Internado Luterano de la Santísima Trinidad

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Internado Luterano de la Santísima Trinidad

Mensaje por Alexandra Klein el Miér Dic 02, 2015 12:55 am

Internado Luterano de la Santísima Trinidad





De pie frente a aquella enorme estructura edilicia, Alex no pudo más que suspirar. Una vez más, se encontraba en manos de esa gente que solo sabía decirle que era una desviada y tenía asegurado el camino al infierno si no arreglaba su "lamentable comportamiento", mismo que se había visto obligada a enmascarar con el fin de no hacer su vida aún más miserable. Después de todo, sus opciones eran: Permanecer recluida en su casa con estudios privados, sin posibilidad de tener contacto con jóvenes de su edad, o asistir a ese internado religioso. Visto de esa forma, ni siquiera el hecho de tener que usar el asqueroso uniforme sonaba tan mal.

No es como si fuera una persona realmente sociable, pues más bien se caracterizaba por ser dificil de tratar, pero si eso la liberaba de tener que ver cada día de su vida a sus padres, diciéndole qué hacer o como comportarse, prefería tener que tolerar a un grupo de religiosos idiotas que intentaran decirle que hacer.

Si había algo que destacar de todo eso, sin embargo, era que para una deportista, aquel internado era casi como un sueño. Se trataba de un edificio realmente enorme, con instalaciones para jugar al Tennis, Futbol, Voley, entre otros deportes, además de circuito de atletísmo y una inmensa piscina olímpica que ya se moría por probar. Además, los diferentes clubes de cada deporte participaban todos los años de diferentes torneos intercolegiales. Eso era lo único que la tenía emocionada, y la única razón por la cual dudaba ante la idea de tener un mal comportamiento para ser expulsada. 

Luego de haber permanecido unos cuantos minutos frente a la puerta, retrasando su ingreso a la institución, colgó su mochila negra de uno de sus hombros y se encaminó hacia el enrejado negro que la separaba a los estudiantes de su "libertad", mismo que era custodiado por un sujeto vestido formalmente de traje y corbata. -¿Nombre? - Le preguntó él, con su voz gruesa. - Alexandra Klein. - Respondió la aludida, mientras el sujeto corpulento buscaba su nombre en una lista, para luego  girar la llave que permanecía en el cerrojo de la reja, abriéndola y permitiéndole el paso.

El sujeto le indicó que en primer lugar debía pasar por la secretaría para hacer algo de papeleo, marcándole con su mano que se trataba de la primera puerta a la derecha. Allí, pudo ver a una joven de aproximadamente treinta años sentada detrás de un muy ordenado escritorio. - Señorita Klein, bienvenida al Internado Luterano de la Santísima Trinidad. - La saludó la secretaria, con una cordial sonrisa. - ¿No se te cansa la lengua al decirlo? - Respondió Alex, con un tono impertinente. La joven la miró asombrada. - ¿Disculpe? - Inquirió. - El nombre. "Internado Luterano de la Santísima Trinidad.". Debes haber perdido muchos minutos de tu vida diciendo eso. ¿Por qué debe ser tan largo? - Preguntó, fingiendo indignación. La secretaria se aclaró la garganta. - Es el nombre de la institución, señorita Klein, y es un orgullo para mí recibir a las nuevas estudiantes y repetirlo cuantas veces sea necesario. - Tomó un formulario de debajo de su escritorio y se lo entregó. - Completa esto con tus datos, por favor. En cuanto termines, la directora Reed te espera en su oficina. -

Llenó el formulario con desgano, y se lo entregó a la secretaria, quien la acompañó hasta la oficina de la directora; una señora de aproximadamente cincuenta años, de cabello rubio ceniza, esbelta, y ligeramente más alta que ella, la cual la recibió con una media sonrisa cordial, invitándola a sentarse del otro lado de su -también perfectamente ordenado- escritorio. Antes de volver a hablar, se detuvo a leer el formulario que la joven había llenado, colocándose para eso unos lentes con vidrios rectangulares. - Bien, Alexandra, veo que tienes un interés muy alto por los deportes. - Comentó la señora. - Si, es mi único interés dentro de esta institución, si le interesa saber. - Respondió ella. La directora Reed se quitó los lentes y apoyó el formulario en su escritorio. - Hay muchas cosas que tienes por aprender aquí, Alexandra. Tienes ciertas... tendencias, que veremos de enderezar en tu tránsito por el internado. - Alexandra rodó los ojos. Ahí estaba esa oración de nuevo. Si tuviera un dolar por cada vez que alguien le decía eso, tendría... varios dolares. - Oh, eso quedó en el pasado, Directora, fue solo una etapa de la adolescencia que está completamente superada. - Mintió. - Eso espero... De cualquier forma, te hemos asignado una compañera de cuarto que estoy segura te ayudará a seguir el camino de nuestro señor: Nada más y nada menos que nuestra honorable presidenta del consejo estudiantil -

