de pie en el medio de la sala con un signo de pregunta invisible sobre su cabeza.

No quiso darle demasiada importancia, por lo que fue a ducharse, buscando conseguir que sus parpados permanecieran abiertos por más de unos segundos. Fue mientras que el agua caia por su cuerpo que pudo recopilar un poco la información que acababan de brindarle: Es decir, basicamente, ella no recordaría nada de lo que había sucedido la noche anterior. O mejor dicho, de lo que NO había sucedido. Suspiró y fruncio levemente el ceño. Si hubiera sabido eso, quizás hubiera aprovechado la oportunidad. Negó con la cabeza, enjuagandose el cabello. No le interesaba aprovecharse de ella, sería lo peor. Debía hacer que ella quisiera acostarse con él.

Luego de vestirse con una camiseta y un pantalón deportivo cualquiera, regresó a la cocina, con el estómago gruñéndole. No había comido la noche anterior. Ni él, ni ellas supuso. Al abrir una de las alacenas, lo unico que encontró fueron unas galletitas de maiz que estaban allí hacía quien sabe cuanto tiempo. Cuando hay hambre, no hay pan duro, le dijo una voz en su cabeza, por lo que se sentó desganado en la mesa y comenzó a comer las ya blandas galletas, disfrutando del silencio de la mañana.

Para cuando ella se levantó, él se había quedado levemente dormido con sus brazos sobre la mesa, despertándose al oir su voz. - Buenos días. - Respondió, siguiéndola con la mirada pero sin modificar mucho su pose vaga. Al menos, no hasta que aquel sobre le fue entregado. Lo tomó con pocas ganas, sin comprender, hasta abrir la pequeña solapa y descubrir varios billetes de 100 dolares dentro. El pequeño pedazo de galleta que acababa de llevarse a la boca se fue por el lado equivocado de su garganta en su asombro, haciendo que se atascara y tosiera levemente.

Sin salir del shock, contó los billetes y descubrió la nota que había allí dentro, leyendola tan rapido como sus ojos podían moverse. ¡¿24 cuotas por un millon de dolares?! Eso era más dinero del que hubiera tenido en mucho tiempo. Sin poder evitarlo, una genuina sonrisa se formo en su rostro, y elevó la mirada para verla en cuanto ella se dirigió a él. - Claro, hoy haremos todo lo que quieras. - Dijo, y no había ni una pizca de trampa o dobles intenciones en sus palabras. Lo rodeaba un aura de radiante muy en contraste con la pesada aura gris que solía rodearlo y que pocas personas conseguian notar por encima de tanta farsa que el pelinegro montaba.

Por una vez en mucho tiempo, la vida parecía sonreirle. No había mejor situacion que la presente. Iría a comer con ella y aprovecharía para comentarle el motivo por el que la había comprado, y si ella aceptaba, tenía dinero suficiente para comprar todo lo que fuera necesario para convertirla en una mujer digna de ser su novia. Aunque ¿Y si se negaba? Negó con la cabeza. Esta vez, decidió convencerse de que la suerte estaba de su lado.

Golpeó la puerta del baño al pasar por el pasillo hacia su habitación. - Ponte la ropa de día más decente que tengas; te llevaré a un lugar especial. - Fue lo unico que dijo antes de seguir su camino. Él por su parte, se vistió con una camisa gris de mangas largas arremangadas hasta el codo con un pantalon de jean negro y zapatos negros. Tomó su billetera, que llenó con unos cuantos billetes y la guardó en el bolsillo trasero de su pantalón antes de salir y esperarla en la puerta del apartamento. -¿Lista? - Preguntó, antes de tomar las llaves de su motocicleta y bajar con ella hasta el garage, donde le entregó el casco de acompañante antes de ponerse el propio y montarse en su motocicleta, aguardando a que se subiera detrás de él.

Condujo en sentido contrario del centro de la ciudad, hacia una zona comercial alejada, por pertenecer a la alta sociedad. No se necesitaba ningun titulo de nobleza para pasear por allí, pero cualquiera que se atreviese aunque sea a comer un trozo de pan en alguno de los tantos restaurantes que había por allí, acabaría gastando un buen dinero. Toda estructura que pasaban estaba en perfecto estado y tanto los edificios como las tiendas tenían entradas lujosas, viendose todo exclusivamente costoso.

