Rol medieval

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Rol medieval

Mensaje por James Lockwood el Sáb Feb 06, 2016 2:43 pm

- Escena 1 -
 
Shine
 
 Ceniza, polvo, tierra; solo eso podía aspirarse en el aire. El viento soplaba tenue y aunque el sol estaba bajando para ocultarse tras los picos de los arboles más altos, el calor que se sembraba a causa de los centenares de personas, era absolutamente insoportable.
 
Las vociferaciones y el centellar del choque de metales, así como del seco sonido de la estampida contra objetos de madera, era lo que inundaba el espacio. Llevaban ya varias horas en aquel desastre y nada parecía detenerlos; eran salvajes tratando de imponerse.
 
- ¡Animales y barbaros! ¡Eso es lo que son!
 
Si, en definitiva, la reina tenia razón en aquello.
 
- No puede seguir así, no me dejan dormir papi -reprocho la princesa con una voz infantil a pesar de ya ser toda una dama.
 
- No hay nada que pueda hacer primor.
 
La joven se cruzo de brazos con todo el capricho marcado en su fruncida nariz; detestaba se le negaran cosas.
 
Se dirigió entonces hacia la puerta de la habitación y salió con un portazo.
 
- Srta. Margareth, su baño está listo.
 
- Bien, llévame la cena a mi cuarto luego, Anne, y no te olvides de lavar mi pañuelo -se lo lanzo a la cara y se marcho.
 
La aludida suspiro y observo marchar a la rubia muchacha por el largo pasillo de piedra decorado con alfombras. La joven de nombre Anne llevaba su cabello atado en una cebolla alta cubierto por un gorrito blanco. Estaba ataviada con su típico traje de sirvienta, pulcro e inmaculado.
 
La guerra entre los dos países se había fomentado gracias a la pérdida de un tesoro valioso para el reino vecino, quien culpo al reino del padre de aquella rubia caprichosa.
 
- No veo el día de salir de aquí -susurro para sí misma mientras se dirigía hacia las cocinas, a esperar que terminara de caer la noche, pues el día siguiente seria su día libre.
 
Barghest
 
- Si vienes esta noche a mi habitación, podría hablarle bien a la reina de ti y considerar que te de un puesto mas... acorde a tu belleza. - Sonrió galante, tomando una de las hebras de una de las tantas jóvenes sirvientas que habitaban el palacio.
 
La joven pelirroja, cohibida con la actitud del guardia, se hizo levemente hacia atrás y se acomodo el cabello detrás de la oreja. - Disculpe, tengo que llevar esto a la cocina. - Se excuso, para huir del lugar.
 
El pelinegro se sonrió y volvió a su puesto, a un lado de una enorme puerta doble, y miro hacia el frente, antes de notar cierta mirada clavada en el. Giro el rostro para encontrarse con los ojos de su compañero juzgándolo en silencio. - ¿Qué? - Pregunto, haciéndose el desentendido.
 
-Eres el guardia mas promiscuo que he conocido, Nicholas. -
 
El aludido no pudo evitar soltar una tenue risa. - Oh vamos, ¿que no está permitido que nos divirtamos un poco mientras esperamos que la reina salga de su reunión? ¿Qué es lo que pretende? ¿Que nos quedemos quietos como rocas sin hacer nada? - Pregunto, burlón ante esa idea.
 
- De hecho, es justo lo que deberíamos hacer. Si alguien atacara... -
 
- Si alguien atacara -interrumpió- Hay por lo menos 20 guardias hasta llegar a nuestro paradero. Somos los mejores hombres, de acuerdo, yo sobre todo -alardeo- pero no debemos subestimar a nuestros compañeros. - Sonrió con picardía, y dejo su puesto para acercarse a su compañero, poniéndole una mano en el hombro. - Mientras tanto, mi buen amigo, tu deberías aprovechar tu posición -Se encogió de hombros- Quizás no eres tan apuesto como yo, pero las chicas aman esto -Llevo su mano libre a su espada. - La espada, el uniforme... y nuestro rango. Si sabes aprovecharlo, tendrás tanta diversión como yo. -
 
Justo cuando el castaño estaba a punto de responder, se escucharon pasos dentro de la habitación, lo que indicaba que la reunión había acabado.
 
A velocidad luz, Nicholas volvió a su puesto, al otro lado de la puerta, y en cuanto ésta se abrió y salió la reina, ambos guardias se dispusieron a seguirla.
 
