Encuentros demoníacos

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Encuentros demoníacos

Mensaje por Padre Thomas el Sáb Dic 12, 2015 3:29 pm

Sus piernas temblaban en nerviosismo y ansiedad mientras yacía sentado en uno de los bancos del interior de aquella iglesia. El arzobispo lo había convocado temprano en la mañana para poner inicio a la misión de la cual poco le había comentado. Y en parte, eso era lo que lo tenía tan impaciente. Numerosas veces lo habían llamado para participar de exorcismos y otros ritos secretos en nombre del Vaticano, pero esto era algo diferente. 

No se trataba de un grupo de curas. Solo él se encontraba sentado en aquella inmensa iglesia vacía, cuya magnífica estructura le parecía más grande cada vez que miraba hacia el techo. ¿O quizás era él quien se sentía cada vez más pequeño? La unica figura humana allí además de la suya era la estatua de cristo crucificado que yacía colgada del techo, juzgándolo en silencio.

Y como si fuera poco, dentro de la habitación contigua al altar, comenzó a escuchar dos voces que se acercaban cada vez más a la puerta, como si acabasen de regresar de algún otro sitio. - ¿Está seguro de esto? No creo que sea el indicado. - Dijo una voz ronca, que se notaba pertenecía a un hombre mayor. - El joven Thomas se ha consagrado padre con honores. Tiene un incomparable sentido de la moral y la responsabilidad que no he visto en mucho tiempo. - Respondió otro sujeto, cuya voz reconoció al instante. - Puede que eso sea cierto, pero no deja de ser un jovencito. - Insistió aquel. - Precisamente. Es joven, su fé es fresca y firme. Hay muchas más posibilidades de que pueda... resistir a la tentación. - Expresó, dejando que su voz se envolviera en misterio al pronunciar la última palabra.

¿Tentación? Se preguntó para sus adentros el joven, quien no podía evitar rezar mientras escuchaba pecaminosamente la conversación ajena, incluso si no había sido él quien se había parado detrás de la puerta a ver si conseguía oir. - Discúlpame oh padre todopoderoso. - Susurraba en silencio mientras sostenía su cruz entre sus dedos. Sin embargo, sabía que no importaba cuánta tentación fuera puesta ante él, jamás cedería. Su fé era mucho más fuerte que la de cualquiera. Le debía a Dios la vida de su hermana, después de todo.

Finalmente, la tortura terminó y se puso de pié de un salto al oir la puerta abrirse, colocando sus brazos firmemente a sus lados como si de un militar se tratara, más por nervios que por protocolo. - Ah, Padre Thomas, usted sí que es puntual. - Dijo aquella voz conocida, acercándose a él con su mano extendida, que Thomas se apresuró a estrechar. - Llegar tarde sería una falta de respeto a usted, Arzobispo Gabriel. - Le respondió éste. -

El arzobispo era ya un anciano, al menos en edad, pues no lo aparentaba tanto en su apariencia. Delgado, un tanto más alto que él y de cabellos grices, ya sea en su cabeza como en su vello facial, era raro verlo sin su típica sonrisa en el rostro. Jamás lo había visto con un rostro preocupado, ni siquiera en los más dificiles exorcismos. "Los demonios se alimentan de tu miedo y energías negativas" solía decir, por lo que su mejor estrategia era llevar una actitud relajada y jovial ante todo. Probablemente a eso se le debía atribuir su rostro carente de arrugas.

Quien lo acompañaba era un completo desconocido para él, pero le debía el mismo respeto, por lo que le ofreció su mano con una gentil sonrisa, tardándose el sujeto unos instantes antes de estrecharla. - Padre Thomas, es un placer. Soy el arzobispo Donnovan. - Se presentó el sujeto, que quizás tenía la misma edad que Gabriel, pero se veía notablemente más avejentado, algo excedido de peso y más bajo. - Donnovan ha venido directo desde el Vaticano solo para conocerte a tí. - Dijo Gabriel, como si eso debiera enorgullecerlo. Por el contrario, Thomas tragó saliva.