Adentró la motocicleta dentro del estacionamiento de un restaurante cuyo nombre se leía "La Parolaccia" en elegante letra cursiva. Se bajaron, dejando que fueran los vallet parking los qu se encargaran de estacionar su vehiculo, y entraron por la puerta principal de aquel lugar, que exhibía elegancia por todos sus rincones. Una moza los guio a una mesa, y enseguida les trajeron la carta. Hicieron sus pedidos, y hasta que se los trajeron, el joven pelinegro se entretenía contándole la historia de aquel lugar, de cómo era el mejor sitio para comer pastas, así como el más caro, habiendo sido visitado por un montón de artistas renombrados. Además del hecho de que, desde su llegada a Kikens, había deseado comer allí, pero no habia tenido dinero suficiente para entrar.

Luego de unos pocos comentarios sobre lo deliciosa que estaba la comida que acababan de traerles, James se detuvo, pensativo, antes de alzar la mirada y llamar su atención con un "Por cierto..." - Has de haberte estado preguntando el motivo por el que te compré ¿Me equivoco? - Tomó un sorbo de la copa de vino tinto que le habían servido, y la volvió a apoyar. - Lo cierto es... que necesito tu ayuda. -

Suspiró, preparándose para explicar. – Verás… Soy el único heredero de una de las familias más adineradas de todo Estados Unidos.  – Sonrió levemente. – “Si eso es cierto ¿Por qué no tienes ni un centavo?” te preguntarás, y la respuesta es “Ellos creen que me va bien aquí”. – Resumió, pero supuso debía ampliar un poco la explicación. – Por… ciertas circunstancias, me fui, dejando todo atrás. – Dijo, en un tono de voz más bajo, apretando inconscientemente sus puños, que yacían sobre la mesa. Y en seguida, su expresión cambió, forzándose a sonreir burlón. – Podrás imaginarlo, ya me había acostado con todas las mujeres que había por los alrededores, armando muchos pleitos entre amistades y esas cosas. – Mintió, con aires de arrogancia y despreocupación.  – Debia largarme de allí; vida nueva, mujeres nuevas. –

Su expresión cambió una vez más, volviéndose más seria, como si se pusiera y se sacara una máscara constantemente. – Pero la vida independiente no es tan fácil como lo pensé, y si bien intenté invertir en algunos negocios, todos fueron fracasos. – Y aquello, también era una mentira. Era lo que le había dicho a sus padres que haría al llegar a Kikens, pero solo había gastado su dinero en sus vicios y juego clandestino. – Aunque, como te decía, ellos no saben eso. –

Se echó levemente hacia atrás en su asiento. – Pero no quiero preocuparlos, ni quiero regresar, por lo que me ví obligado a mentirles, diciéndoles que estoy bien económicamente, en pareja, y pasándola de maravillas. – Se cruzó de brazos y alzó la mirada. – No hubo problemas en todo este tiempo, se lo creyeron todo, pero…  Hace poco, me comentaron que vendrán aquí por unos días, y como verás… - Abrió los brazos, como exponiéndose. – Estoy quebrado, y no carezco de mujeres, pero no quisiera que, ni por un segundo, alguna de las que frecuento se haga ningún tipo de idea por pedirle se venga a vivir conmigo mientras mis padres estén en la ciudad. –

La miró con seriedad. – Allí es donde tu entrarías. – Hizo una pequeña pausa. – Necesito que me ayudes, fingiendo ser mi novia cuando mis padres estén aquí. – Soltó, pero se apresuró a agregar. – Solo en su presencia, no te obligaré a hacer nada raro, solo…  deberías fingir cierto cariño hacia mí, alguna que otra caricia en la mano quizás, o un pequeño beso frente a ellos… no creo que sea mucho pedir ¿Cierto? Además de que deberíamos comprarte ropa adecuada y "entrenarte" en ciertos aspectos, pues les he dicho que eres una chica de “nuestra clase”. – Tomó otro sorbo de vino, humedeciéndose la boca luego de tanta charla. – Una vez que se vayan, si así lo deseas, puedes irte y ser libre, eso es a tu gusto, pero en verdad necesito tu ayuda, Asdis. – Le dijo, con cierto tono de suplica y sinceridad, al menos en la petición.


