Nathalie Pietro

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Nathalie Pietro

Mensaje por Nathalie Pietro el Lun Abr 27, 2015 12:14 am

• Apodo: Nat, Nata.
• Nombre: Nathalie.
• Apellido: Pietro.
• Edad: 17 años.
• Sexo: Mujer.
• Tendencia sexual: Heterosexual (No por mucho (?)).

• Descripción Física: Lacios cabellos castaño-almendrados que caen largos hasta su cintura, bordeando con fleco desigual su rostro perfilado y sus enormes orbes color ámbar. Cuerpo curvilíneo bien definido, con un talle alto de busto y glúteos; piel sana y casi perfecta por la falta de marcas de algún tipo. Llamativa a la vista, es el centro de atención de cuanto chico se cruce con su camino y del rencor de otras tantas chicas.

Mide metro sesenta y dos, posee buena proporción y una sonrisa encantadora, que no tiende a mostrar tan a la ligera. Siempre se la ve en su uniforme escolar, o en pijamas; nunca utiliza otras prendas, a menos que sea exclusivamente necesario.

• Descripción Psicológica: Por dejadez o por mera falta de energía, Nat suele encontrársela o en el suelo, o sentada, o recostada de algún lugar; claro, si se encuentra fuera de su cama.

Muy hábil desde pequeña, comprende las cosas más complicadas en cuestión de segundos y las almacena de tal forma que le son sencillas de recordar nuevamente cuando las necesita. De notas sobresalientes y desempeño eficaz; aunque es algo que no se aplica a los deportes. Realmente no es que sea mala, solo no les pone empeño porque sencillamente no está en su cama o sentada cuando los realiza, y según ella, eso la pone de mal humor. Por lo que pide permisos especiales por enfermería para saltarse las clases y le permitan evaluar dicha materia de manera totalmente teórica.

Habla poco o nada, siendo lo justo y necesario para solicitar algo, demostrar modales o bien para poner a alguien en su lugar. Le gusta la paz y el silencio que, de ser perturbados, tiende a enfadarse e irse en busca de un respiro. Su cabeza vive llena de historias; a todo lo ve una trama y un desenlace bastante particulares a pesar de ser triviales.

Nunca habla de cosas que no tengan una relevancia significativa, por lo cual los temas de belleza, feminismo y moda no están en su vocablo, aunque es una muchacha que cuida su presentación personal, solo por costumbre; pues su cuarto es un soberano desastre.

Gustos:
• Una suave cama tibia y desordenada. Todo lo demás es irrelevante.
• Adora dormir y perderse en sueños; suele afirmar que está más despierta en ellos.
• Escribir es su pasión secreta, al igual que leer todo tipo de mangas.
• Las cosas sobrenaturales suelen captar su atención muy rápido.
• El silencio y la paz. La meditación le ayuda a concentrarse a llevar a cabo todo lo académico.
• Los gatos negros con ojos del mismo color que los de ella.

Odios:
• Que la despierten. Suave, fuerte; en general, lo odia.
• Los fanáticos religiosos y sus tabúes sin fundamento.
• La hipocresía, arrogancia, pedantismo y; los apodos.
• Tener que salir de su habitación solo para perder el tiempo.
• El confesionario. Le tiene pánico a acercarse a ese lugar, sin razón.
• Los desnudos reales, de personas reales.

• Historia: Católica de nacimiento. Bautizada, confirmada y comulgada con la iglesia que ambos de sus padres le inculcaron desde temprana edad.

Nathalie era una chica vivaz, hábil para aprender las cosas con suma rapidez y precisión, dispuesta a ofrecerse para lo que fuese que debiera ser hecho y con una quizá problemática, obsesión con el orden. Se convirtió en la primera monaguillo mujer de la iglesia donde su padre trabajara como cura, y dicho término causó algo de revuelos dentro de la institución, pero prontamente se le adjuntó un permiso papal, que la acreditaba como posible elegida.

Padre y madre orgullosos. Una vida perfecta.

O eso creían todos en el pueblo... Después de ser aceptada como monaguillo oficial a la corta edad de diez años, la joven comenzó a vérsela distinta. Cambió sus tratos, su actitud, volviéndose más recluida y poco habladora; a lo cual su madre con mucha preocupación adjudicó que sería la madurez. Se volvió más silente, ausente. Deseaba única y exclusivamente quedarse en cama y pasar las horas libres encerrada en su cuarto.

Un par de años después, envió una carta a diario al papa, durante un año completo, hasta que le fue respondida su tan aclamada plegaria. El papa le había concedido la aprobación para entrar en un famoso internado católico cristiano que se encontraba a muchos cientos de kilómetros lejos de su hogar. Completamente pago. Con una orden firmada por juez y abogados, de emancipación. Salió de su casa antes de cumplir sus quince años, y se dirigió al internado con ningún remordimiento en su conciencia, lista para formar su nueva vida.
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Fecha de inscripción : 27/04/2015

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