- Padre Thomas, solo espero que entienda que mi presencia aqui es un indicador de la gravedad del asunto. - Thomas asintió. - Lo comprendo, Arzobispo. - Aseguró, procurando que su voz no le temblara. - Y que una vez que acepte hacerse cargo de esta mision, no podrá retractarse. Deberá hacer un juramento divino, donde solo la muerte puede liberarlo. La información que le brindaremos es confidencial, nadie, ni siquiera su familia, puede saber qué es lo que está sucediendo. - Su tono de voz adquirió severidad, y sus ojos negros se clavaron en él, consiguiendo intimidarlo un tanto. - No rompería ninguna promesa que hiciera en nombre de nuestro señor. - 

El arzobispo Donnovan miró a Gabriel un instante, antes de asentir, dando su aprobación. - Bien, Thomas, tu y yo ya hemos trabajado juntos ¿Cierto? Sé muy bien que estás familiarizado con el trato con personas... corruptas. - Su tono adquirió seriedad en lo que pronunciaba lo último. - Claro, Arzobispo, he estado en numerosos exorcismos. - Gabriel negó levemente con la cabeza. - En este caso, no es un exorcismo para lo que necesitamos tu ayuda. Este caso no es uno normal, aún quedan muchas investigaciones por hacer, pero... necesitamos un cura con una moral tan alta que pueda mantenerla vigilada sin sufrir las consecuencias. - 

Ante sus palabras, parpadeó levemente sorprendido, pues era la primera vez que, sabiendo de la posesión de un demonio, no se procuraba hacer un exorcismo directamente, pero optó por no hacer ninguna pregunta. - No tienen de qué preocuparse, tengo muy en claro cuales son mis creencias, y no hay demonio que podría hacerme traicionar ninguno de los 10 mandamientos o hacerme caer en alguno de los 7 pecados capitales. - Afirmó convencido, pues no era ese su temor. Lo único que le hacía temblar levemente las rodillas era tener que convivir con un demonio. Si algo había aprendido de los exorcismos, es que las energías demoníacas tendían a pudrir los órganos humanos y la piel, y cuanto más pasara el demonio dentro de la persona, peor era el resultado. Ni siquiera podía imaginar en qué estado estaría o cómo se vería hasta que terminaran la investigación y pudieran realizar el exorcismo.

-Bien, en ese caso, acompáñenos, por favor. - Le pidió Gabriel, en lo que regresaba a la habitación de la cual habían salido. Se trataba de una pequeña oficina vacía, que contaba con otra puerta hacia la derecha, a la cual se dirigieron en seguida. - Ella se encuentra detrás de esta puerta. - Comentó el arzobispo Donnovan. - Déjeme advertirle que no se encuentra encadenada ni nada por el estilo. Es... inofensiva, en lo que al daño respecta. O al menos eso pareciera. Es fundamental hacerla cooperar, por lo que mantenerla esposada no es la mejor forma de lograrlo. - Explicó. - De cualquier forma, pase por favor. - Indicó, dejándolo adelante.

Procurando que los nervios no se apoderaran de sí, pues podría ser contraproducente al tratar con un demonio, respiró profundo y tomó la perilla de la puerta, para abrirla, bien dispuesto a enfrentar lo que sea.
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Re: Encuentros demoníacos

Mensaje por Sahriel el Miér Dic 16, 2015 1:46 am

- ¿Qué es lo que sucede?
- Tú solo déjame el trabajo a mí...


***
Hacía apenas unas horas que hubiesen embarcado hacia su destino; y faltaban pocos minutos para su arribo. La temperatura en la cabina de pasajeros era lo suficientemente baja como para erizarle los vellos a cualquiera que no estuviese climatizado para aquellos grados. Los rubíes ojos de la muchacha curiosearon alrededor, esperando alguna señal que le indicara que hacer, hasta que se toparon con el rostro de aquel anciano, y algo dentro suyo la hizo contraerse por dentro en odio y desdén, sin saber por qué.

