Rol Cura

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Rol Cura

Mensaje por James Lockwood el Mar Nov 24, 2015 3:02 am

Barghest
 
- Amen. - Dijo para finalizar su oración, y las personas presentes en la iglesia repitieron al unísono.

Él, por su parte, suspiró aliviado, como lo venía haciendo hace un tiempo cada vez que terminaba una lectura. Y es que los últimos meses, estaba teniendo una crisis de fe. Aunque a decir verdad, jamás había sido demasiado devoto... Pero viniendo de una familia de sacerdotes, difícil oponerse al mandato familiar.
 
Frente al atril donde hace unos segundos había leído su biblia, se formo una larga fila de creyentes dispuestos a tomar la comunión, "comiendo el cuerpo de Cristo".

Y allí era cuando una de sus mayores restricciones como cura se hacía notar: El celibato.

Al estar tan cerca de una escuela de monjas, había cada día en la fila varias adolescentes vistiendo sus uniformes, algunos con faldas demasiado cortas para tratarse de una escuela religiosa.

Y hacía rato que se le hacía realmente excitante verlas abrir la boca ante él, esperando para que les deposite la ostia en la boca...


Shine
 
 - Amen -repitió mirando con ojos inocentes e inspirados al hombre que auspiciaba la misa.

Kiara llevaba ya un buen tiempo haciéndose su puesto en las misas y rezos que se daban en aquella pequeña iglesia, adyacente a su colegio. Más que nada por lo inspirada que estaba respecto a ese hombre que llevaba en el fondo de su corazón cual santo.
 
Era tiempo de la ostia y ella era de las ultimas en presentarse, con la idea de poder demorarse tanto más que las otras para poder ver a su ídolo de más cerca.
 
Hacía mucho tiempo de la vez que ella lo vio por primera en su vida, pero tan marcada había quedado que cuando se dio cuenta se trataba del nuevo pastor de la iglesia junto a su colegio; no perdió la oportunidad de asistir todo el tiempo.
 
Un hombre que decía cosas tan hermosas; definitivamente debía de ser un santo.
 
Al llegar su turno sonrió sonrojada en su vestimenta escolar mientras le miraba atenta al rostro; pasando a abrir su boca para recibir su parte del cuerpo de Cristo.

- Amen, gracias padre -susurro tras deshacerse en su boca el bocado.
 
Barghest


 A pesar de tener casi ya treinta años, lo cierto es que el pelinegro se conservaba en la apariencia de un apuesto joven que no superaba los 25, y estaba seguro que varias de esas jovencitas se acercaban a su misa solo para buscar coquetear con él. Después de todo, el hecho de que asistieran a una escuela religiosa no hacía que fueran exactamente unas santas.

De cualquier forma, ninguna de ellas le interesaba realmente. Algunas de ellas exageraban demasiado a la hora de recibir la hostia, sacando exageradamente la lengua o poniendo sonrisas picaras para llamar su atención.

Para su mala fortuna, su mente estaba fija en una de sus más fieles seguidoras: Kiara. 

Desde pequeña, tenía la tendencia a dejar reposar su lengua ligeramente sobre su labio cada vez que esperaba que le diera la ostia, lo que en un principio resultaba hasta tierno, pero ahora que había crecido para volverse una hermosa y bien formada joven, lograba encender sus más oscuras fantasías.

Y casi al final de la fila, allí estaba ella, mirándolo con aquellos ojos llenos de admiración e inocencia, sin ser consciente de las cosas que pasaban por la mente de su pastor.

Tomo una ostia, y se demoro unos instantes antes de depositarla en su brillosa lengua, admirándola, permitiéndose resbalar un dedo sobre la ostia, que se deslizo apenas sobre su lengua, y debió tragar saliva al sentir un suave escalofrió recorrer su espalda.

- Kiara. - Dijo sin pensar, antes de que se retirara. - ¿Podrías pasar por mi oficina luego de que termine con esto? - Pregunto, pues aun quedaban algunas personas detrás de ella, aunque no sabía exactamente para que la había llamado.
 