No habían podido escuchar nada de la conversación, pero si de algo estaba seguro, era que por la forma apresurada y tensa en que la reina caminaba... la reunión no había salido como ella quisiera.
 
Shine
 
Tras llegar a la cocina se dispuso a terminar sus deberes para así tener la cena lista a tiempo. Anne miraba en todas direcciones, notablemente concentrada en que cada cosa estuviese en su lugar.
 
Ni bien terminara de contar los utensilios y verduras se dirigió hacia lo que sería la estufa; un enorme fogón sobre el cual colgaba un caldero, mismo que se hallaba junto a la puerta de entrada, pero ni bien cruzara por la puerta le choco una joven de la misma edad de ella.
 
- ¿Bridget? Ten más cuidado -la tomo de los hombros- ¡Mira si yo llevaba algo caliente y te pasaba algo!
 
- Annie... -musito la chica avergonzada, abrazando a su colega quien se sintió cohibida.
 
- ¿Sucedió algo? -indago la joven, cuestionando a la muchacha con sus azul-grisáceos orbes.
 
- Uno de los guardias de la reina... -el rostro de la chica se ensombreció y la pelirroja fue incapaz de completar la frase- ¿Anne?
 
Ella le soltó y sustrajo un enorme y afilado cuchillo con el cual comenzó a cortar innumerables cantidades de tubérculos. "Ese maldito de Nicholas de nuevo, vaya fama la que se ha hecho el mendigo entre las chicas, todas terminan por no hacer sus tareas al inmiscuirse con ese idiota...”
 
Bridget miro temerosa a Anne, parecía el diablo en persona. Si algo la disgustaba enormemente es que no se realizaran las tareas como debían ser hechas... y a pesar de ello...
 
Detuvo el cuchillo tras un corte y se quedo en la nada por segundos. Se encamino hacia la puerta de la cocina que daba a los establos, miro a Bridget y le explico todo lo que debía ser hecho, y le dijo solicitara ayuda; ella necesitaba respirar.
 
Salió por la puerta solo para encontrarse con el aire fresco y frente a ella, los establos. Camino rumbo al mismo para encontrar paz junto a algún animal.
 
Barghest
 
Bostezaba en aburrimiento mientras la reina iba de una habitación a la otra, sellando documentos y hablando con los diferentes mensajeros. A veces realmente deseaba que la reina se pusiera en peligro, y poder lucirse al defenderla como lo hacía en los viejos tiempos que estaba en la formación inferior, pero desde que lo habían ascendido a ser su perrito faldero, nada interesante pasaba realmente. Nada que no fuera acostarse con mujeres.
 
Para su buena fortuna, cuando llegaba la hora de la cena, significaba que su turno había terminado, y le tocaba ahora a los menos afortunados que cubrían el turno nocturno, pues ahí realmente NADA pasaba, más que esperar fuera de la habitación de la reina a que despertara. Allí parados. Por horas.
 
Tembló de solo imaginar cubrir ese horario, pues ni siquiera las sirvientas estaban despiertas, pero en cuanto sonaron las campanas que daban 8, se despidió de su compañero y atravesó las puertas del palacio hasta los establos, donde se dirigió directamente al pequeño cubículo donde dormía su mejor compañero, Shadow.
 
Y así, como todas las noches, comenzó a acicalarlo, tomando un cepillo de una canasta y quitándole con este el polvo que había acumulado durante el día, mientras el caballo movía ligeramente la cabeza para verlo y entrecerraba sus ojos relajándose.
 
Al menos hasta que escucho un ruido afuera, y pronto noto como todos los caballos se pusieron en alerta.
 
Intrigado, se asomo a ver qué era lo que alteraba la salud mental de los equinos, y sonrió divertido al ver a la morocha. - Ah, pero si no es nada más y nada menos que la malhumorada de Anne... ¿Que jamás te han dicho que los caballos son muy perceptivos? No puedes acercarte a un establo con esa carga tan negativa de energía, los caballos lo sienten y se alteran... -Le dedico una mirada picara, pero divertida, como de quien sabe ya la respuesta a su siguiente pregunta. - ¿No deseas que te haga un masaje para que dejes de estar taan tensa? ~
 
Shine
 
Justo antes de entrar trato de relajarse, pero era honestamente en vano; la sola idea de que el mendigo del nuevo falderillo de la reina desequilibrara todos los horarios que ella meticulosamente asesoraba la sacaba insanamente de quicio.
 