- ¿Sucede algo Srta. O’leary? -la chica desvió la mirada sin mediar palabras- Si necesita algo sabe que puede decírmelo, su madre me encargó que cuidara no se metiera en problemas, pero realmente no es como la describió.

- ¿Oh en serio~? -inquirió mientras su expresión y postura cambiaban, pasando a encimarse un poco del viejo, que ocupaba asiento a su lado- ¿Estás dispuesto a enfrentar las consecuencias de tus posibles males, querido arzobispo~? Te he visto cómo miras con entera lascivia este joven cuerpo mientras dormitaba inocentemente el borreguito -sonríe de forma pícara notando que el hombre se tensaba tras notar que era capaz de tales cosas- ¿Oh~ es miedo eso que olisqueo? Pobrecito, te ves estresado -comienza a acariciar su rodilla en ascenso- ¿Necesita un masaje~?

Una voz en el altoparlante detuvo los pensamientos de aquella, indicando que ya empezaban a aterrizar, y los ojos de la chica parpadearon mientras comenzaba a entrar en pánico por la postura en que se encontraba. Su rostro aterrado bajó al suelo tras acomodarse nuevamente en su sitio y se abrochara el cinturón; comenzando a rezar varias veces un Ave María en arrepentimiento por sus actos, entrelazando sus dedos de un rosario.

Pocos minutos después, con su valija en mano, la hermosa joven y el anciano cardenal desfilaban por un pasillo hacia un auto negro que los esperaba para conducirlos al sitio de encuentro con lo que sería su destino.

Estando ya en la iglesia, la chica dio su muestra de disgusto con una mueca antes de cerrar sus ojos ante la imagen del Cristo y persignarse con una sonrisa tímida.

- ¿Lo has visto? -inquirió el viejo a un hombre notablemente más joven en apariencia al menos- ¿Te parece una posesión acaso?

- En absoluto, tienes toda la razón Donnovan ¿Estás seguro que no era así antes?

- Tengo declaraciones juradas de la conducta de la chica previa a esto, incluso tengo copias de los videos de las misas, y la chica tiene una actitud realmente ejemplar en ellas. Por lo que descarto en su totalidad el que sea algo psicológico, en especial por el aura que desprende, apesta a demonio.

- ¿No les han predicado que es malo hablar a las espaldas de otros, arzobispos? -inquirió con un aire de diversión la chica que ahora les miraba desde la puerta del pasillo que daba hacia el altar. Su expresión entonces se arrugó en disgusto- No dejen de hablar, quiero saber para qué me han traído aquí contra mi voluntad.

- Srta. Stella-

- Honestamente, que asqueroso nombre -masculló sentándose en la silla frente al escritorio de forma educada, limpiando sus faldas, para luego mirar al anciano con una expresión de sorpresa. Desvió la mirada en todas direcciones confundida, reparando en la nueva persona en la sala para bajar el rostro con premura- Buenos días, Arzobispo -expresó con dulzor en su voz, antes de elevar el rostro.

- Siéntate querida -la chica así lo hizo- Te hemos traído acá porque queremos que emprendas, una serie de... -Donnovan miró a Gabriel.

- Pruebas, por ponerlo de alguna forma.

- Sí. Hemos estado probando a los más fieles de contadas parroquias-

- Al grano señores -expresó con desprecio la pelirroja, haciendo que ambos se tensaran levemente.

- Serás la compañera de un exorcista.