Shine
 
 Kiara le miro con cierta curiosidad tras escuchar sus palabras y asintió, volviendo a su puesto con la incertidumbre en el rostro.

¿¿Pasar por la oficina del pastor?? ¿Había hecho algo malo? Los nervios comenzaron a comerla durante el resto de la misa y entonces saco un rosario de su bolsillo que perteneciera a su madre en el pasado, para ponerse a rezar por cada piedrita.

¿Habría hecho mal en la comunión? ¿Habría estado mirándole mucho? ¿¿Era eso un pecado?? Apretó el rosario en sus manos y aguardo sentada hasta que finalizara la misa y sus compañeras así como las demás mujeres y hombres del grupo de feligreses se hubiera marchado de la iglesia.

Observo como los monaguillos arreglaban todo en la iglesia y cerraban las puertas; ya había caído la noche.

Ella se coloco en pie, aun nerviosa, habiendo terminado sus rezos para dirigirse hacia la oficina del pastor. Llego al tiempo que el pastor despedía a los monaguillos, quienes dejaron la puerta abierta para ella. Toco con sus nudillos la madera antes de pasar el umbral.
- ¿Quería verme, pastor? -indago nerviosa, con un rostro de quien era enviado al matadero- ¿H-he cometido alguna falta al señor? ¿He pecado? ¿O por el contrario, necesita usted de mí? Sería más ameno que así fuera, en serio -rio levemente sonrojada- P-perdón, m-me ha puesto nerviosa que me llame usted, padre...
 
Barghest
 
 Por el resto de la hora, estuvo en "piloto automático", atendiendo todas sus labores mientras su mente yacía bien lejos de allí. O quizás, no tan lejos. ¿Para qué la había convocado, realmente? No sabía ni qué decirle; no era en hablar con ella en lo que estaba pensando al pedirle se pasara por su oficina.
 
Sin poder evitarlo, su mente comenzó a imaginar diversas escenas, conversaciones y posibilidades. Por supuesto que dudaba llevar a cabo alguna de ellas. Probablemente solo acabaría inventándole algún motivo por el cual la había llamado, como preguntarle por la salud de su padre, y luego la dejaría irse.
 
Al cabo de un rato, se encontraba por fin en su oficina, pero debiendo terminar unos papeleos sobre unas donaciones que harían a un hospital, y finalmente recibió a sus monaguillos para despedirlos y agradecerles su ayuda.
 
Al divisar otra figura en la puerta, su mirada se alzó hasta ella, y debió admitir que el corazón le dio un vuelco. Era obvio que se presentaría si se lo había pedido, pero una pequeña parte de si (la más cuerda, probablemente) había deseado no lo hiciera. Ahora se habían quedado solos allí dentro, y eso era lo suficientemente malo para todas las fantasías que habían surcado su mente.
 
- ¿Pecado? ¿Tu? Oh, por supuesto que no. ¿Por qué lo preguntas? ¿Algo que me quieras confesar? - Preguntó, en un tono jovial, dándole a entender se trataba de una simple broma. - No hay motivo para estar nerviosa, ven, pasa. - Dijo, y paso su mano por su cintura para alejarla de la puerta y poder cerrarla. - Siéntate. - Le sugirió, a la vez que rodeaba su escritorio y se sentaba en la silla frente a la que le había ofrecido. - No te llamé para nada malo, solo me preguntaba cómo estaba la salud de tu padre, pues hace tiempo no ha asistido a mis lecturas.
 
Shine
 
Ella se dejó guiar por él, sintiéndose algo abrumada sin razón alguna cuando él le preguntara si había pecado. Se sentó y le miró con una sonrisa mientras él se sentaba frente a ella para poder charlar.
 
- ¿Mi padre? Oh, el está muy bien, es solo que últimamente ha estado trabajando hasta muy tarde, y si le soy honesta, padre, él me ha estado preocupando -suspira- ¿Es malo que las mujeres quieran trabajar? He visto a muchas mujeres trabajadoras muy bien reconocidas en el mundo que vivimos ahora, pero mi padre no quiere dejar siga ese camino...
 