Pero de todas maneras entro, el solo estar en los establos bajo la vista de algún caballo que la escuchara desahogarse era lo que necesitaba.
 
Pero forzosamente el destino estaba en su contra, ni bien entro en el establo fue recibida por el ser que menos deseaba ver.
 
- Oh por todos los dioses de los cielos -mascullo para sí mientras él hablaba- No, de TI no quiero nada; con mucha suerte deseo tu ausencia y nada mas -soltó la joven haciendo lo posible por no mirarle- Me harías un gran favor si me dejaras sola en el establo y nada mas -dijo la joven no sabiendo que hacer con el estrés que se acumulaba.
 
Barghest
 
Su divertida sonrisa surco su rostro una vez más al oírla, y llevo su mano al pecho, adquiriendo un tono de voz y pose de víctima. - ¿Mi ausencia? ¿Qué terrible mal podría haberte hecho yo para que me desprecies de tal forma? - Pregunto, aunque la respuesta le daba igual.
 
- De cualquier forma, lamento decirte que yo llegue aquí primero, y no tengo intención de retirarme, por más que me lo pida una... dama - Dijo aquello ultimo dubitativo, dado que a pesar de que podría ser una mujer atractiva, carecía de los atributos de una dama, como dulzura y timidez.
 
- Además, no puedo dejar que permanezcas con los caballos en ese estado, vas a enfermarlos. - Se alejo unos cuantos pasos, para tomar un balde. - Pero ya que estas aquí - Se lo arrojo. - El compañero de cubículo de Shadow también está sucio, y cualquier roce con el ensucia a mi amigo. Descarga tus tensiones cepillándolo. - Se dio media vuelta, rumbo al cubículo con Shadow. - Eso sí, no me hare responsable si te patea. -
 
Shine
 
Atajo el balde con ambas manos y luego lo tiro al suelo con cierta ira que no pudo contener, haciendo que los caballos alrededor de ella se agitaran y relincharan.
 
Estaba harta de ese idiota, estaba harta de todos, incluso de la malcriada de la princesa; necesitaba liberar tensiones y ciertamente no lo haría con aquel idiota dentro del establo. Tomo el cepillo del suelo y se lo lanzo a la cabeza.
 
- ¡Te crees la gran cosa, como si fuese dueño de lo que te rodea, ESO, me saca de quicio pedazo de descerebrado patán! ¡Aborrezco tener que ayudar a las muchachas que TÚ seduces a altas horas de la madrugada para no ser descubiertas! Me tienes fuera de quicio -sus mejillas se habían colorado de la rabia, pero se desahogaba y eso la estaba liberando de un enorme peso.
 
Rio levemente al sentirse menos pesada.
 
- Eres un idiota, mujeriego, altanero -rio mas para sí- Si, eso eres -se relajo- Y yo también, ¿qué carajos hago aquí? Me iré
 
Ríe para sí y miro al caballo del lado del cubículo del caballo de aquel y respiró profundo, calmándose para acercarse y presentarse como le hubiesen enseñado antes de hacerlo salir del establo.
 
Barghest
 
Sintió un fuerte golpe en la parte posterior de la cabeza, y se encogió levemente por el dolor, llevándose una mano a la zona, sobándosela. - Oye qué diablos te pa- - Iba a quejarse, pero en seguida la voz de la morocha se hizo oír en los establos, insultándolo y menospreciándolo a los cuatro vientos.
 
Pero lo que siguió luego de eso, con su risa cuasi-psicópata, lo dejo boquiabierto, parpadeando sin comprender. La pobre había perdido un tornillo.
 
-Hey, espera. - Salió detrás de ella, alcanzándola y tomándole la muñeca debido a la poca cooperación de su parte en detenerse. -¿Te iras del palacio? ¿Renunciaras? Tampoco es para tanto, solo bromeaba, tranquilízate. - Dijo, tratando de calmarla y hacerla entrar en razón. - Además ¿A donde irías? ¿Sabes cuánto va a durar una mujer sola allá afuera? Por más que seas tú. Nada puedes hacer contra un grupo de soldados, te agarraran y volverán una esclava sexual o algo parecido... -Miro hacia otro lado. - Porque ciertamente los soldados inferiores no le hacen asco a nada. -
 
Shine
 
Le miro sin comprenderle mientras hablaba.
 