- JA. Sí, claro, como si cualquier idiota pudiese aceptar estar conmigo, y aún más, con una súcubo -se cruza de piernas altiva- ¿Es que acaso el libro desaliñado y viejo ese que les dejaron un grupo de humanos no les ha enseñado lo peligrosos que pueden llegar a ser los súcubos? Ah, no, espera, justo el libro donde hablaba de nosotros fue erradicado -la chica miraba a uno y otro, quienes le devolvían la mirada: uno con ligero temor, el otro con una sonrisa. Clavó sus ojos en el último y sonrió con gusto- Me agrada cómo piensas, continúa.

- Queremos que cooperes con nosotros a cambio de tu libertad. Sabemos que estás prisionera en ese cuerpo.

- ¿Y quién les metió la idea de que es así? -eleva una ceja despreocupada- Bien podría quedarme en este cuerpo, tiene bonitos atributos -comenta acariciándose los pechos.

- Querida, sabemos que es así -insistió Gabriel haciendo que ella chasqueara la lengua y se cruzara de brazos.

- Bien, pero más les vale que no traten de engañarme o los haré pagar uno a uno a cada viejo que se encuentra en esa ciudad de ustedes.

Ambos hombres se dirigieron fuera de la habitación habiéndola hecho firmar un par de documentos, para luego dejarla sola. Suspiró con notable fastidio para pasar a recorrer la habitación sin muchas prisas, podía escuchar sus voces en el pasillo, y el latir desesperado de su interior; no tenía escapatoria, era verdad, pero no era por algo sencillo tampoco ¿Qué tanto sabían ellos realmente de su problema?

“Quiero irme”

- Muy tarde para pedirme escapar ¿Sabes?

“Dijiste que te encargarías”

- Pero es tu voluntad, es como darme el control de videojuegos sin el botón de aceptar.

“... ¿Un qué?”

La joven se da un golpe en la frente y suspira con pesadez nuevamente.

- Olvídalo...

Se puso a rezar nuevamente ante la imagen de otro Cristo dentro de la habitación, logrando así sacarla de quicio por completo; por lo cual no se ensañó más en quedarse. Rato después de que empezara el primero (rezó varios Ave María en arrepentimiento), la perilla de la puerta giró, pero Stella no se detuvo hasta terminar el canto, a pesar que ya estaba al borde. Se persignó y dio la vuelta para enfrentarse cara a cara con un joven tanto mayor a ella, que parecía algo sorprendido.

- H-hola -le miró las vestimentas y bajo el rostro- Buenos días, padre -se apresuró a decir con un tono gentil y animoso- Será un gusto trabajar con usted ¿Ya desayunó, desea hacer un par de oraciones conmigo antes de nuestro viaje? -una leve sonrisa traviesa marcó su comisura, mientras se acercaba con las manos a su espalda- ¿Es acaso lo que esperabas escuchar? -sus ojos brillaron de forma distinta, con aquella aura- Hmm~ Nada mal, arzobispos~ -se burló mirándolo de cerca al chico antes de ladear su cabeza y ver a los ancianos- ¿En serio creen que resista? -mira de nuevo al chico- Puedo partir a cualquiera que me pongan enfrente~

- Has firmado un acuerdo de cooperación -trato de empezar Donnoban, la chica simplemente elevó sus dedos cruzados.

- Ups, creo que no será válido -tronó los dedos y el papel de incineró en un segundo- Cooperaré, mientras me dé la gana de hacerlo -mira nuevamente al joven y sonríe divertida atendiendo al reto en su mirada- ...y por ahora no puedo decir que esté del todo en desacuerdo.
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Re: Encuentros demoníacos

Mensaje por Padre Thomas el Mar Dic 27, 2016 6:54 pm

Un suspiro se escapó de sus labios en cuanto sus ojos se posaron en el cuerpo de la joven que se acercó lentamente a él. Se había relajado, sí, pero su mirada no dejaba de expresar sorpresa, pues tanto su piel como su cabello se veian radiantes, y tendían a ser lo primero que se deterioraba cuando alguien estaba poseido, sobretodo cuando el recipiente era una joven de tan corta edad como aquella. ¿Quizas era una posesión reciente? Demasiado reciente debía ser... No, dudaba que ese fuera el caso. Después de todo el arzobispo Gabriel había mencionado que aún estaban investigando al respecto.