Eleva la mirada pensando en las palabras de su padre, para luego escuchar la contesta del padre respecto a aquello y sonríe.
 
- ¿Sabe? Aparte de todo eso, he estado pensando volverme a monja como las comadronas de mi escuela... Me gustaría poder ayudar a la gente como lo hace usted -bajo la mirada murmurando más para sí- y quizá llegar a estar a su lado en la iglesia -le mira entre entusiasmo y expectación, esperando poder decidirse de acuerdo a lo que él pensara- ¿Qué piensa de esto otro?
 
Se había colocado en pie y se había acercado al escritorio sin pensarlo, realmente sin darse cuenta, pues solo pensaba en querer saber lo que él creía respecto a aquello.
 
Barghest
 
-Niega. - No es malo en absoluto. Nuestra fe se origina en otros tiempos, donde la mujer debía estar más arraigada a las tareas del hogar y la crianza de sus hijos, pero hemos sabido adaptarnos a los cambios de la cultura, y hoy día no está mal visto que una mujer ayude al hombre en la economía del hogar. - Respondió en forma calmada, buscando ser lo más sincero posible, a pesar de que poco y nada le interesaba saber sus preocupaciones en ese momento.
 
Sin embargo, lo siguiente que dijo supo captar su atención. - ¿Monja? - Preguntó, sin poder ocultar su asombro, mientras ella terminaba de hablar. A juzgar por el brillo en su mirada, hablaba en serio, podía estar seguro de eso, pero por más tentadora que se le hiciera la idea de tenerla cada día junto a él, lo único que le interesaba de que se hiciese monja, era que rompiera el celibato con él.
 
- ¿Sabes? - Sin poder contenerse, su mirada bajó hacia el ligero escote que se había marcado al acercarse al escritorio. - Creo que Dios tiene mejores planes para ti que eso. - Volvió su mirada a sus ojos, y se puso de pie, bordeando su escritorio para acercarse a ella. - De hecho, sobre eso era precisamente para lo que te llamé, solo no quería... soltártelo todo apenas ingresaras. - Se paró de frente a sí, a unos escasos dos pasos de ella. - Tengo una propuesta que hacerte, Kiara. Bueno, más bien... es un mandato de arriba - Miró hacia el "cielo". - Está en ti aceptar o no, pero antes de decírtelo, necesito que me prometas que, sin importar lo que decidas, no le comentarás a nadie lo que te he dicho. -  La miró serio. - ¿De acuerdo?
 
Shine
 
Su tono definitivamente no parecía sonar muy a gusto con su idea, pero aquello en vez de desmoralizarla, más bien capto su atención, pues él comenzó a hablar de algo más relativo a aquello; haciéndole levantarse.
 
En cuanto él cortó más distancia y se puso serio, su corazón dio un vuelco, haciendo que mirara hacia arriba al tiempo que él y algo dentro suyo le hizo reasegurarse.
 
- A nadie en absoluto, padre -aseguró con una sonrisa y una mirada confiada y de completa admiración hacia él- Mis labios están completamente sellados, nada de lo que usted me diga saldrá de estas cuatro paredes -le aseveró mirándole y quizá cortando un poco el espacio entre ellos, para luego mirarle contrariada- Pero... ¿De qué se trata? ¿Tan secreto es así?
 
Barghest
 
Sonrió en cuanto escuchó su respuesta, y no tuvo motivo alguno para desconfiar de su palabra. - La verdad es que no he podido contárselo a nadie, ni siquiera yo lo tengo permitido, solo a ti... - Dijo en un tono de voz baja, como queriendo guardar la privacidad. - He recibido... una visita. - Alzó apenas la vista, dándole a entender de qué tipo de visita se trataba. - He sido elegido... - Hizo una suave pausa, y luego continuó. - ..Para concebir al nuevo Cristo.
 