Palabras más, palabras menos, la joven secretaria fue la encargada de llevar a Alexandra a su habitación, mientras ella se preguntaba qué clase de nerd religiosa tendría de compañera de habitación. Apuesto a que era baja, gorda y con unos anteojos circulares ridículos, que jamás tendría suerte en el amor y terminaría haciéndose monja como consecuencia. Claro, nada más alejado de la realidad.

Casi tuvo que contener su quijada cayendo en asombro al ver a la joven que abrió la puerta luego de que la secretaria tocara dos veces. Con una hermosa cabellera larga color almendra y unos orbes color ambar haciéndole juego, la belleza de aquella mujer era deslumbrante. Incluso con ese asqueroso uniforme que les obligaban a llevar, podía saber con certeza que escondía debajo un cuerpo bien formado... y ni hablar de su busto, que resaltaba en su chaqueta. - Señorita Pietro, le presento a Alexan... - Intentó decir, pero la susodicha pronto interrumpió y colocó su mano en el hombro de la bella joven que yacía frente a la puerta, haciéndola a un lado. - ¡Yo quiero esta cama! - Exclamó, en lo que lanzaba su mochila sobre la misma y se paraba con sus zapatos llenos de tierra de la calle sobre las sábanas, sabiendo de antemano que esa era la cama de su compañera, pues había varias cosas sobre la mesa de luz contigua. - No te importa me quede con ella ¿Cierto? - Preguntó, saltando ligeramente en la mísma para "comprobar su suavidad", buscando desde un comienzo iniciar un conflicto, para que su relación con ella no fuera amena.
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Re: Internado Luterano de la Santísima Trinidad

Mensaje por Nathalie Pietro el Vie Ene 08, 2016 8:00 pm

Aquello realmente no le hacía gracia; cada mañana que la necesitaban para algo debía fingir que estaba de buen humor y sonriente.

Aquella mañana, era para informarle que tendría una compañera de habitación. Ella simplemente cerró la puerta tras despedirse.

- ¡Ahg, con un demonio! -vociferó antes de persignarse  y susurrar un “Perdóname Padre” más que todo por costumbre- A pesar de todas mis peticiones anuales, esta vez decidieron obviarla; la directora Reed no tiene contemplación -resopló y miró ambas camas con las manos a la cadera.

Miró una y otra, evaluando la comodidad de ambas. Se había limitado por escoger aquella de la derecha igual que el año pasado, aunque en ese año estaba en una habitación distinta; no sabía cómo era la iluminación matutina, ni la vespertina. No sabía qué tanto ruido recibiría de ambas partes y aquello la traía loca, pero no era una cuestión por la cual debiera dejar que el tiempo lo decidiera ya que, como recién se lo habían informado: tendría una compañera.

Suspiró y trató de obviar aquel sabor amargo, procurando que las cosas salieran lo más a menas posible. Comenzó a cambiarse mientras sus pensamientos fantasiosos la llevaban por varias escenas: Unas bastante agradables, donde las compañeras de habitación eran tímidas y se mantenían al margen por su estatus dentro del instituto; otras bastante pesadas donde serían feministas amantes del orden y la moda, por lo cual tendría que buscar algún rincón del instituto donde pasar sus tardes y no ser molestada en absoluto; y unas mucho más alejadas, donde la chica que viniera fuese una puritana que le miraría feamente mientras hiciera lo que le gusta y no lo que “debía”, quien estaría mandoneándola durante todo el año hasta graduarse.

Con ese último pensamiento en la cabeza, ya habiéndose vestido, se dejó caer sobre la cama con la nariz arrugada: odiaría enormemente tener que calarse ese tipo de pesadez en el internado: y más aún, en su habitación.

Cerró los ojos un rato, meditando la situación: solo tenía esas opciones, pues en un colegio como aquel, solo los mejores y más dignos hijos de familias cristianas eran aceptados. Era medio burocrático si se ponía uno a pensar, y era precisamente por eso que exigió entrar allí: solo entraban los mejores hijos cristianos, por lo que no tendría que lidiar con gente fuera de lugar, solo con una manga de ignorantes de muchas de las cosas del exterior a las que ella les había agarrado fascinación.