Por otro lado, más allá de su aspecto... La pelirroja se había acercado a hablarle de una forma muy cordial, con un aura que habría engañado a cualquiera, pero él... definitivamente no se fiaba de eso. Notó el momento preciso en que el brillo de sus ojos cambió, dando origen a un aura, ahora sí, más oscura y densa, aunque no por eso pesada. Era... extraña; un tipo de aura que jamás había sentido.

-Al contrario, no esperaba de un demonio nada menos que el arte de intentar engañar a cualquiera que tuviera enfrente. - Le dijo, en un tono cordial, con una suave sonrisa.

Un intercambio de palabras ocurrió entre la joven y el arzobispo Donnovan, y este ultimo se mostró considerablemente alterado por las palabras de la demonio, que aparentemente estaba violando las normas de algun acuerdo que habían firmado.

- No se preocupe, Arzobispo. Me encargaré de vigilarla y lograré hacerla cooperar. - Dijo, con determinación marcada en su voz. - Ningún demonio me hará abandonar el camino del señor. -

Donnovan suspiró, y Gabriel se acercó a Thomas, haciéndole un gesto con la cabeza para que lo siguiera, alejándose unos cuantos pasos, procurando no ser escuchados. - Si en algún momento tienes problemas, no dudes en llamarme, Thomas. No es un demonio común y corriente, ha corrompido a los más renombrados sacerdotes en Roma. No dejes de rezar, eso la mantendrá debil, y aferrate a tu fé. - Le explicó, notándose la preocupación en su voz.

Thomas hizo un gesto reverencial con la cabeza, en agradecimiento. - No se preocupe, no lo defraudaré. - Le aseguró. Gabriel suspiró. - Como es un caso especial, el Vaticano se hará cargo de todos los gastos. - Le entregó una tarjeta de credito y algo de dinero en efectivo. - Para que cumplas los caprichos que pueda llegar a solicitar. Debemos hacerla cooperar a como de lugar. - 
Thomas tomó lo que le entregaba. - De acuerdo, lo haré. -



Luego de aquello, ambos regresaron hacia donde la joven y Donnovan se encontraban, y los cuatro juntos se dirigieron a la puerta de la iglesia, donde se despidieron y le detuvieron un taxi a Thomas, al cual se subió con la joven poseída, rumbo a su departamento.

En el viaje, se negó a responder cualquier cosa que la joven le dijera, manteniéndose con la mirada hacia el frente. Estaba nervioso, no podía negarlo. Hacía poco había sido condecorado con el título de Padre, y solo había participado en algunos exorcismos, pero algo de tan magnitud como tener que convivir con un demonio... era algo insólito realmente.

Al llegar a su departamento, abrió la puerta sin considerar siquiera la idea de que su hermana pequeña estaría allí, saliendo de la cocina con una bolsa de papitas fritas en la mano, vestida con su uniforme escolar. - ¿Faith? ¿Qué haces aquí? ¡Y tan desabrigada! - Preguntó preocupado, olvidando por un instante a la joven que yacía detrás de él, para apresurarse y tomar una bufanda del perchero que yacía junto a la puerta y colocarsela alrededor del cuello. - No queremos que te de otro resfrio. - después de todo, el sistema inmunologico de su hermana era muy debil. -¿No deberías estar en el internado? -



La joven hizo una mueca al ver la bufanda alrededor de su cuello. Lo cierto era que hacía algo de calor, pero sabía que su hermano tenia razon. - ¿Donde tienes la cabeza, hermano? Es Viernes, te dije pasaría el fin de semana aqui, tengo un cumpleaños. - Le recordó. Y ciertamente se lo había dicho. Era solo que con todo lo del llamado del vaticano, lo había olvidado por completo.