Suspiró, añadiendo dramatismo. - Se que suena a locura, pero es cierto... Aparentemente, el mundo está ya demasiado retorcido y la creencia en Dios ha disminuido de manera considerable. Se necesita un nuevo mesías para restablecer la fe en la gracia del Dios. - Fijó su mirada en ella. - Además, me han asignado la tarea de seleccionar a quien considere más apta para llevar en su vientre el cuerpo del nuevo salvador... Y creo que no hay nadie mejor que tú para esa tarea. - Acortó aún más la distancia, pero manteniendo lo más posible su "profesionalismo". - Eres un alma pura, Kiara, puedo verlo en tus ojos. Solo de ti podría nacer aquel que traerá dicha a esta tierra. - Se alejó unos pasos, dándole la espalda. - El único problema es... el método. No hace falta te diga cómo fue concebido Cristo ¿Cierto? Por obra y gracia del espíritu santo, un bebe fue colocado en el vientre de una mujer virgen. Pues... Debido a la poca fe que hay en el mundo últimamente, pareciera que el poder del "todopoderoso “se ha disminuido, y debemos recurrir a métodos mas... convencionales. ¿Entiendes lo que te digo? - Se volteó para verla. - Deberíamos concebirlo manteniendo relaciones carnales.
 
La miró con preocupación. - Entiendo que no quieras, en serio. Es algo demasiado grande. Pasar a la historia conmigo como los padres del nuevo salvador... Es tu decisión, claro está. - Rodó los ojos. - Si no aceptas, debería buscar a otra persona que esté dispuesta...
 
Shine
 
 Ella le miraba en completa admiración para luego poco a poco volverse una expresión algo seria y cauta por la forma en cómo se iba tornando aquella confesión.
 
Le miraba con atención y cautela procurando no alarmarse y/o preocuparse antes de tiempo, pasando lentamente a convencer a su negativo corazón de que lo que le decía él era cierto: el mundo estaba plagado de muchos ateos últimamente y había razón en necesitar a un nuevo enviado.
 
Abrió entonces los ojos con sorpresa al enterarse que el la estaba eligiendo a ella para ser la que le ayudara a llevar a cabo aquella tarea y se preocupo (aun era muy joven para tal carga) y encima trago fuerte al descubrir el "como" debía de ser realizada la concepción...
 
Pero esa última frase le acuchillo por el estomago con un ataque de celos que no pudo entender al imaginar a la persona que más admiraba, con su atención puesta en alguien más.
 
- ¡No! -soltó algo apresurada y luego se sonrojo mirándole tímida- No hay necesidad de involucrar a nadie más, padre... Sí, he de admitir... -desvió la mirada- Que me da algo de miedo imaginarlo... pero... y...yo estoy dispuesta a ayudarle en su tarea...
 
Barghest
 
Al terminar de hablar, dio cuenta de lo ridículo que sonaba todo lo que acababa de decirle, y realmente no se sorprendió al oír su "¡No!" pues era obvio se negaría a tal locura.
 
Claro que no se imaginaba que esa negación iba referida a la idea de que eligiera a alguien más. - ¿Entonces aceptas? - Pregunto anonadado.
 
Parpadeo sorprendido, y no pudo evitar una sonrisa que se formo en sus labios. - Bien... En ese caso, toma asiento mientras hago los preparativos.
 
Se retiro de su oficina y fue directo al baño, a remojarse el rostro con agua fría para calmarse, fijando luego su mirada en el espejo. ¿Realmente iba a hacer aquello? ¿Había llegado a tal grado de desesperación que le mentiría a una pequeña inocente para acabar enrollándose con ella?
 
Para su sorpresa, no encontró en su cerebro otra respuesta que no fuera "Si."
 
Al regresar a donde ella lo esperaba, llevaba consigo un pequeño y lujoso jarrón, junto con un paño, depositándolos en la mesa.
 