Pero antes de poder seguir con aquellas ideas, tocaron la puerta.

Se levantó en el acto y se alisó el uniforme para luego acercarse a la puerta y abrirla. Se encontró frente a la secretaria de la directora, la señorita Transvall.

- Oh, buenos días señorita Transvall -saludó la joven antes de posar su mirada sobre la joven que estaba a un lado y atrás de Transvall. No era de ninguno de los tipos que se había imaginado, eso era seguro. ¿Una punk? ¿Rockera? ¿Una amante del demonio infiltrada? Por alguna razón esas ideas más que perturbarla, la emocionaban por dentro ¡No tendría que limitarse ni restringirse nada!

- ¡Yo quiero esta cama! -exclamó la chica sorprendiendo a Nathalie por completo- No te importa me quede con ella ¿Cierto?

- ¡ALEXANDRA! -espetó Transvall indignada- Cuanto lo siento, señorita Pietro, ella... necesita asesoramiento y tutela con sus modales.

Nath simplemente miró a la chica unos instantes sin inmutarse, con un solo pensamiento en la cabeza: Bueno, creo que eso decide la cama que tomaré este año.

- No tiene razones para gritar, señorita Transvall, no es muy delicado de su parte vociferar en las habitaciones ajenas. Sin mencionar que es la torre de dormitorios, alguien podría estar durmiendo todavía.

La mujer se coloró de pies a cabeza por la “reprimenda” calma y serena que le dio la chica.

- Oh, le pido mis disculpas, señorita Pietro. Si necesita ayuda para contener los modales de esta... –le miró con desprecio a Alex- joven, no dude en hacérnoslo saber.

- Lo haré, ahora, con su permiso -se despidió y cerró la puerta, dándose la vuelta para mirar a Alexandra- ¿Alexandra, cierto? -inquirió antes de sentarse en la cama opuesta a ella y estirarse justo antes de bostezar cubriéndose la boca- Haz lo que quieras, mientras no perturbes mi sueño, ya de suficiente mal humor me pusieron al levantarme dos horas antes de iniciar clases.

Dicho esto se subió a la cama y le dio la espalda a Alexandra para quedarse dormida con asombrosa facilidad.

------

Nath se despertó con el tiempo justo para llegar puntual al salón de clases en compañía de la nueva chica (como debía ser, ya que era la presidenta del Consejo Estudiantil). Aunque, siendo así también se veía obligada a enseñarle todo el colegio, pero dado que eso requería que estuviese en movimiento (y ella honestamente odiaba eso) solo fue de mirarle con calma mientras caminaban hacia el aula.

- Revisa por tu cuenta cuanto gustes, es un lugar muy amplio. Lo que está prohibido es el despacho de la directora, el de los profesores a menos que sea urgente y las habitaciones de otros sin permiso. Si tienes alguna duda, me preguntas; y... -señaló hacia el techo- No hay un solo rincón que no esté cubierto de cámaras -le advirtió a sabiendas que ella no era una cristiana cualquiera.

La mañana se pasó bastante rápido, con las dos materias que vieron en la mañana no hubo ninguna especie de contratiempo, y como pudo apreciarse, ya la mayoría de los profesores tenían puntualizada a la delegada para responder las preguntas, ya que la mayoría se reusaba a hablar frente a los demás: las preguntas iban dirigidas únicamente a ella.

Al sonar la campana del almuerzo Nath suspiró con alivio y se echó la mochila al hombro; todos irían al comedor, así que no tenía necesidad de indicarle a su compañera de cuarto a dónde dirigirse.

Ya tras tomar del buffet lo que quería, Nath se dirigió con su bandeja a lo que parecía ser un patio interno en el centro de la enorme edificación, bien dispuesta a comer su almuerzo mientras terminaba de leer uno de los mangas que le faltaba terminar. Se sentó sobre el pasto, bajo un árbol y sacó de la mochila lo que a simple vista parecía una biblia, pero que era en realidad solo una cubierta para evitar la mirada de ojos curiosos sobre las páginas de dibujos que tenía consigo. Tendrían una hora para almorzar, antes de tomar clase de gimnasia aquella tarde; una clase que muy por seguro, iba a buscar la manera de saltarse.
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Re: Internado Luterano de la Santísima Trinidad

Mensaje por Alexandra Klein el Mar Dic 27, 2016 1:36 pm

Hizo una ligera mueca de desagrado en cuanto notó la falta de reacción en la joven luego de que le usurpara la cama. Sin embargo, debió admitir que le resultó algo divertida la verguenza que le hizo pasar a la asistente, provocando que esta se marchara de la habitación sin más. Acto seguido, la chica de pelo castaño se dirigió a ella, con marcado desinterés, para luego tirarse a dormir, incluso si faltaban dos horas para el inicio de clase.