Faith notó algo rojo asomarse desde detrás de su hermano, pues al ser la joven pelirroja más baja que él, quedaba tapada por Thomas, excepto su roja cabellera que se filtraba por algunos lados, delatando su presencia. - ¿Huh? - Se inclinó hacia un lado de su hermano para poder verla. - ¿Quien es? ¿Una amiga? - Preguntó, y le sonrió, adelantándose para ponerse frente a ella antes de que Thomas pudiese reaccionar. - Mi nombre es Faith, soy la hermana de Thomas. - Sin pedir permiso, le tomó una mano entre las de ella y se la estrechó animosamente. - Es un placer saber que mi hermano tiene una amiga. - Le dijo feliz.

Al ver el contacto entre su hermana y la joven poseída, los vellos de la nuca de Thomas se erizaron, y sin pensarlo tomó la muñeca de la pelirroja y la obligó a que las manos de ambas se soltaran, colocandose entre ellas. - No, no... verás, ella es miembro de mi congregación, y está... pasando por unos problemas económicos, así que le permití vivir conmigo por un tiempo. - Dijo, y su pulso se aceleró considerablemente, comenzando a sudar levemente por estar diciendo una mentira. ¿Ya estaba dejandose corromper? Negó internamente. Los arzobispos le habían pedido que mantuviera eso en secreto, aquella pequeña mentira estaba permitida, y Dios lo perdonaría. Debía procurar rezar luego. - Olvidé que este fin de semana venías, lo siento. De cualquier forma, ella dormirá en mi cuarto y yo en el sofá, no te preocupes. ¿Si? - Le pidió. - Ahora hay unas cosas que ella y yo debemos discutir, así que si nos disculpas... - Sin soltar su muñeca, se llevó a la joven de la sala hasta su habitación, cerrando su puerta detrás de sí.

- Quiero que dejemos algo en claro. - Dijo, hablando seriamente, en un tono que rara vez utilizaba. - Me dieron ordenes de darte cada capricho que quieras; comida, salidas... incluso quizas drogas, si eso es lo que quieres, lo tendrás, mientras no viole la palabra de Dios. Todo sea por hacerte cooperar, pero - Fijó su mirada en sus ojos, con seriedad. - Llegas a hacerle algún mal a mi hermana, y me encargaré de averiguar la forma de destruirte, incluso si eso implica abandonar mi fe e incursionar en creencias paganas. - Sentenció, severamente. - Solo estará aqui por dos días más, podemos ir a donde tu quieras esos dos días, con tal de mantenerte alejado de ella. ¿He sido claro? -
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Re: Encuentros demoníacos

Mensaje por Sahriel el Mar Ene 17, 2017 3:38 pm

Sahriel se sentía entretenida y tentada; su nuevo juguete era bastante puro, y eso hacía las cosas más interesantes. Aquello sí que le excitaba, se mordió el labio imperceptiblemente mientras miraba al chico hablar con el arzobispo.

El más anciano se alejó de ella pasando a persignarse por haber visto la reacción de ella.

“Los viejos son muy fáciles” pensó mirando con desprecio a Donovan, interesándose aún más en Thomas “Oh, cómo me divertiré contigo~”

- “¡Oh cielo santo, no pienses esas cosas!” -soltó la voz de Stella, persignándose mentalmente.

Sahriel chasqueó levemente la lengua.

- Con un demonio, deja de persignarte mentalmente.



Después de subirse al taxi, Sahriel prefirió darle un tiempo de descanso al pobre Padre, sabía que aquello debía ser duro para alguien tan joven; además, ya tendría tiempo de tentarlo en otras ocasiones. Quería conocer mejor sus puntos débiles.