Con solo una mirada, pudo denotar lo asustada y tensa que se encontraba, por lo que se paro frente a ella y le dedico una mirada llena de comprensión. - No tienes nada que temer, Kiara. - Susurro, estirando su mano para acariciar la piel de su mejilla. - Es una obra de bien, estamos cumpliendo con el mandato divino. - Le sonrió. - Nada que el señor nos depare puede ser malo, ¿cierto? - Le preguntó, y espero unos segundos antes de continuar. - Entonces... ¿Estás lista? -
 
Shine
 
Lo vio desaparecer y se encontró completamente nerviosa y temblorosa. Había aceptado tener relaciones carnales con alguien...
 
Eso le quitaría la posibilidad de volverse monja, ¿Cierto? Y de poder seguir adelante como alguien normal ¿Pero estaba bien, no? Dios así lo quería.
 
Se persigno un par de veces antes que el saliera y luego le observo, algo tensa, mientras colocaba un jarrón y un paño en la mesa. Estaba nerviosa ahora más que nunca; pero una sola caricia de él hizo que con un escalofrío su cuerpo se relajara tras observar sus ojos.
 
- C-creo que sí, padre... -susurro sonrojada- ¿Para qué es el jarrón? -pregunto auténticamente curiosa.
 
Barghest
 
- Es parte de la ceremonia. - Le explicó. - Debemos limpiar tu cuerpo con agua bendita para purificarte. - Dijo con calma, en lo que tomaba el paño y lo humedecía en el agua del jarrón, escurriéndolo apenas. - Ven - Le pidió, en lo que tomaba su mano y la incentivaba a ponerse de pie.
 
Con calma, comenzó a pasar el paño húmedo por un costado de su cuello, lentamente, mientras unas cuantas gotas se deslizaban por su clavícula y se perdían en su escote.
 
Solo con aquel contacto con su cuerpo, su respiración había comenzado a agitarse en ansias, debiendo contenerse de saltarle encima o estaba seguro se espantaría. Se limito entonces a acercar sus labios igualmente a su cuello, besando su piel por donde ya había sido "purificada", como si aquello siguiese siendo parte del "ritual", lamiendo y humedeciendo con su lengua la delicada piel.
 
Shine
 
 El hecho de que debiera ser purificada la tranquilizo en gran medida; eso aseguraba por todos los medios que ella estuviese haciendo buena obra. Sonrió ante el pensamiento por el cual se acerco dispuesta hacia él.
 
Estiro levemente el cuello en cuanto acerco el paño y sintió un suave escalofrío al sentir unas gotas de agua correr por su piel bajo la ropa, pasando a cerrar los ojos un segundo, no viendo que él se acercara.
 
- ¿No debería quitarme la ropa? No es pur-ah~ -soltó en gemido sin pensarlo en cuanto sintió los labios y lengua de él, comenzando a temer- P-perdón Padre... n-no es mi intención generar ruidos o-obscenos -susurro temblando como reacción al deseo que comenzaba a nacer en ella.
 
Barghest


No pudo evitar la sonrisa de satisfacción que se esbozo en su rostro al oír su gemido; aquel que venir de las más puras reacciones de un cuerpo virgen ante tales caricias. - Tu no debes preocuparte por nada - Hablo cerca de su oído, con una voz cálida, antes de lamer el arco de la misma.  - Yo me ocupare de todo.
 
Tras decir aquello, bajo suavemente sus manos por su cadera hasta sus glúteos, sosteniéndola con sus manos para elevarla apenas en el aire, lo suficiente para poder sentarla al borde del escritorio, jadeando apenas al sentir su entrepierna rozarse contra su erección al momento de subirla.
 
-Continuaremos por aquí, ¿De acuerdo? - Pregunto, llevando sus manos hasta el botón superior de su camisa, buscando su aprobación. De alguna forma, se le hacía mucho más excitante estar jugando con su inocencia y confianza que simplemente abusarla contra su voluntad.
 
Desabrocho entonces uno a uno sus botones, de forma lenta, descubriendo de a poco mas porciones de su piel, sintiendo como se le hacía agua la boca ante tan deleitante visión.
 
Al descubrir por completo la zona frontal de su torso, deslizo el paño una vez más por su piel, esta vez sin restricción alguna, humedeciendo con especial énfasis la zona de su vientre por ser donde se alojaría el supuesto salvador.
 