Última edición por James Lockwood el Jue Mar 03, 2016 2:19 am, editado 1 vez
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Re: Departamento

Mensaje por Asdis el Dom Mar 29, 2015 9:04 pm

Asdis suspiró de espalda contra la puerta mientras el agua fría corría en la regadera, tornándose rápidamente a caliente y elevando el vapor característico. Había contestado con un simple “¡De acuerdo!” al joven pelinegro mientras resbalaba por la puerta hasta el suelo. Tardó un par de segundos en colocarse de pie y golpearse las mejillas molesta.

- ¿Qué demonios de pasa, Asdis? -se preguntó a sí misma antes de bañarse lo suficientemente bien. Mostrando mayor atención a sus partes íntimas por alguna razón.

Tras haber acabado, se dirigió envuelta en una toalla hacia su habitación, cerrando la puerta para escoger un conjunto realmente sencillo y agradable para salir de día. Se encaminó hacia la puerta y, en menos de lo que pudo darse cuenta, ya se encontraban los dos entrando a un hermoso restaurante. La minina miraba en todas direcciones con cierta admiración; pasando luego a enfocarse su atenta mirada en James, que por vez primera le comenzaba a hablar de algo que realmente le interesaba. Pero entonces llegó el mesero y sacudió la cabeza con desconcierto, pasando a fruncir ligeramente el ceño al enfadarse consigo misma.

La comida fue ordenada y servida; pero justo cuando creía que el rato en aquel ameno lugar sería algo totalmente tranquilo, el comenzó a hablar. Ella detuvo su comida para escucharle, aunque con una nota de recelo por haberle interrumpido su comida; bebió de su copa llena de agua y lo estudió un segundo rápidamente. Las primeras cosas parecían ser verdad, pero no pudo evitar notar cómo tensara sus manos y frunció levemente el ceño pues aquello no le parecía propio.

Pero, a pesar de todo, su naturaleza algo dada a extenderse para ayudar a quien lo necesitara por ablandarse al recuerdo de lo que ella llego a pasar, le hizo escuchar todo lo que él tenía que decir sin interrumpirle ni tomarle a mal. Al finalizar, le miró un segundo a los ojos como queriendo encontrar la trampa y suspiró pasando a tomar un sorbo del agua, antes de introducir una porción de la comida en su boca. Le habló luego de tragar, pero mirando su plato lleno de una deliciosa pasta a la marinera.

- Sé que algo me estás ocultando de todo esto -susurró calmada volviendo a comer con normalidad, respondiendo después de tragar cada vez- Pero -suspira y “patea” con el tenedor, un camarón- Por razones que me reservo, te voy a ayudar; a cambio de una cosa -elevó la mirada- Quiero recordar a mi familia. Acepta devolverme mis recuerdos, y seré tu novia falsa.

No dijo nada más por el resto de la comida y no le permitió pedir postre hasta que aceptara y prometiera ayudarla con su petición (la cual estaba vagamente segura de que él aceptaría únicamente por la necesidad de tener su ayuda; así que trató de no darse a sí misma muchas esperanzas. Solo tomo aquello como un seguro). De postre, ella ordenó una tartaleta fría mediana con crema y frutas cítricas de todos tipos, bañada con leche condensada.

Se dedicó a comer un poco del postre y luego elevó la mirada hacia James.

- ¿Quieres? -inquirió por lo bajo extendiendo apenas una cucharada de su postre. Casi como si fuese una ofrenda de paz- Mi último recuerdo es el miedo de vivir en las húmedas calles de Los Ángeles -susurró no dándole mucha importancia si a él le importaba o no- y sé que antes de eso no vivía con la gente de la calle. Pero no recuerdo, y quiero hacerlo.

Terminó su postre y se levantó para encaminarse un rato al baño y lavarse las manos, rostro, enjuagarse la boca... Se miró en el espejo. “¿En qué te has metido, tonta?” Terminó de luchar consigo misma y se encaminó de regreso a la mesa, donde yacía la cuenta ya pagada en efectivo.

- Dijiste hoy haríamos lo que yo quisiera ¿Cierto? -comentó mirándolo- No conozco Kikens ¿Me podrías dar un paseo por la ciudad? Quisiera caminarla.
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