- ¿Si quiera sabes lo infeliz que soy acá? -su rostro se ensombreció- ¿"No le hacen asco a nada" eh? -ríe apenas con desaliento- Que bueno es saber que no me miraras para nada -se soltó de un golpe y le entrego las riendas que cargaba.
 
- Poco es lo que me importa realmente si quieren tratar de matarme; quiero ver mundo -hablo mientras de desabotonaba el traje de sirvienta, para dejar abajo un vestido blanco que podría llamarse ropa interior (por la época) pero que para ella solo era más ropa- Honestamente, esa guerra es estúpida, ¿no crees? -se quito el gorrito y se soltó el cabello, largas ondas castañas cayeron por sobre sus hombros cual cascadas, contrastando su clara piel y vestimenta- Es más, creo que buscare la reliquia ¿Por qué no? Ya estoy haciendo una locura, mejor que sea en grande.
 
Le quito las riendas y alisto al caballo para luego mirarlo a él.
 
- ¿Tienes idea de que sea la reliquia?
 
Barghest
 
La miro curioso en cuanto dijo entonces no la miraría, y ciertamente no esperaba comenzara a desvestirse frente a sus ojos, debiendo tragar saliva al momento que soltara su cabello y pudiese observar por primera vez como este enmarcaba grácilmente su rostro, dándole una apariencia totalmente diferente.
 
-La... ¿La reliquia? - Pregunto, casi en un tartamudeo muy poco propio de él. - El cáliz... - Dijo, y negó suavemente para salir de su transe. - El cáliz escarlata, eso es lo que ha repetido la reina varias veces. -Se quedo un segundo pensando. - Por lo poco que he escuchado, es un objeto que acarrea una maldición. - Parpadea. - A decir verdad no tengo idea de por qué querrían conseguir algo así, pero - Sonrió y silbo de forma suave, lo suficiente para que Shadow escuchara y acudiera al llamado de su amo. - Mi protocolo como caballero me impide dejar que una dama vaya por ahí sin escolta. –


Última edición por James Lockwood el Sáb Feb 06, 2016 2:46 pm, editado 1 vez
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Re: Rol medieval

Mensaje por James Lockwood el Sáb Feb 06, 2016 2:44 pm

Escena 2 -
 
Shine
 
Anne elevo una ceja poco antes de ágilmente montar sobre el caballo que había sacado del establo, cual lucia un hermoso pelaje avellanado.
 
- ¿Ahora si soy una dama sin dudas? -inquirió apelando al hecho de que vacilara minutos antes en llamarla así- No eres más que otro hombre que piensa con el pene -murmuro en desaprobación- Pero, no me hace mal la compañía ¿Listo?
 
Inquirió antes de hacer que el caballo comenzara el galope. Ella ciertamente era una mujer poco adaptada a la época, pero se había obligado a si misma a forjar una identidad distinta que no había sorpresa en que se quebrara a cierto punto de su vida. Liberal, fuerte e independiente; todo lo que una "dama" no era.
 
Se imagino que al acercarse a las puertas no podrían salir así no mas, empezando por el hecho de que era una mujer a caballo saliendo a la noche del castillo; pero ya se las ingeniaría.
 
La puerta del muro de piedra era de madera y estaba custodiada por dos hombres en traje de soldados.
 
- Así que... ¿prefieres pavonearte y ser quien nos saque de aquí, galán, o seré yo la que los aleje? -indago mientras ambos veían desde una posición segura a los soldados.
 
Barghest
 
No pudo evitar soltar una risa, ya montando a Shadow, en cuanto menciono lo de pensar con el pene. - Oh, déjame decirte que mi pene está pensando muy alegremente en tu nueva imagen con aquel cabello suelto. Deberías dejarlo así mas seguido, hasta pareces una chica buena. - Bromeo, y acelero el paso de Shadow para quedar por delante de ella.
 
- Tranquila, déjalo todo en mis manos. - Golpeo suave los costados de su caballo negro y lo hizo detenerse casi en seco frente a los guardias que custodiaban la puerta. - ¿Por qué no los están persiguiendo ustedes también? - Pregunto, alarmado y fingiendo molestia.
 
Los guardias lo miraron sin comprender. - ¿A quiénes? -
 
El pelinegro se mostro irritado - ¡A los soldados enemigos! Otros guardias los vieron ingresar al saltar por un árbol la muralla, únanse a ellos, yo me quedare aquí haciendo guardia. - Les dijo, y los sujetos en seguida marcharon apresuradamente en la dirección señalada.
 