- El siguiente paso es... - Hizo a un lado el trapo, y deslizo la punta de su dedo índice por donde, debajo de la tela de su sostén, se asomaba un pequeño bulto que denotaba su pezón. - Estimular tus pezones para que luego sea más fácil para el bebe tomar de su leche. - Se relamió los labios y la miro con picara malicia. - Pero el ritual dice que debes ser tu quien me los enseñe. - Dijo con diversión, que pretendió esconder, mientras la incitaba a que ella misma se quitara el sostén.
 
Shine
 
Se sentía intimidada en cierta forma, pero por alguna razón su voz la calmaba y llenaba de ansias a la vez. El ritmo de su respiración empezó a descontrolarse tras ser lamida en la oreja.
 
Emitió un quejido de sorpresa al momento de ser sentada, pues no se esperaba que el padre la fuese a manipular tan tranquilamente de aquellas formas, por lo cual enrojeció a más no poder, entrando en la posibilidad de negarse a seguir.
 
"NO" se grito a sí misma "debes seguir". Al escuchar nuevamente su voz elevo el rostro para ver sus ojos un instante y asentir al tiempo que esquivaba la mirada, apenada.
 
Tembló ligeramente bajo las manos de él, por el cambio de temperatura que el generaba con el agua, sintiendo una oleada de escalofríos que acompasaron su ahora audible respiración.
 
- ¿M...mis pezones? -susurro tras gemir inconscientemente para él, mirándole con la respiración latente entre sus palabras- D...de acuerdo -susurro ella sonrojada bajando el rostro.
 
Dudo un segundo mientras poco a poco se retiraba la camisa del instituto, quedando con el sostén blanco de encaje, que había sido oscurecido con el agua de la purificación; permitiéndose apreciar un leve tono oscuro en torno a los bultos.
 
Se recogió el cabello con las manos, colocándolo a uno de sus lados para retirar una de las tiras y proceder a lo mismo para el otro lado; antes de retirar por completo las mismas de sus brazos, llevo sus manos hacia su broche en la espalda y lo libero. Elevo la mirada un segundo, verificando para su aun mas grande sonrojo, que él la miraba; y termino por quitárselo suavemente por los brazos, dejando a la vista sus  pechos.
 
Barghest
 
No pudo evitar sorprenderse al momento en que ella aceptara su petición de desvestirse y enseñarle por su cuenta sus pechos. En verdad eran absurdas las cosas que la fe en la religión podía lograr en algunas personas. Nadie en su sano juicio creería ninguno de los disparates que él estaba inventando.
 
Permaneció cerca, casi al acecho mientras la observaba quitarse la camisa con la lujuria brillándole en los ojos, y su respiración se volvió más pesada al divisar a través de su humedeció sostén la silueta de sus pezones.
 
Al momento en que sus apenados ojos se posaron en los propios luego de quitarse toda prenda, soltó todo su aire en un jadeo, que procuro no sonara demasiado desesperado. Dio el paso que lo separaba de su cuerpo, y estiro suavemente sus manos, acercándolas lentamente a sus pechos, sintiendo como se le hacía agua la boca de la ansiedad.
 
Un suave quejido se escapo de sus labios al sentir la suavidad de sus pechos entre sus manos, apretándolos con cuidado, permitiéndose sentir como su blanda superficie se amoldaba a sus dedos, sin despegar su mirada extasiada de ellos. - Dios tenía grandes planes para ti desde un principio - Susurro, antes de elevar su mirada hacia ella. - Por eso te dotó de un cuerpo tan apto para dar a luz al nuevo salvador. -
 
Termino de decir, antes de pasar su mano por la espalda ajena y reclinar el cuerpo de ella hacia atrás, lanzándose a capturar su pezón derecho entre sus labios, lamiéndolo con desespero, llenándolo en seguida de su saliva mientras comenzaba a succionar del mismo con ganas desmedidas, perdiendo poco a poco el control, apegándose a su cuerpo aun mas, ubicándose entre sus piernas, rozando su erección contra su entrepierna.
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