"Haz lo que quieras, mientras no perturbes mi sueño." Había dicho, y muy lejos de esas palabras, su mente había registrado "Perturbar su sueño", como si estuviese elaborando mentalmente una lista de las posibles formas de molestar a aquella chica y que le comunicara a la directora la mala influencia que era para los jovenes de aquella escuela. A decir verdad, no había podido tocarle mejor compañera de cuarto que la persidente del consejo estudiantil; aquella que más influencia tenía sobre profesores y la directora.

Las horas restantes se las pasó desempacando su maleta, que previamente había sido ingresada al instituto, colocando algunos adornos sobre el escritorio que le correspondía, mayormente trofeos de deportes como Voley y Tennis, y una bola de baseball firmada por un jugador famoso que a ella le gustaba. Aún le faltaban cosas que desempacar, pero por ahora serviría. Después de todo, lo más probable era que no se quedara allí por mucho tiempo.

Terminaba de armar su mochila al tiempo que la joven despertó, y juntas salieron hacia el salón de clase, mientras ella le daba el permiso de salir a recorrer por su cuenta y le advertía de las cámaras de seguridad; un dato que definitivamente le venía de ayuda.

Como siempre, padeció las aburridas clases regulares hasta la hora del almuerzo, donde la presidenta desapareció de su vista, pero no le dió mucha importancia en aquel momento. Venían sus dos partes favoritas del día: El almuerzo, y educación fisica.

Se dirigió emocionada al buffet, después de todo un internado tan grande de seguro tenía menu libre y cientos de opciones para elegir. Luego de atravesar una puerta, se encontró con un enorme comedor, con varias mesas rectangulares considerablemente grandes y muchas sillas alrededor. Por supuesto, y como era de costumbre en cualquier internado de tal calibre, cada quien ya tenía un grupo armado con el cual se sentaban, y casi que los recién llegados eran marginados hacia los jardines o incluso algunos se limitaban a comer en el baño para no ser vistos comiendo solos. Eso hasta que conocieran a alguien y se les permitiera sentarse en alguna mesa sin ser mirado como si trajera la peste.

En su caso, esa situación nunca llegaba. Había cambiado de escuela varias veces por sus comportamientos, y siempre llegaba con aquella.... fama, de que era una desviada. Si de por si su actitud no era la mejor, eso que se rumoreaba de ella no facilitaba que nadie quisiera comer a su lado. Por supuesto que jamás se hubiera ido a comer al baño, pero el patio o el jardin siempre eran una buena opción. Al aire libre, con la naturaleza, lejos del ruido y los estupidos religiosos rezando antes de comer.

Tomó del buffet un poco de todo lo que le cabía en la bandeja, principalmente carne, bañada en alguna salsa, algo de carbohidratos como pure de papas, y nada de ensalada, pues era una carnivora por naturaleza, no sin llevarse una mirada de desaprobación de la cocinera al ver todo lo que la joven ordenaba que le sirvieran.
Sin reparar en esto, salió al patio interno, pues fue el primer espacio al aire libre que encontró, y no le sorprendió ver allí a varios pobres diablos comiendo esparcidos por el suelo, cada uno sin hablar entre sí. Lo que sí le sorprendió fue ver allí a su compañera de habitación, la presidente del consejo estudiantil, quien hubiera asumido sería de las primeras en tener todo un grupo de chupa medias queriendo sentarse a su lado en la mesa principal del buffet.

Atraida por la curiosidad, y aún así en plan de molestarla para conseguir su expulsión, se acercó a ella con su bandeja. - ¿Ustedes los religiosos leen la biblia hasta mientras comen? ¿Que no te cansas de leerla? ¿Cuantas veces van ya? ¿Doscientas? Con tantos buenos libros que hay. - Dijo, con una voz burlona, para pasar a sentarse junto a ella, manteniendo por supuesto una prudente distancia. - Por otro lado... que sorpresa, presidenta. ¿Es que acaso es tan estricta con sus compañeros que ninguno quiere dirigirle la palabra o comer con usted? - Preguntó, aún con aquel tono, pero sintiendo real curiosidad, mientras se llevaba a la boca un nada delicado trozo de carne que llenaba y manchaba sus labios de la salsa.
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