Una vez que estuvieron lo suficientemente lejos, le hizo una señal con la cabeza para que se acercara y pronto escaparon de allí, galopando lo más lejos posible. - ¿Que no merece un caballero siquiera un beso por sacar a la pobre damisela de un apuro? - bromeo.
 
Shine
 
Respiro profundo tratando de no hastiarse por lo evidentemente hueco de valores que era aquel ser y le siguió.
 
La actuación que se invento con rapidez llego a levantar algo su asombro; era de admirarse que el hombre tenía una labia como ninguna otra. Al darle una señal se acerco hasta él para salir luego y galopar lejos del castillo.
 
- Sigue soñando "caballero" Acabas de dejar esa vida de lujos atrás -rio divertida mientras galopaba con rapidez, sintiendo la brisa agolparla, haciéndole sentir mejor que nunca, en plena libertad.
 
Cierto recuerdo se cruzo por su cabeza y contuvo su alegría. Se dirigía rumbo al pueblo que más cerca estaba del castillo, del lugar del cual conseguía rubros el castillo.
 
- Deberemos pasar la noche en Doregon Valley, pero deberemos salir temprano o nos buscaran, ¿has traído algo de dinero? Si no conseguimos una posada nos tocara bajo un árbol
 
Barghest
 
Sonrió en cuanto le dijera que la vida de lujos había quedado atrás. ¿Y quién le había dicho a ella que siempre había vivido con esos lujos? - Déjame decirte que te hubieras muerto de hambre siendo adivina. - Le dijo, sin realmente explicar el por qué.
 
A trote rápido, se alejaron pronto del centro del reino, acercándose al pueblo lindero. Una vez que atravesaran aquel pueblo, todo sería mucho más difícil para dos fugitivos. Con la guerra en pleno auge como estaba, los soldados se movían en grupos grandes, y dos personas solas estaban prácticamente destinadas a la muerte.
 
Ante su pregunta, llevo una mano dentro de su armadura ligera y saco de allí una pequeña bolsa llena de monedas de oro. - ¿Quien sería tan estúpido de salir por ahí sin dinero? Solo tú, así que si fueras inteligente, deberías ir pensando una forma de convencerme para que pague por tu estadía también. -
 
Antes de que pudieran seguir discutiendo, habían llegado a Doragon Valley, y procuraron llevar un paso lento con sus caballos. No querían despertar a nadie, debían pasar lo mas inadvertidos posibles.
 
En cuanto vieron el cartel tallado en madera de una posada, iluminado apenas por la luz de una vela, entraron sus caballos al pequeño establo que yacía en la parte trasera y atravesaron la puerta de atrás hacia un pequeño mostrador hecho en madera.
 
No había nadie a la vista, probablemente no muchas personas fuesen a pedir una habitación a esas horas. - ¿Hola? ¿Hay alguien? - Pregunto, alzando la voz y dando unos cuantos golpes sobre el mostrador.
 
A los pocos instantes, unos lentos pasos bajando las escaleras no se hicieron esperar.
 
El joven pelinegro volteo su mirada hacia Anne. - ¿Y bien? ¿Has pensado con que servicios vas a pagarme? –
 
Shine
 
No comento nada a las cosas que él dijo. Arrogante como ningún otro hombre que hubiese conocido en su vida. Era verdad que se había quitado sus prendas y que había hecho una elección bastante arbitraria de su parte, pero ella era quizá, la mujer más meticulosa del reino.
 
Ni bien llegaron a la posada ambos se dirigieron al establo donde ella demoro poco más que él en alistar al caballo, siguiéndole poco después hacia el local.
 
El elevo la voz para llamar a quien tuviese el puesto de encargado, solo para luego mirarla a esperas de que le diese algo a cambio de un pago tan simple como el de una posada, que a lo sumo costaría un par de monedas de plata.
 
Dio un paso para acercarse a él y poso una mano en su mejilla, acercando su rostro al de él con la vista en sus labios. Se detuvo varios centímetros antes de tocarlos y elevo sus intrigantes y claros orbes apenas iluminados por una vela sobre un candelabro arriba del mostrador.
 
- Tu también hubieses muerto de hambre como adivino -una comisura de sus labios se elevo y ella se alejo nuevamente al tiempo que un viejo hombre de cabello canoso pero con una calva prominente se acercaba con su bata de dormir.
 