Al llegar al departamento un pequeño alboroto se dio a notar: la hermana del Padre estaba allí, y parecía ser alguien de poca fuerza inmunológica, pues considerar colocarle una bufanda con aquellos calores, era un poco insólito y fuera de lugar. Stella se trató de asomar por un costado de Thomas por lo curiosa que era, justo al tiempo que la hermana del susodicho hacía lo propio y se adelantaba para saludarla. Stella dio un paso en retroceso por instinto de miedo, pero luego sonrió con amabilidad.

- Un placer conocerte Faith -murmuró tímida.

El sorpresivo y algo fuerte agarre del Padre la tomó desprevenida y terminó retrayéndola un poco a causa de aquello, por lo que bajó la mirada, creyéndose regañada. Cuando fue encerrada en la habitación de un hombre por primera vez en su vida, su corazón dio un vuelco; se pegó contra la puerta cual borrego acorralado rumbo al matadero.

Vagamente escuchaba las palabras que le decía, pero cada que era mencionada alguna blasfemia como “drogas, violar la palabra de Dios, hacer mal, creencias paganas” la muchacha se persignaba al menos unas cinco veces por cada una abiertamente.

- Por favor no me haga nada Padre -rogó Stella- Déjeme salir de este cuarto. No es apropiado que una mujer entre al cuarto de un hombre de esta forma. Se lo ruego, haré mis oraciones, rezaré los avemarías necesarios, solo no me haga nada -soltó en un leve sollozo sin despegarse de la puerta.

- “Stella, eres una cobarde”

- Sácame de aquí... -rogó sosteniéndose la cabeza y temblando.

Una mano le tomó de la muñeca y ella sostuvo la muñeca de la mano que le agarraba a la vez.

- Antes de que hagas que vuelva a tomar control ella, te seré clara: No la hagas entrar en traumas -comentó Sahriel mirándole con una mezcla de seriedad y fastidio- Una vez que entra en trauma me es imposible encargarme y ella se inutiliza a sí misma sin escuchar a nadie -le dedica una sonrisa antes de soltarle la mano- Estás tratando con la consciencia más inocente e incorruptible que hay en la tierra con esta edad. Piensa bien lo que haces antes de actuar. Si lo haces en mi presencia no hay problemas, pero si te la dejo, ya que sé que te das cuenta del cambio de aura, sé cuidadoso.

Dicho esto se apartó de la puerta, procurando no interponérsele.

- No tengo asuntos con tu hermana, no me interesa corromper niñas -aclaró- Deberías investigar mejor sobre mi raza antes de ponerte a hacer prejuicios ¿No dice acaso tu libro adorado que no debes ser prejuicioso con el prójimo? -indagó con una nota de diversión en su voz- Tengo hambre. Lo primero que quiero es comida, de donde sea, solo dame con qué alimentarme, la comida del avión no es para nada agradable.
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Re: Encuentros demoníacos

Mensaje por Padre Thomas el Dom Mayo 07, 2017 7:16 pm

"No es apropiado que una mujer entre al cuarto de un hombre de esta forma", la escuchó decir, y la seriedad de su rostro se tornó en duda. No percibía en aquel tono de voz nada que se le pareciera al sarcasmo con que un demonio diría tal frase; después de todo, poco le importaría a un ser de esa raza el que la moral de una dama se viera perjudicada.

¿Podría ser que...?


- Hey, tranquili- - Iba a decir, posando su mano sobre su muñeca para llamar su atención.

Otra mano tomó la de él, y el padre retomó su actitud más distante, observándola con detenimiento mientras la pelirroja hablaba.

Una posesión parcial, pensó para sí mismo, al comprender la situación.

En un principio, había creido que esa mujer demonio fingía ser una humana inocente para engañarlo, pero no era ese el caso. La usuaria original de aquel cuerpo, tenía aún la posibilidad de cambiarse con la huésped demonio, compartiendo ambas el mismo.