- Buenas noches -saludo el viejo arreglándose la gafas.
 
- Buenas noches Albert -saludo cordial la chica.
 
El viejo aguzo la vista, acomodándose mejor los cristales.
 
- ¿Miss Elizabeth? Que el Señor nos ampare, hace muchos años que no le veo querida ¿Es que ese rey es tan despiadado como para no dejar salir a los sirvientes? ¿Cómo has estado mi querida muchacha?
 
Anne sonrió al hombre con gentileza, algo que no era posible verse con frecuencia.
 
- No sería prudente hablar a espaldas de su Majestad, Albert. He venido de paso ¿Recuerdas te comente hace tres años que no podría durar mucho bajo aquella vida?
 
El hombre la miro seriamente.
 
- ¿Escapaste? Creí que no lo harías.
 
- Debía hacerlo -ella también le miro seria y luego le extendió una mano en señal de presentación hacia Nicholas- Sir Nicholas, caballero real de la reina; él fue quien me impulso a hacerlo.
 
- Te montaran cacería muchacha, te dije que una vez entrar no podrías salir.
 
- Estoy dispuesta a correr el riesgo.
 
El anciano carraspeo.
 
- Bien, no lo asentare en los libros, pero les daré la habitación que me queda disponible, dos camas en ella. Pueden subir -dijo entregando la llave a Anne.
 
Barghest
 
En cuanto la noto acercarse, alzo una ceja divertido, aunque sin creerse su actuación en ningún momento. La conocía, después de todo, al menos en lo que a su dignidad respectaba. Y no cedería tan fácilmente ante una propuesta de ese calibre. Hasta estaba seguro que preferiría dormir bajo la lluvia antes que deberle un favor de los que él le insinuaba.
 
Sin embargo, lo que si le sorprendió fue su respuesta, que comenzaría a entender luego de ver que el anciano quien suponía era el dueño de la posada la saludaba alegremente a la muchacha.
 
Parpadeando sin comprender, paseando la vista del uno al otro, espero a que la conversación finalizara para seguir a la joven por la posada y agradecerle al anciano cordialmente. - Oh, quien lo diría, la sirvienta tiene contactos - Sonrió mientras terminaban de atravesar el pasillo hasta la habitación, tomando una de las dos camas, cualquiera que estuviera más cerca, tirando su espada junto a la misma y dejándose caer de espaldas en el colchón. - Ah ~ Quien diría que tu y yo terminaríamos huyendo juntos y escondiéndonos en una posada cualquiera. - Desvió la mirada hacia ella. - Nadie lo creería. -
 
Volvió a sentarse en la cama y se estiro, alzando sus brazos en el aire. - ¿Y bien? ¿Cuál es tu excelente plan para mañana? ¿Invadir territorio enemigo y dirigirte a una muerte segura? - Se trono el cuello. - Déjame preguntarte algo... ¿Siquiera sabes pelear?
 
Shine
 
Al entrar en la habitación se dirigió a la cama que él no ocuparía y se sentó para deshacerse de sus botas, no prestando mucha atención a lo que el decía, pues aunque gracioso de forma irónica, honestamente eran puras tonterías de las que hablar en una conversación como aquella.
 
Por lo bajo en cambio agradecía que él no preguntase nada respecto a lo ocurrido.
 
- Es justo lo que estaba calculando -comento terminando con los zapatos para acostarse en la cama boca arriba- Toma un viaje de más de 14 horas a pie hasta la primera aldea "enemiga". Tendrás que deshacerte de tu armadura puesto que lleva tallada el sello del rey; en caballo nos tomara mucho menos, quizá medio día.
 
Hablaba mas para sí aunque le hablara a él, no creía le interesara realmente el plan de acción.
 
- Una vez llegados a Iskedale podremos empezar las indagaciones, la gente de pueblo sabe cuchichear más de lo que los aliados del rey puedan sacarles. A nosotros nos buscaran acá, quizá antes de lo esperado, debemos estar listos para marchar si nos emboscan a la noche, si no nos encuentran acá buscaran en demás poblados del reino, dudo que piensen ir a infiltrarse al otro reino por un par de fugitivos.
 
En el palacio, ya había pasado varios minutos en los cuales las criadas comenzaban a cuestionarse vagamente donde estaba aquella que les daba orientación, apenas suponiendo se habría ido a dormir.
 
- Pelear... mas podría referirme a que se defenderme -aseguro mirando directo a los ojos al pelinegro- Buenas noches Nicholas -le saludo y se dio la vuelta en su cama.
 
Barghest
 
Parpadeo en cuanto se diera la vuelta tan repentinamente para dormir, y estiro su mano levemente como si fuera a detenerla, arrepintiéndose al último segundo.
 
Suspiro, y se dispuso a quitarse la armadura para dormir mas cómodo, procurando no hacer ruido al dejarla en el suelo para no despertar a la chica.
 
¿Qué estaba haciendo allí, realmente?
 
Desvió la mirada hacia Anne, quien parecía ya haberse dormido, para luego recostarse en la cama y mirar al techo.
 
¿No era esto morder la mano de quien te da de comer? ¿Valía la pena dejar atrás el reino solo para acompañar a aquella chica, luego de que la reina lo hubiera acogido?
 
Negó con la cabeza. La reina Katerina no lo había hecho por él, sino que las "circunstancias" ameritaban que se convertiría en un buen soldado.
 
Exhalo pesadamente, y sin muchos ánimos se dio media vuelta a dormir.
 
Claro que, con tanto ruido a su alrededor, no hizo falta mucho para que se despertara apenas comenzaba a amanecer, con los sonidos de las carretas y los vendedores anunciando las ofertas en sus productos.
 
Se puso en pie y se dirigió afuera para darse una ducha rápida, colocándose únicamente la camisa de tela suave que solía llevar por encima de su armadura, y los pantalones de la misma, solo porque no contaba con otros realmente.
 
Fue entonces que se tomo unas horas de la mañana para comprar algunos preparativos para su viaje, comenzando por unas cuantas frutas, para luego seguir con nueva armadura, una que fuera a su gusto y no las poco cómodas y excesivamente duras armaduras del reino.
 
Eligio entonces una bastante ligera, de color negro con algunos detalles en plateado, tomándose el atrevimiento de elegir una para ella también. Para finalizar, compro un arco pequeño y un par de flechas, con la finalidad de utilizarlo para cazar, si fuera necesario.
 
Feliz con su compra, dado que todo era mucho mas económico que en el reino, se disponía a volver a la habitación mientras comía una manzana, pero dos guardias de la realeza investigando la zona hicieron que se escondiera detrás de una pequeña casa. - Oh, maldita sea. - Balbuceo entre dientes, y dio la vuelta por el otro lado para regresar a la posada, buscando a Anne por todos lados, apareciéndose por detrás de ella y tapándole la boca con una mano para que no hiciera ruido. - Tenemos que irnos de aquí. Hay dos guardias muy cerca de la posada, es posible que hasta estén hablando con el anciano en este momento. - Susurro.
 
Shine
 
- ¡Anne! ¡ANNE! -chillaba la rubia princesa mientras buscaba por los pasillos a su doncella y matrona del resto de las sirvientas a la madrugada.
 
- Srta., sus padres podrían despertar ¿Necesita algo? -indago una sirvienta que estaba de paso.
 
- Anne, quiero ver a Anne, debería poder estar cuando yo la necesite -profirió la chica algo altanera.
 
Aquello preocupo ahora a la joven, pues hacia horas que estaba desaparecida y Anne no era de esa clase de personas.
 
- Por favor Srta., si vuelve a la cama buscare por ella -afirmo la joven andando directamente hacia la habitación de la pareja real.
 
Al despertar, pudo apenas ver salir a Nicholas de la habitación, cosa que no la alarmo en absoluto; él no era de las personas que abandonaba una decisión.
 
Se levanto y fue a desayunar en las cocinas antes de disponerse a arreglar las cosas para marchar.
 
Poco rato después de terminar, quiso salir a buscar a Nicholas pero sabía que ya debía haberse dado alarma de su ausencia; hizo los arreglos para conseguirse una capucha y salió a buscar al caballero, poco paso para cruzarse en el camino a un par de soldados.
 
Regreso en el acto.
 
Subió a la habitación y no encontró al joven; corrió escaleras abajo y fue sorprendida por el mismo al taparle la boca. Se volvió a verlo.
 
- Si, los vi, pero tu armadura -susurro elevando el rostro pues era más alto que ella- No voy a permitir que Alfred salga malogrado por mí.
 