Se trataba de un tipo de posesión extraña, y eran contados los casos en los que sucedía, por lo que la información al respecto era escasa. Pero al menos, los pocos datos que recordaba haber leido en uno de sus libros coincidían casi por completo:

"...cambios de actitud notorios, incluyendo modos de expresarse y todo tipo de lenguaje corporal, como tonos de voz, posturas. En contados casos, el huesped se refiere al usuario original en tercera persona, siendo lo más normal que tiendan a querer ocultar que la posesión no es completa. De cualquier forma, es importante que el caso sea revisado con específica supervisión de diferentes miembros de la iglesia, en tanto podría simplemente tratarse de un trastorno de personalidad múltiple."

Y dado que el caso había sido tratado directamente desde el vaticano, definitivamente no se trataba de un trastorno mental.

- De acuerdo, me encargaré de eso. - Respondió, ante su petición por comida, y abrió la puerta para salir de la habitación, asegurándose de que Faith estuviera encerrada en su cuarto antes de dirigirse al baño a remojarse el rostro.

- Vamos, Thomas, tú puedes hacer esto. - Se decía en voz baja, mientras se miraba al espejo, dándose ánimos. - Solo es un caso de posesión extraño, nada que no puedas manejar. - Continuó, y en su mente divagaban todos los libros sobre posesiones que alguna vez había leido, buscando la mejor forma de actuar, hasta que se le ocurrió una idea.

La niña humana dueña del cuerpo aún estaba allí ¿Cierto? Y hasta donde pudo oirla hablar, se notaba que era una niña muy apegada a su fé. Entonces quizás... quizás era cuestión de fortalecer aún más el espíritu y fé de la joven.

Si, eso haría. Debilitaría el espíritu del demonio ignorándolo por completo, asegurándose de elevar el espíritu y la fe de la niña, para que sea ella misma la que logre eliminar al demonio de su cuerpo.

Sonrió, con su pecho lleno de determinación. Probablemente era por eso que lo habían elegido. Nadie tenía una fe tan firme como él, y quizás en su interior la joven estaba lentamente renunciando a la suya por haber sido poseída, creyendo que Dios la había abandonado.

Salió del baño, y buscó a la joven pelirroja. - Ehm... Stella ¿Cierto? - Le preguntó, dirigiéndose a ella con su mejor sonrisa amable. - ¿Qué te parece si vamos a comer afuera? Conozco un lugar que seguro te va a encantar. - Le propuso, y esperó su respuesta antes de agarrar sus cosas, alistandose para irse.

Le avisó a su hermana que saldrían, y se dirigieron a la calle, donde tenía estacionado su auto. Se trataba de un modelo bastante antiguo y desgastado, de aquellos que hacían cientos de ruidos y se paraban de tanto en tanto, siendo ese el único que había alcanzado a comprar con unos ahorros que tenía. Pero al menos funcionaba.

Colocó una radio de música popular, la favorita de su hermana, y se dirigieron al lugar, que no se encontraba muy alejado de allí. A decir verdad, también se trataba del restaurante favorito de Faith, como si creyera que los gustos de las jovenes adolescentes fueran universales. Por lo pronto, era lo único que podía hacer. No sabía mucho de ella.

El lugar, era una cafetería-bar ambientado con colores pasteles, predominando el rosa, combinado con el blanco y el celeste, dando un aspecto bastante delicado y femenino. Si bien se especializaban en meriendas, hacían platillos rápidos de todo tipo, como hamburguesas, sandwiches, hot dogs y otras comidas.

Esperó a que la joven ordenara lo que quisiera, y el se conformó con un té verde. - Y bien, Stella... ¿Por que no me cuentas un poco de tí para conocernos mejor? Como de donde vienes, quienes son tu familia o cuales son las cosas que te gustan... Viviremos juntos un tiempo así que lo mejor es que nos llevemos bien ¿No crees? - Le preguntó, hablandole cordial, pero buscando ser amigable, permaneciendo su sonrisa por sobre cualquier otra expresión.
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