Subió las escaleras y miro por la ventana, abajo no había nada; se abalanzo contra las piezas que pudo cargar y las boto por la ventana.
 
- Podremos tomar atajo por los bosques... tendremos que ver de no perdernos -decía mientras hablaba para sí.


Última edición por James Lockwood el Sáb Feb 06, 2016 2:47 pm, editado 1 vez
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Re: Rol medieval

Mensaje por James Lockwood el Sáb Feb 06, 2016 2:44 pm

Escena 3 -
 
Barghest
 
 -Si, si, luego vemos solo salta de una vez. - La apuro, para luego saltar tras ella y correr con la bolsa y las cosas hacia los caballos, montándolos tan pronto como pudieran para salir por la parte trasera de la posada, buscando meterse por los pasillos mas desolados de la aldea, dejándose guiar por ella quien parecía conocer mejor esa zona.
 
Una vez que parecieron estar a salvo, disminuyeron el paso, y la luz del sol poco a poco pareció abandonarlos a medida que se adentraban en aquel bosque.
 
-Quizás ya lo sabes pero, el bosque que conecta el reino de Oseroth con Iskedale es altamente venenoso. No vayas a salirte de los senderos, pues algunas plantas envenenan al contacto y procura cubrirte la boca con la camisa si no quieres intoxicarte con las esporas. - Le sugirió, pero el por su parte no había seguido su propio consejo.
 
-Ah, espera un momento. - Dijo antes de detener la marcha de su caballo y bajarse del mismo, acercándose a la orilla del sendero para sonreír al ver unas plantas. - Estas podrían ser útiles. - dijo, tomando a mano desnuda una de aquellas hiervas. - Oh, y más hacia allá estaba... si, allí esta. - Hablaba mas para sí mismo, mientras se entretenía recogiendo algunas plantas venenosas como quien sabe todo de ellas.
 
Shine
 
Escucho los consejos de él cual apóstol a sabio y se cubrió la nariz con parte de la capucha que había comprado, notando que él no había hecho lo propio y eso le había parecido curioso.
 
Siguieron andando un rato hasta que la mando a detener para tomar unas plantas. Le observo detenidamente, un tanto preocupada por la salud de aquel ya que, aunque no le agradaba para nada su actitud y aborrecía por completo el hecho de que se agrandara, estaba allí con ella; debía admitir que Nicholas era alguien confiable.
 
- ¿Te entrenaste en venenos con anterioridad, Nicholas? ¿Estás seguro de lo que haces? -indago con curiosidad, bajándose del caballo.
 
Aguardo la respuesta y le siguió a cierta distancia, mirando a los caballos y los alrededores por si algo sucedía algo.
 

Hacía tiempo que no salía y se internaba en el bosque para solo caminar, a pesar de todo era un bosque muy bonito. Pasaron varios minutos con el silencio del bosque (pues los animales no se acercaban a las zonas venenosas), pero pronto fueron alertados por el trote de unos caballos que pasaron a una distancia considerable de ellos, pero lo suficientemente lejana como para no divisarlos.

Barghest


Continuaba entretenido recolectando plantas y guardandolas en la mochila que habia comprado en aquel pueblo, siendo desconcentrado por sus preguntas.



Sonrio divertido y la miro de reojo, por encima de su hombro. - ¿Entrenarme en venenos? Yo naci en veneno, y soy bastante venenoso, procura no te muerda. - Bromeo en su siempre fiel tono picaro y divertido, evadiendo asi tambien la pregunta. Él no habia preguntado por su relacion con aquel pueblo, a ella no le correspondia preguntar por su pasado tampoco, y esperaba comprendiera eso. Despues de todo, no eran amigos ni mucho menos.



El lejano trote de unos caballos los puso en alerta una vez mas, y su sonrisa desaparecio del rostro, guardando todo y montandose en Shadow. - Sera mejor que sigamos camino a paso lento, no queremos que el trote de nuestros caballos los alerte como el suyo a nosotros. - Toco con sus talones los costados de su caballo. - Si seguimos este sendero bordearemos el bosque y saldremos por las afueras de la primera ciudad de Iskedale. Deberiamos asegurarnos no hay nadie buscandonos por alli antes de aparecernos por la entrada principal y ser emboscados. - Dijo, pero busco su mirada al terminar, como si estuviese buscando su aprovacion. Eran algo asi como un equipo, despues de todo.
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James Lockwood
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Re: Rol medieval

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